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Terraqueo | 05/02/2010 | 00:01 hs

Alejandra Pizarnik en su generación

Vigencia actual de su obra

Tags: mi lugar, cultura, poesía, pizarnik
8 votos
       3 comentarios

Alejandra Pizarnik (1936-1972)

 


Hemos visto la dificultad de ubicar a Alejandra Pizarnik dentro de una escuela literaria o un grupo determinado. Su poesía, de matiz sumamente individual y hermético rechaza todo encasillamiento. Sabemos que por edad y ciertas similitudes tangenciales debemos colocarla dentro de la generación de los años sesenta. Sin embargo, desde la perspectiva de hoy, y también desde este análisis que hemos emprendido, Pizarnik surge como una verdadera precursora de la poesía actual. Los nuevos poetas, aquellos que se acercan a los cuarenta años, ven en Pizarnik “a la viajera alucinada” que marcó nuevos rumbos, y que revela en su poesía características que la unen a la generación de los años ochenta. Si bien estas dos generaciones concuerdan en la gran efervescencia poética, en las numerosas revistas, en su surgimiento luego de épocas de opresión intelectual, las disidencias respecto del enfoque en ambos grupos son amplias. Pizarnik se adelantó a su época de diversas formas: esto es lo que lleva a esta generación a sentirse tan cerca de ella y también a practicar una lectura que puede explorar sus temas más genuinos. Veremos primero su ubicación dentro de la enorme producción literaria de los años sesenta, y luego los rasgos principales que la ubican dentro de la producción actual.

Un buen estudio del concepto de generación, válido para adaptarlo a nuestra tentativa, es el de Emir Rodríguez Monegal, en su libro José E. Rodó en el novecientos, donde el autor rastrea el concepto de generación a través de varios críticos claves, como Julius Petersen, E. Ermatinger, José Ortega y Gasset, y Julián Marías. Para Monegal como para Ortega, la más plena realidad histórica es llevada por hombres que están en dos etapas distintas de la vida, cada una de 15 años: de 30 a 45 etapa de creación o gestación polémica. De 45 a 60, etapa de predominio y mando. Siempre hay dos generaciones actuando al mismo tiempo, con plenitud de actuación, sobre los mismos temas, y en torno a las mismas cosas, pero con distinto índice de edad, y por ello, con distinto sentido.1

Esta misma idea de ciclos que comprenden quince años es retomada por Julián Marías en El método histórico de las generaciones2 donde también cita a Ortega:

El sistema de vigencias en que la forma de la vida humana consiste, dura un período que casi coincide con los quince años. Una generación es una zona de quince años, durante la cual una cierta forma de vida fue vigente [...] La afinidad entre los miembros de una generación no procede tanto de ellos como de verse obligados a vivir en un mundo que tiene una forma determinada y única.

De allí también, que exista una coincidencia de predilecciones y rechazos de orden estético y temático con ciertos escritores —u obras— que atestiguan la existencia de elementos en común. Justamente, hacia el año 60, surgen en Buenos Aires una serie de jóvenes poetas que confirman los presupuestos generacionales citados hasta aquí y veremos que ya se ha definido al grupo que integraba Alejandra Pizarnik como una generación. Ciertos críticos argentinos han reducido el ciclo de 15 años a l0. Es el caso de Arturo Cambours Ocampo3 y Antonio Requeni.4 Más tarde, otros escritores se unieron a esta opinión, entre otros César Fernández Moreno y Francisco Tomat-Guido. Por fin, el poeta Horacio Salas publica el libro Generación poética del 605 donde recoge documentos de la época adelantados en diversas revistas, para apoyar su punto de vista. En su estudio preliminar habla con detalles del clima de aquellos años, de quiénes eran las fraternidades, los mitos del momento locales e importados, las promesas de grandes escritores. Hoy, estos nombres se confirman, algunos consagrados en la literatura argentina o mundial:

Estábamos descubriendo a J. P. Sartre, a Albert Camus, a los poetas españoles de la posguerra: Celaya, Otero, Hierro, a Paul Éluard, a Roberto Arlt, a Raúl González Tuñon, a Jorge Luis Borges, y casi, casi, recitábamos de memoria a Ernesto Sábato [...] la mayoría de nosotros andaba alrededor de los veinte años, algunos teníamos una sólida formación en ciertos clásicos políticos y desconfiábamos de la cultura oficial, los suplementos dominicales y la capilla de la revista SUR, a la que juzgábamos ajena a los problemas nacionales, aunque no nos preocupábamos demasiado por criticarla. Pensábamos que solo se podía escribir con la prosa de Borges y nos aprendíamos de memoria cada uno de sus textos.6

Es importante destacar que, a fines del año 55, comienza en Buenos Aires una verdadera renovación, lenta al principio, pero que se desarrolla cada vez con más envergadura. Es un auténtico renacer a nivel político y cultural. Influye, en este clima de compromiso, el triunfo de la revolución cubana de Fidel Castro en 1959, y su visita a la Argentina, a fines de ese mismo año. Es una visita triunfal y que conmociona el ámbito universitario. Es un momento en que la Universidad está dirigida por Risieri Frondizi y su grupo, todos intelectuales de izquierda y que vuelven a Buenos Aires luego de la revolución de 1955 trayendo la experiencia y el equipaje intelectual que les había dado los años pasados en Estados Unidos, enseñando en diferentes universidades. Llegan a crear un nuevo clima intelectual. Los estudiantes ven terminar una época, y se lanzan con pasión renovada a asimilar las ideas que los expresen. Se agrupan en torno al grupo de Risieri Frondizi, Gino Germani y José Luis Romero, y abrazan el código del escritor políticamente comprometido.

También es 1960 un año clave, porque entonces aparecen varias nuevas revistas literarias, que nuclean a los escritores jóvenes. Expresan ideas nuevas, y muchas son revistas eminentemente polémicas, que se oponen a las ideas sustentadas por los escritores más conocidos de generaciones anteriores. Inician disputas, y sus manifiestos muestran las diferencias de orientación estética y política con la generación anterior. Abelardo Castillo resume bien la época y sus revistas en el Prefacio al primer número de El Ornitorrinco7 y dice:

Hacia 1960, o, para ser rigurosamente inexactos más o menos a partir de la caída del primer peronismo, se produjo en el país un fenómeno cultural que dio origen a casi todo lo que se llamó ‘La nueva literatura argentina’. Fueron los años del surgimiento de la generación anterior a la mía: David Viñas, Dalmiro Sáenz, Marco Denevi, Beatriz Guido, Bernardo Verbitsky, lanzados por los entonces prestigiosos concursos de Kraft, Losada, Emecé —generación opuesta a ‘la intelligentsia’ tradicional. Pero el verdadero origen del movimiento cultural fue la múltiple aparición de las revistas literarias. Poetas, narradores, ensayistas y críticos cuyas edades oscilan hoy entre los 30 y los 50 años, se formaron en publicaciones como Contorno, Polémica, Poesía Buenos Aires, Gaceta Literaria, El Grillo de Papel, Eco Contemporáneo, Ensayo Cultural, Barrilete, alguna otra ilustre que deliberadamente olvido, y muchas más (Taya, Setecientos Monos, El Lagrimal Trifurca) diseminadas por todo el país.

Alejandra Pizarnik también se inició colaborando en casi todas estas revistas. Por ejemplo, Miguel Grinberg y su grupo, que integraron, entre otros, Gregorio Kohon, Alejandro Vignati y Juan Carlos Kreimer, nucleados todos alrededor de la revista Eco Contemporáneo, admiraban la nueva literatura norteamericana, eran seguidores de la “beat generation”, fanáticos de Henry Miller, Allen Ginsberg, Lawrence Ferlinghetti, y del entonces casi desconocido Witold Gombrowicz, que vivía en Buenos Aires, y era autor de una novela excepcional, Ferdidurke, cuya traducción al español yacía olvidada en los depósitos de librerías. Fueron jóvenes iracundos, que se llamaron a sí mismos generación de los “mufados”. En esencia, definían la Mufa como “la conciencia de estar vegetando, y malogrando capacidad y energía creadora. Imposibilidad de salir de ese estado de desperdicio. Son iracundos contra un mundo consumado que les ha escamoteado lo mejor. Parecen viejos que están de vuelta de todo, y son jóvenes que no quieren caer en la trampa de un mal sutil que mañana le susurra las coartadas pertinentes que aseguran su unívoca complacencia”.8

En una línea también de iracundia, expresó su inconformismo Eduardo Romano, en el primer número de Agua Viva donde dice: “Apuntaremos nuestros enormes cañones en el meollo mismo de esta civilización cristiano-occidental, que volará con su acostumbrado olor a carne podrida” y luego agrega “Nada, he ahí la palabra, la experiencia reveladora de nuestro existir que hará abortar de pronto a nuestras acicaladas burguesas de Florida y Santa Fé y orinar interrumpidamente a nuestros ministros plenipotenciarios, con lo cual habremos roto relaciones con todo excepto con nosotros mismos”.9 En el No. 2 de Agua Viva se asegura con énfasis: “Asolaremos las razas inferiores, es decir todas —o sea que arriaremos la palabra humana como a una categoría desierta, refugio de los hipócritas cotidianos. Cambiaremos esta faz nauseabunda del mundo y seremos los héroes que no han creado nada, pero que todo lo han destruido”.10

No nos sorprende que Eco Contemporáneo y Agua Viva se acercaran para realizar tareas en común. Este tipo de manifiesto, si bien honesto, bien intencionado, asombra. En el año 60, la idea de arrasar con todo y contra todo, era bien conocida. La actitud que postulan estos jóvenes demoledores ya había sido asumida, desde comienzos del siglo, por los grupos de vanguardia y eran conocidos en Argentina los manifestos del futurismo y del dadaísmo, tanto como los de André Breton, que ya contenían estas ideas. Además de estos vínculos implícitos, se conectan con la tradición de los marginados y los malditos. La vieja familia de insurrectos y subversivos formada por Baudelaire, Poe, Lautréamont, Rimbaud, Breton, Dalí, Éluard, Artaud, reverdece en estos jóvenes. En los dos números que publicó la revista aparecen poesías de Alejandra Pizarnik, junto a textos de Ramiro de Casasbellas, Luisa Pasamanik, Susana Thénon y Juan Carlos Martelli.

 

[ Del libro: "Alejandra Pizarnik: Evolución de un Lenguage Poético", de Susana H. Haydee ]

 

 



Alejandra Pizarnik en su generación fue publicada por Terraqueo el 05/02/2010 a las 00.01 en Letras. Ha sido marcada con los tags mi lugar, cultura, poesía, pizarnik y recibido 3 comentarios.

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1 - katona el 05/02/2010

(Algunos te saben, Alejandra...)


En un ejemplar de "Les chants de Maldoror"
por Alejandra Pizarnik

Debajo de mi vestido ardía un campo con flores alegres
como los niños de la medianoche.
El soplo de la luz en mis huesos cuando escribo la palabra
tierra. Palabra o presencia seguida por animales perfumados;
triste como sí misma, hermosa como el suicidio; y que me
sobrevuela como una dinastía de soles.

De "El infierno musical" 1971

2 - terraqueo el 20/02/2010

Hubo en los '60 un vértigo asombroso de poesía generacional. Hoy no ha menguado, pero los muros refractarios son cada día más altos. Aunque sus cimientos lucen cada vez más endebles.

3 - serenata el 21/02/2010

Otro poema de Alejandra:

CANTORA NOCTURNA

Joe, macht die Musik von damals nacht...

La que murió de su vestido azul está cantando.
Canta imbuida de muerte al sol de su ebriedad.

Adentro de su canción hay un vestido azul, hay
un caballo blanco, hay un corazón verde tatuado
con los ecos de los latidos de su corazón
muerto.

Expuesta a todas las perdiciones, ella
canta junto a una niña extraviada que es ella:
su amuleto de la buena suerte. Y a pesar de la
niebla verde en los labios y del frío gris en los
ojos, su voz corroe la distancia que se abre entre
la sed y la mano que busca el vaso.

Ella canta.

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