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Igooh | Política y economía
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Paolam | 03/09/2008 | 08:28 hs

CARTA DEL GRAL. PERÓN AL GRAL. ARAMBURU

Fueron los sectores medios, quienes se incorporaron y adoptaron tesis y organización de guerrillas, con la idea de ser una vanguardia y tomar el poder con las armas.

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       11 comentarios

¿Cómo era la relación de fuerzas en 1955?

Eran favorables al gobierno constitucional, pero Perón se niega a utilizar la violencia para sostener su gobierno. El Gral. Franklin Lucero le dice: “si yo fuera Perón diría que hay que pelear”. Y Perón le contesta: “pero yo no soy Lucero, soy Perón”.

O sea que Perón elige el tiempo y no la sangre, como fórmula para recuperar el gobierno; a pesar que sus adversarios nunca dudaron en verterla.

Hay una famosa carta, olvidada, del Gral. Perón al Gral. Aramburu; estando Perón exiliado en Panamá, de marzo de 1956; en respuesta a un reportaje del Gral. Aramburu, en una revista de farándula de la época, en este reportaje Aramburu dice que: Perón no tiene agallas, que le falta valentía para volver al país.

Entonces Perón, le escribe esta carta a Aramburu, que dice más o menos lo siguiente:

“He leído en un reportaje, que usted, se ha permitido decir que soy un cobarde, porque ordené la suspensión de la lucha en las que tenía todas las probabilidades de vencer. Usted, no podrá comprender jamás, cuanto carácter y cuanto valor, hay que tener para producir gestos semejantes; para no hacer matar a los demás en defensa de la propia persona y de las propias ambiciones, es esto una acción distinguida de valor. Para mí, el valor no consiste ni consistirá nunca en hacer matar a los otros, esa idea solo puede pertenecer a los egoístas y a los ignorantes como usted. Tampoco, el valor está en hacer asesinar obreros inocentes e indefensos, como lo han hecho ustedes en Buenos Aires, Rosario, Avellaneda, Beriso y demás. Esa clase de valor pertenece a los asesinos, y a los bandidos cuando cuentan con la impunidad y escondiendo su propio miedo. Si tiene dudas sobre mi valor personal, que no consiste en hacer que se maten los demás, el país tiene muchas fronteras, lo esperaré en cualquiera de ellas, para que me demuestre que Ud. es más valiente que yo. Lleve sus armas, porque el valor al que me refiero, solo se demuestra frente a otro hombre y no, utilizando las armas de la patria para hacer asesinar a sus hermanos. Y sepa para siempre, que el valor se demuestra personalmente y que por ser una virtud no puede delegarse. Hágalo solo, así podrá probar que no es la gallina que yo siempre conocí. Si Ud. no lo hace y el pueblo no lo cuelga, como merece por salvaje, por bruto y por ignorante, algún día nos encontraremos. Allí, lo haré tragar su lenguaje de irresponsable. Juan Perón

Este esfuerzo de Perón por evitar la violencia, que en ese escenario hubiera sido de guerra civil, no es entendido y luego algunos se enamoran de la violencia y comienzan a constituir una vanguardia militar insurreccional, tema que vamos a analizar más adelante. Pero hoy, podemos afirmar que fueron los sectores medios, quienes se incorporaron y adoptaron tesis y organización de guerrillas, con la idea de ser una vanguardia y tomar el poder con las armas.Olvidando, que la guerrilla, nunca le ganó al ejército profesional (aunque sí a guardias pretorianas) y sin entender que Perón quería derrotar al partido militar y no a las fuerzas armadas.

Como bibliografía les recomiendo la lectura del libro “Operación masacre” de Rodolfo Walsh, “Mártires y Verdugos” de Salvador Ferla, también el aporte de Enrique Oliva (Francois Le Pont), Roberto Baschetti y Liliana Garulli, entre nuestros historiadores.

Luis Galcerán.

Fuente:http://www.capacitacionpj.com.ar/Textos/Capitulo_3.htm 



CARTA DEL GRAL. PERÓN AL GRAL. ARAMBURU fue publicada por Paolam el 03/09/2008 a las 08.28 en Política y economía. Y ha recibido 11 comentarios.

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1 - BOCON el 09/09/2008

Paolam: Esa Carta está tergiversada y es un invento;

1. Aramburu MURIÓ como un valiente. Admitido por sus propios captores asesinos. Cuando lo iban a matar, con total serenidad y GRANDEZA, dijo: ¡Proceda! y lo asesinaron. O sea de gallina, NADA.

2. Es cierto, ante la superioridad del Ejército, una parte de las fuerzas armadas y grupos de civiles estaban listos para actuar compensando la superioridad del Ejercito. Perón sabía qUe cada Iglesia era un centro en contra y que el Ejército no iba a tomar Iglesias por la tremenda repercusión internacional que iba a tener en el mundo.

3. Perón, SABÍA , porque era Militar, que las primeras escaramuzas le iban a ser favoralbes pero que a la larga PERDÍA. Y además, SABÍA QUE IBA A SER FUSILADO. O sea

¡T U V O ...F L O R D E C A G A Z O!!!!!

4. Nada que ver "el noble espíritu que se le hace tener a Perón "
con la agresividad de su arenga y MENOS cuando avalaba el accionar de la guerrilla peronista FAP Y MONTONEROS desde su cómodo exilio en Puerta de Hierro, MUY BIEN CUIDADO por ¿QUIÉN?...SÍ ...ACERTÓ ...SU SOCIO FASCISTA EL GENERALÍSIMO F R A N C O.

5. Perón, entre sus iguales JAMÁS aceptó un lance caballeresco, cosa normal entre sus contemporáneos, y con sus sonrisitas de buen tipo y una palmadita al hombro siempre zafó de esos momentos por eso ...él...SÍ...PERÓN...tenía fama de GALLINA, debió haber sido de Ríver y no de RACING, lamentablemente. Por eso no tenía ascendiente entre sus camaradas.

6. Si fuese CIERTO lo afirmado en esa apócrifa y distorsionada supuesta carta ¿NO LES LLAMA LA ATENCIÓN QUE PERÓN, SABIENDO QUE LA CIA HABÍA ARREGLADO CON ÉL SU REGRESO PARA CONTRARRESTAR EL ACCIONAR MARXISTA, SE HUBIESE PRIVADO DE "DEMOSTRAR SU GRANDEZA" ANTE EL PROPIO ARAMBURU? ...TOTAL INCOHERENCIA.

EL PERONISMO VOLVIÓ A LA ARGENTINA PORQUE A EE.UU LE CONVENÍA PARA CONTRARRESTAR DURANTE LA GUERRA FRÍA EL DEBILITAMIENTO DE SU FLANCO SUR ANTE EL DESAFÍO DE LA URSS.

EL DERRUMBE DEL PERONISMO EN 1975, POR PROPIA INEPTITUD, EN ESA ESTRATEGIA MUNDIAL, JUSTIFICÓ EL APOYO A DICTADURAS MILITARES, CONSIDERADAS POR EL PENTÁGONO "EL MAL MENOR" YA QUE LA PRIORIDAD ERA COMBATIR EL MARXISMO Y SU SISTEMA DE AGRESIÓN ARMADA MIMETIZADA EN LAS POBLACIONES.


LA CAÍDA DE LOS REGÍMENES MILITARES, NO FUE EL RESULTADO DE NINGUINA LUCHA "NACIONAL Y POPULAR", ESO ES TODO VERSO PARA LA MASA NO INFORMADA, Y LOS IGNORANTES IDIOTAS ÚTILES, BIEN INTENCIONADOS PERO FUNCIONALES A ESTE TIPO DE OPERACIONES, LAS RAZONES FUERON:

A. INDICIOS DE LA INSTALACIÓN DE UN NUEVO FASCISMO DE TIPO CATÓLICO-MILITAR ANTINORTEAMERICANO.

B. NECESIDAD DE DESPRENDERSE, POR PARTE DE LOS EE.UU, DEL LASTRE QUE SIGNIFICABA APARECER EN TOTAL IDENTIDAD CON LOS DICTADORES MILITARES LATINOAMERICANOS, DEBIDO A LA DESPROLIJIDAD CON QUE ACOMETIERON LA REPRESIÓN AL MARXISMO ARMADO.

...PARA LO CUAL...LES QUITÓ APOYO Y DESDE LA GESTIÓN DEMÓCRATA DEL PRESIDENTE JIMY C A R T E R Y CON INTERVENCIÓN DIRECTA POR PARTE DE PATRICIA DARIAN, LANZARON EL PLAN DE DEFENSA DE LOS DERECHOS HUMANOS QUE HIZO CAER A TODOS LOS DICTADORCILLOS LATINOS COMO UN DOMINÓ , CADA COSA A SU TIEMPO.

TODO LO DEMÁS...ES CHÁCHARA...PARA CONSUMO LOCAL Y LATINOAMERICANO; PARA QUE SE ESCRIBAN BOLUDECES UNOS 20 AÑOS. ¡QUÉ LUCHA POPULAR NI QUE PERONISMO! EN VOLUMEN ECONÓMICO SOMOS EL CERO COMA Y FRACCIÓN CENTESIMAL DEL PRODUCTO BRUTO MUNDIAL.

SI NOS HUBIESEN QUERIDO SOMETER COMO DICEN LOS "PERONCHÓFILOS" LO HUBIESEN HECHO SIN NINGUNA DIFICULTAD DURANTE O EN LA POSTGUERRA.

¿CÓMO SE EXPLICA QUE JAPÓN QUE FUE DEMOLIDO Y RECIBIÓ DOS BOMBAS ATÓMICAS Y OBLIGADO A TENER UN SISTEMA DE GOBIERNO AL ESTILO OCCIDENTAL, CON LAS BOTAS DE OCCIDENTE Y SISTEMA DE EMPRESAS ESTILO YANQUEE EN SU PROPIO TERRITORIO ES UNA POTENCIA MUNDIAL , SOCIO Y ALIADO ESTRATÉGICO DE EE.UU?

¿CÓMO SE EXPLICA LO DE ALEMANIA? SALVO LA BOMBA ATÓMICA, EN IGUAL CONDICIÓN QUE JAPÓN Y ¡PERDIÓ MILLONES DE LA FLOR Y NATA DE SUS RECURSOS HUMANOS EN LOS CAMPOS DE BATALLA EH! NO PERDIÓ 5 O 10 MIL LAGARTOS TERRORISTAS -INFLADOS A 30 MIL- EN UNAS OPERACIONES MÁS POLICIALES QUE MILITARES.

TANTO JAPÓN COMO ALEMANIA DOMINADOS DE VERDAD, DERROTADOS, ANIQUILADOS, SON SOCIOS Y ALIADOS ESTRATÉGICOS DE SUS VENCEDORES, CON RANGO DE POTENCIAS. ¡¡DE UNA VEZ POR TODAS DEJÉMONOS DE BOLUDECES Y SEAMOS PARTE DEL BANDO GANADOR Y VANGUARDIA DEL DESARROLLO DE LA ESPECIE Y NO NOS QUEDEMOS CON LOS REZONGOS Y LLORIQUEOS "DE QUE NO ME DEJARON, QUE HAY UNA CONSPIRACIÓN EN CONTRA NUESTRA" Y TODA ESA ANDANADA DISCURSIVA VETUSTA QUE INSTALÓ CON TANTA FUERZA EL PERONISMO..."COMBATIENDO AL CAPITAL" DICE LA RIDÍCULA LETRA DE LA MARCHA ¡¡¡BASTA DE BOLUDEO MUCHACHOS!!!cHAU GENTE...

2 - paolam el 10/09/2008

Sí, sí, sí, mi querido Bocon, mi cabo del alma!!!

Ya escribí en otro lugar "EL GENERAL ARAMBURU DUERME" cómo fue ejecutado y que sus palabras fueron: "proceda" y que también pidió que le ataran los cordones. Sí, sí, fueron palabras de una intrepidez increíble... casí de un héroe. De sólo imaginarlo gruesas lágrimas ruedan por mis mejillas. (Ay!!! una me cayó justo arriba del dedo gordo del pie, encarnado!)

A todas tus especulaciones "filosóficas" tendientes a disminuir la extraordinaria, única, inigualable, carismática personalidad de Perón, (algo sumamente extraño en los militares de nuestros lares) respondo con esta corta conclusión...

CHÁVEZ... TAMBIÉN ARREGLÓ CON LA CIA PARA PARAR EL COMUNISMO!!!

BOCON, PORQUÉ NO TE SACAS LAS JINETAS DEL CEREBRO QUE TE HACEN RAZONAR COMO UN MONO...DIGO...COMO UN GORILA CALVO.

QUIEN TE ESCRIBE LOS LIBRETOS? ALFREDITO? O ES QUE TE ALIMENTAS CON MILANESAS DE SOJA Y ESO TE PRODUCE TRASTORNOS PSICOSOMÁTICOS?

JAPÓN COMO ALEMANIA ERAN POTENCIAS ANTES DE LA GUERRA, LUEGO, FUERON RESPETADOS COMO POTENCIA. CON QUIEN VAS A HACER NEGOCIOS Y ALIANZAS? CON UN PAÍS PELIGROSO O CON UNA REPÚBLICA BANANERA QUE NO EXISTE.

FIJATE CÓMO EXISTE FIDEL PARA LOS YANKEES. LO CONOCEN BIEN. Y A CHAVEZ ... TAMBIÉN.

PRONUCIÁLE LA PALABRA "CHE" A CUALQUIER YANKEE Y VAS A VER CÓMO LO CONOCEN...PARA BIEN Y PARA MAL, LO CONOCEN...PERO, LO CONOCEN!!!... HASTA HAY NORTEAMERICANAS HERMOSAS QUE LO ADORAN Y ADMIRAN. Y HAY OTROS QUE LO ODIAN Y DENIGRAN, PERO SU IMÁGEN OCUPA UN LUGAR EN EL MUNDO.
¡Dispará cobarde!! sólo vas a matar a un hombre!!!

3 - lampao el 12/11/2010

LAS VARIADAS MUERTES DEL GENERAL.

Por Ángel Nuñez.


La muerte del general Aramburu a manos de los incipientes Montoneros es uno de esos episodios que podríamos llamar misteriosos. Hay una versión supuestamente ‘oficial’, originada en opiniones montoneras, que refiere su rapto mediante engaño, su traslado a Timote, una especie de ‘juicio revolucionario’ y su fusilamiento con tiros de gracia incluidos.

La muerte-venganza de Aramburu tuvo la mayor significación simbólica, dado el papel que cumplió en el intento de destrucción del peronismo en 1955, y marcó el futuro accionar de Montoneros, donde el magnicidio de dirigentes políticos y sindicales pasó a ser una metodología de acción (ver por ejemplo el libro Operación Traviata. ¿Quién mató a Rucci?, de Ceferino Reato).

También la literatura y el cine han discurrido acerca del hecho, sobre el supuesto diálogo del ‘juicio revolucionario’ a que se lo sometió, y alrededor del contexto del secuestro, la discusión y la muerte. El acontecimiento tiene una riqueza y connotaciones históricopolíticas de la mayor trascendencia, y de allí que sea tentador para quienes indagan o fantasean acerca de nuestra historia. Aramburu pasa así a tener variadas muertes.

Pero hay otro punto de vista que revolea la supuesta ‘versión oficial’. Nada menos que un historiador de la precisión y amplio conocimiento de dicho período, como Fermín Chávez, la consigna en la continuación de la Historia Argentina de José María Rosa, en el tomo 16, capítulo VIII.

Sintéticamente narrada, dice que estando en declinación la figura y el gobierno de Juan Carlos Onganía, se tramaba un golpe para sustituirlo, en el que estaban complotados el general Lanusse, el general Aramburu como futura cabeza, y el Dr. Frondizi como partícipe civil. Dice Chávez que en una reunión del 16 de mayo de 1970, –que Frondizi le confirmó personalmente–, “Aramburu expuso su proyecto político, que preveía la próxima toma del poder manu militari y un gobierno con salida civil, en la que se incluían a Perón y al peronismo”.

Ante este peligro, la Inteligencia Militar del gobierno, buscando confirmar el rumor que había corrido, y tal vez amedrentar a Aramburu, acciona un grupo de jóvenes que le era próximo –Firmenich, Arrostito, Abal Medina, Ramus, entre otros–, para que lo secuestren y se lo entreguen para interrogarlo. Continúa Chávez: “Un comando lo interrogó sobre la conspiración y, como el ex presidente se descompuso, lo llevaron al Hospital Militar para reanimarlo; pero sin éxito”.

Aramburu habría sido sacado muerto del hospital y entregado a Orué (agente de los Servicios), quien, a las 10.30 del 31 de mayo (de 1970), lo habría entregado a Firmenich. Casualidad colindante: “el comisario Sandoval, quien había visto con vida a Aramburu en el hospital Militar, terminó asesinado en una estación de servicio de Triunvirato y Olazábal”.

La versión ‘oficial’ de los Montoneros no es directa, sino producto de reportajes que varios periodistas le hicieron a Arrostito y a Firmenich, publicados más de cuatro años después del hecho (revista La causa peronista, Nº 9, 03/09/74). La gran confusión de esos reportajes es contar que Aramburu, estando amordazado, habría valientemente dicho “proceda” cuando se le anuncia el fusilamiento. Dice Chávez: “Aquí es visible una contradicción, porque Aramburu tenía un pañuelo en la boca”.

Como existe la segunda versión pretendidamente histórica, mencionada, de ser cierta, los primeros novelistas aramburianos serían, insólitamente, Firmenich y Arrostito, que fantasearon una muerte que no les correspondía. Relato con el que pretendían perjudicar a la presidenta, que –suponían— habría de censurar tal acción, negando un episodio reivindicado como nítidamente peronista. Días después de la publicación del artículo, analiza Chávez, “la formación Montoneros pasó a la clandestinidad y a combatir al gobierno de Isabel Perón, junto con otras organizaciones guerrilleras”. Esto explicaría todo.


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Las dos muertes en un país que no es uno solo.

En fenómenos que son imposible de planificar, mucho más en Argentina, de pronto, en un panorama dinámico y crispado, como ha puesto de moda la tevé, la muerte, asesinato o ajusticiamiento de Pedro Eugenio Aramburu acaba de ser exhumado casi al unísono bajo los formatos literatura y cine.

Por anchas o por mangas, los dos tienden a sacralizar la dada como oficial en su momento por el dúo Firmenich-Arrostito. Debido a las tropelías y asesinatos en masa de todo calibre, más las torturas más refinadas y exquisitas de lo inhumano que tuvieron a cabo llevar los Industriales de la Muerte con uniforme oficial, ha quedado en un total segundo plano, amnistiado, el hecho que el operativo pudiera ser llevado a cabo por ocho (8) jóvenes ultracatólicos, más que derechosos, con inclinaciones que no se puede calificar de fascistas porque les resulta irritativo, pero sí de un anticomunismo visceral, sin apoyo y novicios como para ser incapaces de asaltar un maxiquiosco atendido por un ciego.

En un país donde la mayoría de los intelectuales, contrario sensu que resulta por lo general muy difícil ser intelectual y ser oficialista de cualquier signo, la gran mayoría ni siquiera alcanza el rango de contestario y forman parte del stablishment por el lado de la quejita y la buena vida, la insostenible quimera de la consigna Perón, Evita, la Patria Socialista, por la cual fueron desaparecidos alrededor de 22 mil jóvenes oficialmente, más los 9,6 mil que reconoció Viola en un informe desde el Comando en Jefe del Ejército bajo el rubro caídos en combate, lo que hizo decir a una de las varias asquerosidades idolatrizadas que luce el país lo de treinta lucas de muertos, ahora va a proceder a otro muy seguro ajusticiamiento sumario de Aramburu sacarilizando otra vez por las dudas, no sea cosa que resucite, la versión oficial del Comandante Pepe, cuasi milagrosamente el único sobreviviente del octeto original, y La Gaby.

En su momento tanto el capitán Aldo Molinari, de la Armada, gorilón confeso y a la luz del día, como su escudero, el nunca bien ponderado Capitán Gandhi, clamaron a los cielos que la muerte de su amigo jamás había estado en manos de peronistas y no tuvieron reparos en señalar con el dedo a la parte del generalato en el poder que encabezaban Onganía e Imaz.

En 1972, en una ocasional y regada reunión en el departamento del periodista Carlos Ossa, en la Alameda Bernardo O'Higgins, justo frente al Cerro Santa Lucía, donde estaba también el poeta chileno Enrique Lihn, otro trasandino más y cuatro argentinos, todos vivos, uno de ellos exiliado por monto, la hermana desaparecida y asesinada por el mismo motivo, muy cercana a la Arrostito, el pisco con Coca Cola hizo que en un momento no premeditado se dejara escuchar una versión curiosamente más similar a la Molinari-Gandhi que a la que poco después pretendieran inmortalizar los popes oficiales de La Orga.

Siempre todas las dudas giraron en torno a cómo se había podido sacar a un general de la república, para colmo ex presidente provisional, igual que si llevaran a una criatura al prescolar, previo paso por el quiosco a comprar galletitas Manón. Ni hablar del presunto fusilamiento 48 horas después. Queda todavía como un exceso que el descubrimiento de toda la trama sucediera a los pocos días del golpe dado por el liberal Lanusse y que implantó en la Casa Rosada al desconocido Levingstone. El River-Boca de los Bichos Verdes, entre liberales y nacionalistas, no quedaba al descubierto porque nunca estuvo oculto.

Más entretelones, algunos indigestos, fueron puestos a flote por Juan Carlos Alonso en ¿Quién mató a Aramburu? (Sudamericana, 2005). La soledad sobreviviente del Comandante Pepe se agiganta. Porque también fueron dados turbiamente de baja el peón rural que cayó por Timote a las 3 de la tarde de aquel 29 de mayo a cobrarle a Ramus, el dueño, unas monedas que le debía de un trabajo, y el capataz de la estancia, hombre un tanto afecto al alcohol y otras debilididades típìcas, que también esa tarde fue conversado por el patroncito en un boliche del pueblo para que ni apareciera por el campo.

El peón declaró bajó juramente que a pesar de estarse en un fines de mayo medio frión, a cielo abierto y pampa rasa, Firmenich lucía con el torso desnudo, traspirado, manchado de tierra, con toda la sensación de haber estado cavando un pozo. ¿A tan pocas horas y ya la pena sumaria había sido llevada a cabo? A pesar de lo poco que tuvieron la prudencia de mostrar, en el dichoso sótano no había lugar ni para una cabina telefónica y a casi un mes del dichoso fusilamiento otro comunicado oficial de los secuestradores, para nada curiosamente no divulgado como se debe, aceptaban que dadas las condiciones y etcétera, lo que se dice fusilamiento, fusilamiento, con todo el ritual castrense, no había sido. Así y todo, impetérritos, el Pepe y la Gaby, dos años después, se despacharon con la versión hasta hoy reinante y que amenaza fosilizarse como verdad histórica.

Tampoco quedaron dudas que Ramus compró esa misma tarde las bolsas de cal y las cargó en la camioneta. Alonso introduce la versión de la llegada de un helicóptero trayendo en su habitáculo a un Aramburu ya muerto y a la Arrostito. Habría otros testimonios que corroboran la tan difícil presencia de semejante artefacto. Por su parte, el hidróxido de calcio tiene la cualidad de deshidratar los tejidos vivos.

Dicho en buen romance y tratando de ser lo menos asqueroso posible, el elemento ideal para desfigurar la antigüedad y el calibre de las armas (¿una? ¿dos?) que se usaron para quitarle la vida a quien le pusiera la luz verde al tour trasatlántico del cadáver embalsamado de Eva Perón. El cuerpo que fue hallado unos 40 días después, estaba semitenterrado, como vestido a las apuradas y los famosos cordones de los zapatos desatados.

Las aguas se dividen sin ningún nuevo Moisés que las pase caminando para arriba en la causa de muerte: si las balas de Abal Medina o una crisis cardíaca que impensadamente habría acelerado todo. Si el patatús sobrevino arriba del famoso Peugeot blanco, en el casco de Timote o arriba de una camilla del Hospital Militar Central.

Si los encargados de balear un ya cadáver fueron los lonardistas conjurados en una logia o Abal Medina & Co. porque una autopsia que nunca se dio a conocer, en el borroneo operado por lo abrasivo de la cal, no permite justamente precisar la distancia de los impactos pero hace sospechar el uso de dos armas de guerra y de puño, pero distinto calibre.

Estas consideraciones tecnocráticas, que ya han merecido una novelización y el rodaje de una película están bastante lejos de ser meramente tal cosa. Hacen al fondo no sólo del adosamiento al peronismo de los jóvenes ultracatólicos como al del general Juan José Valle y las otras víctimas del alzamiento de 1956, que fueron fusiladas (es una manera de decir) por orden de Aramburu, como también al de Rodolfo Walsh y tantos otros, todos provenientes del nacionalismo, algunos hasta con falta de ortografía, y de cuyas dudas metafísicas acerca del mutante y resbaloso Líder, sólo siempre igual a sí mismo.

En el medio, con el Pepe ahora apoltronado académicamente en Barcelona, aparece nada menos que Rodolfo Galimberti, con pasaporte de la SIDE, llevándole oficialmente al General la versión oficial de los hechos, la famosa atada de zapatos y el postrer "proceda nomás", que lo había llevado al cariñoso dueño de los caniches al brutal comentario sobre "qué voz potente la de este Aramburu, decir algo así con la boca tapada", porque le habían sido quitada las prótesis dentales, rellenado la cavidad bucal con gasas y todo fijado con cinta adhesiva.

Alonso pivotea sobre el anonimato de una fuente militar, integrante de la logia conjurada y ajusticiadora, porque Lonardi y Aramburu habían sido hasta compañeros de banco en el Colegio Militar, lo mismo que Valle, y ya que la cardiología les habría jugado una mala pasada el baleo del cadáver habría tenido lugar en dependencias del Hospital Militar de la avenida Las Heras. Detalle más, detalle menos, con o sin logias operando, fue lo sostenido siempre por el dúo Molinari-Ghandi.

El monto desencantado ya en el 72, en un 6º piso frente al santiaguino cerro de los diarios cañonazos para anunciar cada nuevo día, que no ahorraba epítetos para la conducción, en cambio, hablaba de más de una descompensación durante los dichosos interrogatorios y que el baleo ni siquiera había tenido lugar en el sótano, sino semanas después, cuando efectivos de la Federal que ya no respondían a Imaz hicieron el descubrimiento de lo que supieron siempre. La acción de la cal, en un pozo hecho a las apuradas y con un cuerpo no cubierto totalmente por el elemento abrasivo, habría sido el inconveniente para precisar los calibres y más o menos el tiempo de producidos. Acá no cabe el helicóptero introducido por Alonso. Como la gorda con el corsé: siempre queda un rollito afuera...

En cuanto a la novela Timote, de Juan Pablo Feinman, éxito arrasador en la actual Feria del Libro, con las licencias que permite la imaginería literaria sancochada con presunta historiografía, en lo fundamental se ciñe a la versión de El Descamisado. El largo metraje Secuestro y muerte, del veterano Rafael Filipelli, hombre de la FUC que fundara el radical Manuel Antín, tiene su punto de partida en un capítulo dedicado al tema en un libro de Beatriz Sarlo, su mujer.

En la versión final del guión y del rodaje y la edición, según confesó, de la letra impresa del original sobrevivió bastante poco. Sí que su interés se focaliza en los cuatro días de encierro entre los jóvenes debutantes como guerrilleros, aspirantes a un puestito en el multitudinario peronismo para heredar al Viejo, y el veterano general gorila, con facturas impagas como legalizar la pena de muerte y fusilar con retroactividad. Sea como sea, salvo matar el tiempo leyendo o yendo al cine, un mínimo de testimonio y de rescate histórico debe darse por descartado de plano.

Esto no es obstáculo para encontrar, no sin un dejo estremecedor, que la que va a quedar instaurada como ejecución sumaria/homicidio resulta totalmente funcional a tirios y troyanos. Por más debutantes que hayan sido, planificar el secuestro de un hombre como Aramburu, para tenerlo prisionero, juzgarlo e interrogarlo con una pena de muerte que ya estaba puesta de antemano, y ni siquiera llevar un grabador Geloso de los de entonces suena a más que error de principiantes incautos que después quieren trazar la plaza propia y erigirse su propio monumento.

La versión de aquella noche en la Alameda Bernardo O'Higgins, en pleno camino chileno al socialismo encabezado por Salvador Allende, que violentando tratados internacionales, compromisos y arriesgando casi de manera suicida lo que ya estaba haciendo agua, El Chicho les sacó las papas del fuego a los que alcanzaron a fugarse de Trelew, entre los que estaba más de uno del caso Aramburu, explicó que la versión de su hermana desaparecida y asesinada había dado cuenta que el octeto muy joven había sido sin dudar una Formación Especial del general Imaz, el que quiere recordar a cargo de otras Formaciones Especiales de la Bonaerense que se estaba entrenando para Maldita y cobrar los diezmos de Socios Gratis del Capitalismo, y que cuando salieron del cerco perimetral capitalino gracias a la molicie de la Policía Federal, al hacer una posta en una localidad de Tres de Febrero y el teléfono de la Casa Rosada o no contestaba o la persona que atendía les decía que el querían hablar ellos no estaba y no se sabía a qué hora volvía, se dieron cuenta que los habían usado como profilácticos, que estaban solos y a Timote los boletos. ¿Es la verdad? En todo caso, concuerda mucho más con el lógico acaecer de los hechos humanos, como alguna vez se le escapó a un camarista en la sentencia de un juicio oral.

La ocasional concordancia de Feinman y Filipelli, desde diferentes lenguajes y ángulos bien diferenciados, a 38 años de sucedido todo, diluye casi de manera irremisible que sea como haya sido fue el acto fundante para que una alucinada concatenación de hechos llevara a una cadena de cintas grabadas con instrucciones a la Juventud Maravillosa y la Formaciones Especiales para una larga guerra de libertación y a una generación de uniformados a masacrar a una generación de jóvenes, que el puñado de ultracatólicos nacionalistas terminaran en una burda, casi grotesca conversión al marxismo leninismo, y que Rodolfo Galimberti, de emisario montonero y delegado de Perón usando pasaportes confeccionados por la SIDE de entonces terminara como guardaespaldas de sus antiguos secuestrados, a 200 km/hora en una Harley Davinson por la Panamericana, compartiendo el vicio del vértigo y las melenas al viento con un juez federal, y trabajando para la CIA.

Semejantes transfuguismos y conversiones siempre dejan la duda si la impostura está ya en los orígenes o en supuestos resbalones intermedios y/o finales. Sin embargo, todo parece indicar que siempre. El Viejo los echó de la Plaza el 1º de mayo de 1974 y los mecanismos de negación blindados del imaginario colectivo argentino sólo recuerda lo de imberbes. Volver a escuchar la pieza oratoria completa sigue siendo escalofriante.

La acusación central era de que se trataba de agentes infiltrados del imperialismo, cuñas del mismo palo, por lo tanto los más peligrosos, empecinados en destruir a la columna vertebral del movimiento, como eran los chicos de la CGT, suena a pena de muerte, se quiera o no, le guste a quien le disguste. El decreto de exterminio que va a firmar unos pocos meses después el constitucionalista Italo Luder, ejerciendo la presidencia en reemplazo de la bailadora flamenca y alternadora que sigue respondiendo al alias espiritista de Isabelita, abriría de par en par los portones a los 12 mil efectivos sabiamente entrenados durante más de una década, sobre todo por expertos que habían probado las metodologías empleadas en una guerra de liberación, sí, pero contra ella, bajo las órdenes del Pentágono, justamente en Vietnam.

Fuente: La Catramina de Ambrosio.


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Un disparo repleto de intrigas que abrió las puertas a la tragedia. Por Alberto Amato.

El asesinato partió al país en dos. No fue, como sostuvieron dos décadas después los defensores del terrorismo de Estado, el inicio de la violencia en la Argentina. La violencia de la segunda mitad del siglo estuvo simbolizada por el sangriento derrocamiento de Juan Perón, por el bombardeo a la Plaza de Mayo que lo precedió, por los fusilamientos de los alzados en 1956 contra la “Revolución Libertadora”, por la persecución y el oscurantismo ciegos que entronizó a la picana eléctrica como un elemento más de la cotidianeidad social del país.

El asesinato del general Pedro Eugenio Aramburu no fue el inicio de la violencia política, pero marcó un punto de inflexión, el final de la inocencia de un país que no volvería a ser el mismo.

Fue un crimen, como todos, horrendo, que debió llamar a la sensatez, pero que convocó a la locura; que debió mover a la reflexión, pero impulsó el desatino ; que debió despertar algún rasgo de madurez, pero que derivó en irracionalidad; que debió ser una advertencia y que, en cambio, obró como un disparador del descontrol. La Argentina que vio morir a Aramburu se asomaba al abismo. Y ya no volvió atrás.

El país de 1970 no necesitaba demasiado para partirse. Era un polvorín gobernado con mano de hierro y cerebro de estopa por Juan Carlos Onganía, un general nacionalista, ultracatólico, que intentaba eternizarse en el poder a cualquier precio. Perón, el peronismo y los peronistas estaban prohibidos, exiliados, negados, perseguidos, encarcelados, asesinados.

Los primeros grupos guerrilleros ya habían dado sus golpes montados sobre aquella prohibición y sobre la convulsión social que generaban la economía que se caía a pedazos, una devaluación del cuarenta por ciento, los precios que trepaban, los salarios congelados a lo largo de cuatro años y la pertinaz represión contra toda protesta. El año anterior al asesinato de Aramburu, la rebelión obrera y estudiantil conocida como el Cordobazo había puesto fecha de clausura al gobierno.

El mismo Aramburu había comprendido, tal vez, que no era posible gobernar a la Argentina sin Perón, al menos sin el peronismo, y no temía ser visto como el eventual sucesor de Onganía, en cuyo gobierno revistaban sus más encarnizados enemigos: un grupo de militares nacionalistas a los que Aramburu había desplazado en el golpe palaciego con el que, en noviembre de 1955, había borrado al general Eduardo Lonardi del primer gobierno de la Revolución Libertadora. Eran los generales “lonardistas”, incorporados en 1966 al régimen de Onganía: Francisco Imaz como ministro del Interior, Eduardo Señorans como jefe de la SIDE, Mario Fonseca como jefe de la Policía Federal, entre otros.

Aramburu, que tenía ambiciones políticas, había buscado el diálogo con el peronismo en los años 60 y había hecho contacto con dirigentes sindicales. Uno de ellos, Augusto Vandor, que propugnaba un “peronismo sin Perón”, había sido asesinado en junio de 1969.

En aquella Argentina convulsionada y compleja debuta la violencia de Montoneros. A modo de presentación en sociedad secuestra y asesina, o dice que secuestra y asesina, al general Aramburu. Se trata de un grupo católico, nacionalista, integrado por jóvenes, algunos con formación en liceos militares, que en raros casos superan los 25 años.

A cuarenta años de aquella tragedia, ya casi nadie cree en la versión que Mario Firmenich, el máximo dirigente de aquella guerrilla, y Norma Arrostito hicieron en septiembre de 1974 sobre Cómo murió Aramburu, en el artículo de la revista La Causa Peronista. Ni el propio Perón creyó en ella. Cuenta la leyenda que cuando supo los detalles de la ejecución narrados por los guerrilleros (a Aramburu, atado, amordazado, le anuncian que van a ejecutarlo y el militar ordena a sus verdugos “Proceda”) Perón comentó: “Qué voz potente la de Aramburu: pudo decir “Procedan” amordazado como estaba”.

El relato fue refutado también en un libro escrito por uno de los amigos inclaudicables de Aramburu: el capitán de navío Aldo Luis Molinari, que visitó a Arrostito en el infierno de la ESMA donde estuvo cautiva hasta 1978. Cuenta Molinari que le mostró a la guerrillera el ejemplar de La Causa Peronista. Y la respuesta de Arrostito fue: “A mí me hacen aparecer narrando cosas que yo no dije. Eso se manejó desde otro nivel”, en referencia a la jerarquía de Montoneros.

Quiénes y cómo secuestraron y mataron a Aramburu es un enigma irresuelto que se ha ahondado a lo largo de cuarenta años. En la Argentina de “la historia oficial”, es difícil estar convencido de que la versión narrada por los montoneros es una historia oficial cierta.

En su imprescindible biografía “Aramburu”, Rosendo Fraga y Rodolfo Pandolfi no descartan ninguna posibilidad. No se privan de citar a un ex ministro de Aramburu, Carlos Alconada, que responsabiliza por el crimen al ministro del Interior de Onganía, Francisco Imaz: “Montoneros era un grupo de derecha. No sé si Imaz fue autor intelectual del secuestro y asesinato. Pero que tuvo participación , la tuvo (…) Firmenich entraba al ministerio del Interior como Pancho por su casa”.

Fraga y Pandolfi no pueden menos que admitir, en abierto desacuerdo con la historia oficial: “Aramburu fue secuestrado y asesinado por un grupo nacionalista civil o militar, pero nadie sabe cuál fue la trayectoria de Aramburu prisionero (desde las 9.40 del 29 de mayo hasta, a lo sumo, 36 horas después) ni de Aramburu muerto (30 de mayo al amanecer) o enterrado (7 de junio) (…)”. Ambos sostienen que Montoneros sospechaba de algún contacto entre Aramburu y Perón y en una probable decisión del líder peronista de acordar con su rival de otros tiempos una salida política condicionada.

El gobierno de Onganía y Montoneros pudieron tener “puntos de conveniencia común” en la eventual muerte de Aramburu, sostiene en parte el historiador Richard Gillespie.

Y esa es la otra gran calamidad que encierra el asesinato de Aramburu: el haber introducido la idea vil de que existen crímenes políticos que son “convenientes”, y que por ello no deberían ser vistos como lo que son: crímenes políticos. Es un pensamiento trágico, que abrió las puertas a una gran tragedia.

En cuanto a la verdad sobre el secuestro y la muerte de Aramburu, dos hechos que se presentan siempre como uno solo y que acaso no lo son, está tapada por un velo espeso que tal vez jamás se descorra. Hace treinta años, en el transcurso de una investigación para un semanario de actualidad que decidió luego no publicarla, entrevisté al general Bernardino Labayru, otro de los incondicionales del general asesinado, que sostuvo siempre que Aramburu fue víctima de un secuestro por parte de un grupo de las fuerzas armadas y que en realidad murió en el Hospital Militar de la Avenida Luis María Campos. Le pregunté a Labayru quién conocía la verdad del caso. Me contestó: “Eugenito -en referencia al hijo de Aramburu-. Hasta que Eugenito no hable…” Tampoco Labayru quiso hablar más sobre su enigmática frase. Murió en 1984.

Otra persona que debe saber la verdad es Mario Firmenich, el único jefe montonero involucrado en el crimen que queda con vida. Vive en España. Está empecinado en un silencio cargado de soberbia. De todos modos, ¿quién le creería?

Fuente: Clarín.


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Un Epílogo que en realidad fue un Prólogo...

En Z – Argentina / El crimen del siglo, de Próspero Germán Fernández Alvariño (Edición del autor, Buenos Aires, Argentina, 1973), se narra el secuestro de Pedro Eugenio Aramburu, su asesinato y la posterior investigación (o no-investigación oficial) de esos hechos.

Su Epílogo, que me permito transcribir, en realidad es el Prólogo de la Argentina que sobrevino:

El epílogo sería así: la esposa del teniente general Aramburu quedaría esperando le dijesen quiénes eran los responsables para poder perdonarlos.

Los tenientes generales Onganía y Lanusse, el general de división Francisco Imaz y el general Fonseca no serían molestados, mantendrían todos sus honores y descansarían tranquilos en sus casas, confiados a la custodia de la policía.

El doctor Eduardo Héctor Bergalli, esperando del futuro Parlamento esclareciese la verdad, para que a través de ella se disiparan sospechas o se rompiesen sables contra la roca de la maldición.

El capitán Molinari guardaría juntas, dentro de un cofre, las comunicaciones de arresto y sanción del Tribunal de Honor firmadas por Gnavi y Lanusse.

Yo quedaría con mis cuatro procesos por calumnias e injurias. Y los dos apercibimientos de las Cámaras de Apelación. Y volvería a recitar otra vez y en voz más alta todavía la lección de optimismo que nos diera y dejara para los jóvenes Joaquín V. González.

Y juntos Molinari y yo, seguiríamos enseñando la lección sobre el patriotismo, tal como la aprendiéramos de Joaquín V. González. Y después me quedaría aún tiempo y ánimo para decir en voz alta la invocación a la libertad que Sánchez Viamonte escribiera antes de cumplir veintitrés años:

“Libertad! Imagen primitiva de la vida, multicolor y multiforme, extendida sobre el haz de la tierra, , como una simple reverberación de la luz, atributo misterioso y fecundo de las personalidades… Libertad! Madre de la verdad y de la belleza: Yo te invoco como a mi diosa tutelar y elevo a ti la plegaria serena de nuestro derecho, poniendo en la égida de tus propicias manos, el secreto augural de la victoria!”

Investigaciones

fuente:
http://www.bolinfodecarlos.com.ar/280710_aramburu.htm

4 - lampao el 12/11/2010

QUIÉN MATÓ A SANDOVAL? LOS SERVICIOS O MONTONEROS?

"Aramburu habría sido sacado muerto del hospital y entregado a Orué (agente de los Servicios), quien, a las 10.30 del 31 de mayo (de 1970), lo habría entregado a Firmenich. Casualidad colindante: “el comisario Sandoval, quien había visto con vida a Aramburu en el hospital Militar, terminó asesinado en una estación de servicio de Triunvirato y Olazábal”.

(según Angel Nuñez)




14/10/70 MONTONEROS, asesinato del Subcomisario de la Policía Federal D. Osvaldo Sandoval, quien había encabezado la investigación del crimen de Aramburu, en Villa Urquiza.

(según el sitio Muertos por el Terrorismo) http://www.alfinal.com/historia/muertosterrorismo2.php

5 - lampao el 12/11/2010

donde dice Angel Nuñez debió decir Fermín Chavez.

6 - saleconfritas el 12/11/2010

La línea que te baja la SIDE rezuma gorilismo antiperonista por todos lados.

7 - lampao el 12/11/2010

papafritaquemada, siempre te equivocás fiero! Animáte a fundamentar tu "frase lapidatoria". Pienso que nadie, aquí, me considera "gorila" y "antiperonista", sólo vos. Fundamentá si sos "macho".

8 - saleconfritas el 12/11/2010

Cuando los fundadores de Montoneros decidieron secuestrar al General Aramburu a finales de mayo de 1970 y principios de junio, les prometieron desde la SIDE (Secretaría de Inteligencia del Estado) del gobierno del General Juan Carlos Onganía que le iban a pagar la friolera de 20.000.000 de pesos fuertes porque era un obstáculo para el desarrollo de la "Revolución Argentina" que, según Onganía, duraría 20 años.

Como siempre hay mejicaneadas, a los montos les adelantaron la suma de 5 millones de pesos, quedándoles adeudados los restantes 15.000.000 que jamás les pagaron.

La promesa del pago de dicha deuda, en verdad, iba a efectuarse la noche del 7 de septiembre de 1970, o sea, unos meses después de terminado el "trabajito" en la pizzería "La Rueda" que estaba ubicada en las calles Potosí y Moctezuma de William Morris, en el Gran Buenos Aires. Una zona muy bien elegida "con calles de tierra, mal iluminadas y casitas bajas".

Al frente del grupo de Montoneros que iba a cobrar los 15.000.000 de pesos se encontraba Fernando Abal Medina. Él junto con José Sabino Navarro y Luis Enrique Rodeiro son los que entraron a la pizzería "La Rueda" y pidieron tres cafés.

Fuera de ella, y a una distancia prudente, estaban Mario Eduardo Firmenich, en una pick-up, y Norma Arrostito junto a Norberto Rodolfo Crocco, el cuñado de Aldo Rico, esperando en un Dodge. Completaba la escena Gustavo Ramus que estaba aguardando dentro de un Peugeot 404; todos los que hicieron el 'trabajo sucio' de asesinar a “la Vaca” Aramburu, por las dudas, estaban armados.

"Eran las 20.10. Un poco ansiosos, miraban por la ventana. Ramus, también impecable, con traje gris, corbata marrón y camisa blanca, se movía nerviosamente en el asiento del Peugeot. Bajo el chaleco tenía la canana con municiones. Apoyada en las piernas, la ametralladora, y a su derecha, al alcance de la mano, una valija negra para guardar el dinero.

Miró preocupado el reloj y les hizo una seña a los compañeros de los otros vehículos. Se colocó un revólver en la cintura y bajó del auto, dejando la puerta semiabierta. Lentamente y tratando de no llamar la atención, ingresó en la pizzería. Se acercó a la mesa del fondo y apoyando los brazos en el respaldo de una silla preguntó en un murmullo:

"-Son las ocho y veinte, ¿qué hacemos?

"-Hay que esperar, no tenemos otra alternativa -le contestó Abal Medina".

En la Comisaría 4º de William Morris, que estaba ubicada en la calle Victoria 1231, suena el teléfono y una voz anónima le explica al oficial principal Armando Hass que "en el bar "La Rueda" acabo de ver a tres integrantes de un grupo extremista que llegaron en tres vehículos en los que hay bombas y otros materiales explosivos"... Y la voz anónima, antes de responder cómo es que sabía eso, cuelga.

Los Montoneros no cobrarían la deuda sino que habían sido delatados. Estos datos están corroborados en la Causa 145/75, que es la que investigó -hasta que curiosamente se frenó- el secuestro y muerte de Aramburu.

Los usaron, los mejicanearon y los garcaron desde la SIDE, la misma que te paga el sueldito para romper las pelotas con mentiras acá.

9 - kargus el 12/11/2010

Bueh, ahora resulta que aparte de los 9000 de Conadep hay 22 mil jóvenes desaparecidos oficialmente y tambien que Firmenich, Arrostito y cia no mataron a Aramburu.

Don Paolam,conoce el principio de derecho " a confesion de parte relevo de prueba" ?

Resulta que ahora una confesion de los mismos autores no es directa porque fue hecha a un periodista y tiene mas valor testimonial un chisme proferido entre copas en una noche entre personajes no vinculados y en un pais extranjero.

Cual sera el objeto de poner en duda lo que es indudable y hasta confesado? confundir? relativizar la culpa? cargarle al enemigo los muertos propios?

De Rucci el descamisado en la misma edicion le echa la culpa a la CIA, en otra pagina lo festeja y en una tercera dice, el tema es ahora bancarse las consecuencias.

En fin, la capacidad de asombro en este pais no se agota.

10 - lampao el 12/11/2010

Kargus, yo no afirmo ni niego, las que presento son hipótesis o análisis de otros autores. Pero, no le parece sugestivo la información que Aramburu murió en el Hospital Militar y que Sandoval, quien lo vió con vida allí, después fue asesinado en Villa Urquiza?
Papafritaquemada dice que Montoneros acordó con la SIDE el secuestro de Aramburu. (me pregunto si Onganía no contaba con efectivos para realizar el secuestro y tuvo que encargarlo a los Montos)
Kargus, lo que para usted es "indudable" para mí no lo es tanto, así que disculpe.

Acaso esto suyo:

"De Rucci el descamisado en la misma edicion le echa la culpa a la CIA, en otra pagina lo festeja y en una tercera dice, el tema es ahora bancarse las consecuencias".

(algo parecido dijo Firmenich)

Volviendo al tema de Sandoval y los autores del secuestro. (TODOS MUERTOS, SALVO FIRMENICH) A mí me parece que cierra. No comprometió a gente de su propia fuerza (de Onganía) hacemos actuar a otros con una promesa de pago y luego los eliminamos para "sellar" el secreto.

Lo que no me "cierra" es porqué papafritaquemada me acusa "gratuitamente" de recibir "sueldito de la SIDE". (qué payaso! larga cualquier cosa sin ton ni son)

Saludos Kargus

Paolam

11 - saleconfritas el 12/11/2010

Lampao, paolam y demás nicks inventados para hacer creer que son más. Tendrías que dejarte Paola a secas luego de tus últimos deschaves públicos.

Te hacés el “dobolu” pero esos que te pagan a vos y a tantos desocupados, en los 70 “chupaban” peronistas en Automotores Orletti y los pasaban a mejor vida.

El general Francisco Imaz reemplazo a Guillermo Borda en el ministerio del interior.
Eran los generales “lonardistas”, incorporados en 1966 al régimen de Onganía.

El ministro Imaz mandó espiarlo a Aramburu las 24 horas del día. El hombre que las llevaba adelante en nombre del presidente, era el propio Francisco A. Imaz.

Lo que sí se sabía era que “Montoneros era un grupo de derecha. No sé si Imaz fue autor intelectual del secuestro y asesinato. Pero que tuvo participación, la tuvo (…) Firmenich entraba al ministerio del Interior como Pancho por su casa”.

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CARTA DEL GRAL. PERÓN AL GRAL. ARAMBURU

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