Por Cynthia Palacios
Una veintena de miembros de la Fundación El Arte de Vivir se reunieron ayer para dar un poco de aire fresco y limpiar el parque Centenario, un castigado espacio verde porteño.
Con el lema "Limpia tu mente, limpia las calles de Caballito", se propusieron mejorar un poco el parque. Bolsa en mano, hombres y mujeres de todas las edades recorrieron el tradicional parque y recogieron papeles y desperdicios, que no eran pocos, por cierto.
La fundación lleva adelante proyectos de servicio, programas de eliminación del estrés, yoga y meditación. Está presente en casi 150 países.
"Queremos dar el ejemplo de que somos responsables de la ciudad donde vivimos", dijo ayer a LA NACION la arquitecta María José de la Torre, en la esquina de avenida Díaz Vélez y Leopoldo Marechal.
Hace dos años, María José vio un cartel en la calle que anunciaba la visita de Sri Sri Ravi Shankar, el líder de la fundación, y se acercó a ver de qué se trataba. Se sintió tan bien que no abandonó el grupo: "Respirando uno se siente mejor, mucho mejor. Y si estas técnicas hacen que cambien los hombres, va a cambiar el mundo", explicó la mujer.
No es la primera vez que se reúnen para combatir la suciedad de las plazas. En noviembre pasado limpiaron Palermo y en enero, Retiro.
Leo Rosso trabaja en el área de recursos humanos y ayer "contagió" a Nivia y a Pedro, sus padres. Ella, de 77, él, de 81, caminaban ayer por el parque en busca de basura. Leo se las ingenió para que no se agacharan tanto: puso un clavo en la punta de un palo. Así después no lamentaban las consecuencias.
Gustavo Yurguel coordinó la propuesta de ayer. "Salimos a limpiar el parque para contagiar a la gente sobre la importancia de cuidar los espacios verdes. Queremos que tomen conciencia del estrés que se manifiesta en la suciedad, el ruido y la contaminación", dijo antes de empezar.
Reírse y limpiar
Un taller de la risa fue el puntapié de la actividad. Las carcajadas de los voluntarios de El Arte de Vivir llamaban la atención de los que paseaban por el parque. Menos atención le prestaron un grupo de hombres que dormían a la sombra, recuperándose de una evidente borrachera.
María Ceballos terminó uno de los cursos de la fundación la semana pasada. Apenas se enteró de la invitación a limpiar el parque se sumó. "Me parece piola para enseñar y transmitir algo positivo a los que pasan caminando o vinieron a pasear", explicó.
Mariana Madueño es abogada y aseguró que la propuesta de la fundación le gustó tanto que llevó a todos los que la rodean a cambiar su estilo de vida. "Traje a mis hijos, a mi pareja, a mi madre y a mis hermanos, a mis amigos. Esto es buenísimo", afirmó.
"Eliminamos las causas de la contaminación y la violencia, la basura de nuestros espacios y el estrés de la mente y la contaminación física y mental", dijo Yurguel antes de poner manos a la obra: en unos minutos había llenado la primera de sus bolsas con desperdicios.
Como sus cursos de respiración buscan eliminar el estrés y tensiones y son consideradas una eficaz herramienta contra las adicciones, el insomnio y la depresión, la fundación imparte sus enseñanzas en cárceles, hospitales y otros lugares donde no abunda la paz.
"El objetivo es que cada persona descubra las reservas de paz y alegría que tiene en su interior y pueda esparcirlas en la sociedad a través del servicio comunitario", señaló Ramiro Alvarez, otro de los voluntarios. "El que da es el que más recibe", añadió De la Torre. Y llevar un poco de orden al descuidado parque Centenario fue un buen ejercicio.
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