Por Roxana Miguel
“Yo quiero saber cómo se llega al orgasmo sin penetración”. “Me interesan todos los temas de los juguetes sexuales”. “Me da vergüenza hablar de eso con mi profesora pero admito que tampoco lo hablo con mi mamá”. “Yo sé todo lo que necesito saber para que mi novio tenga buen sexo conmigo”. Estas, aunque ustedes no lo crean, son las preguntas que los adolescentes de un colegio secundario de Belgrano se realizan acerca del sexo.
Afortunadamente, la Legislatura porteña aprobó hoy la obligatoriedad de educación sexual en todas las escuelas de la ciudad. Por lo que a partir del año 2009 se implementará en el programa académico un nuevo contenido adaptado a cada nivel de aprendizaje.
Los temas serán fijados por el Ministerio de Educación y estarán vinculados con preocupaciones acerca de la diversidad, la perspectiva de género y la prevención de enfermedades de transmisión sexual.
Hasta aquí la idea parece sumamente interesante y es por ello que dije al comienzo eso de “afortunadamente”. Sin embargo, algo que me viene dando vueltas en la cabeza desde hace un tiempo es que la palabra “sexo” no es ni una mención, ni una actividad oculta en los colegios.
A principio de año, el diario Clarín dio a conocer una investigación sobre las prácticas sexuales que realizan niñas de 13 a 16 años a cambio de trabajos prácticos o dinero: desde felatios en el baño o en asiento trasero de un colectivo hasta la reproducción fotográfica de situaciones poco decentes por medio de fotologs.
Estos niños saben tanto de sexo como de mitología griega y queda muy claro cuando escuchamos sus inquietudes que son, en definitiva, lo que debiera tenerse en cuenta en la aplicación de la Ley de Educación Sexual Integrada.
Que Anabella (15) crea que el semen mejora la dentadura, o que Paula (16) asegure que hay que tomar dos pastillas Oxaprost para abortar, son denuncias escalofriantes de la urgencia con la que debe aplicarse dicha Ley tanto en las escuelas como en los hogares.
Felicito la iniciativa, aunque me siga preguntando si el Ministerio de Educación se ocupará de armar un teorema del sexo saludable, aburrido y poco didáctico, antes de escuchar a los chicos que ya cambiaron los play móviles por la Playboy.