Desde la municipalidad se reivindica los ponchos rojos y legitima su existencia. La presencia del presidente Evo Morales en Achacachi y el apoyo ofrecido como guardia de honor en los actos del MAS genera sin embargo controversia en el Pueblo. Hay quienes, como Felipe Quispe, uno de los primeros organizadores de los Ponchos Rojos, que hablan de tergiversación y uso de la mística que generan.
El poncho rojo es una prenda sagrada, pero también el nombre que reciben las milicias Aymaras que habitan el altiplano de Bolivia. Portadores de misterios y tradiciones milenarias, los reservistas indígenas se organizan en comunidades tradicionales (Ayllu) y tienen su centro en Achacachi, un pueblo emplazado a orillas del lago Titi Caca, a 93 kilómetros de La Paz y a 3800 metros sobre el nivel del mar. Los milicianos que se enrolan en los Ponchos Rojos reciben entrenamiento tanto en técnicas militares modernas como tradicionales. En ese entrenamiento deben pasar pruebas como atravesar un campo lleno de humo conteniendo la respiración por varios minutos, atrapar a un zorro o subir al trote hasta la cima de una montaña. Sus armas predilectas son viejos fusiles Mauser de la guerra del Chaco, látigos de cuero y hondas, pero también pueden utilizar pócimas secretas para dormir a sus oponentes. La tradición –y el miedo- dice que los Achacacheños en guerra son capaces de beber la sangre de sus contrincantes. Durante el 2003 cobraron protagonismo en la caída del presidente Sanchez de Losada. En los enfrentamientos, gritar "achacacheño" era una forma de amedrentar a los soldados del ejército. En Enero del 2006 volvieron a aparecer en público, esta vez para desfilar durante la ceremonia que invistió a Evo Morales como presidente. Los Ponchos Rojos, como no podía ser de otra forma, estaban a cargo de su seguridad.
Fotos: Nicolas Pousthomis para SUB, cooperativa de fotógrafos
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