Hace un año visité Gaia y allí lo conocí a Ariel García mientras construía su casa: estaba con las manos llenas de barro, moldeando las paredes. El tiempo nos hizo amigos y este fin de semana pasado me invitó a conocer su casa terminada. Entré y me alegré al descubrir un ambiente sencillo y cálido. Cuando nos sentamos a charlar y tomar unos mates, la conversación y el lugar me fue llevando a un espacio de meditación. Al tiempo volví a mi cuarto, caminando a través de la naturaleza generosa del lugar y la variedad de los sonidos de la noche, con el sentir de haber sido enriquecida. Al día siguiente volví con el grabador y habiéndole avisado que quería compartir con otros lo que me contara.
¿Cómo surgió la construcción de esta casa?
Fue mágico. No estaba en mis planes, de repente se dio en la comunidad la oportunidad de dar un curso de construcción con fardos y como esos cursos son prácticos hay que hacer una construcción. Por otro lado, en ese momento, por las condiciones de los acuerdos comunitarios, estaba en posibilidades de construir mi propia casa, así surgió la idea de hacer mi casa. Se empezó con un curso que dio un permacultor italiano que aprendió la técnica de construcción de una inglesa, porque la técnica es novedosa. Es decir, anteriormente, se hacían casas de fardos que consistían en rellenar estructuras de madera o de cemento con fardos, en cambio en este tipo de construcción no hay estructuras, el mismo fardo es la estructura de toda la casa y soporta todo el peso del techo.
¿El piso cómo lo hicieron?
Se hace un contrapiso de cemento con hidrófugo y se levanta la pared treinta o cuarenta centímetros. Así se realiza una separación del suelo para proteger la casa de la humedad que sube por capilaridad a través de la tierra y de la lluvia que golpea en la parte baja de la pared. Después ponemos los fardos unos arriba de otro y luego hacemos el revoque de barro. El piso también lo terminamos con una capa de barro.
¿Y el techo?
Y el techo fue la posibilidad de experimentar una técnica que habíamos visto en una revista española: es una estructura de vigas de apoyo recíproco. En este caso son nueve vigas donde cada una se apoya en la siguiente. Esto permitió cubrir una gran superficie sin necesidad de sostener en el centro con una columna, además de lograr el efecto estético que se puede apreciar y ver la luna desde esa ventana en el techo. También era la posibilidad de experimentar lo que se llama techos vivos, que es cubrir la superficie del techo con tierra y gramilla, pasto o lo que quieras ponerle. Ahora estoy probando con uña de gato –son las plantas que están en las dunas cerca del mar- y si sigue creciendo va a quedar más lindo. También tengo otras de flores.
¿Cómo avanzaste con la casa por dentro?
El proceso de construcción hasta terminarla llevó ocho meses. Después adentro fui armándolo con dos principios que me puse: uno fue usar la mayor cantidad de elementos naturales que hubiera a disposición para los muebles y la construcción, y otro, que la mayor parte de ellos pudiera haberlo hecho yo, ya sea reciclando o construyendo o combinando. Nada de lo que ves acá lo compré. Fue llegando, apareciendo de la nada y en la medida que lo iba necesitando. Incluso las ideas surgían así. Cuando tenía que resolver algo, justo escuchaba una idea que me servía. También me había propuesto que cuando tuviese todo me venía a vivir. Fue así, sin apuro, fui observando y disfrutando el proceso. Un día me di cuenta que lo más lógico era que me mudara y así lo hice.
¿Cómo te sentís ahora en tu casa?
Y, bueno, ¡yo no me quiero ir de acá! [Risas] y cuando no estoy acá, quiero venir todo el tiempo.
Para mí hay algo especial en este lugar
Todo el mundo que viene hace el mismo comentario. A mí me gustan que vengan pero no lo promuevo, pero se llena de gente, ¡es inevitable! Llega gente desconocida y se queda. El otro día nos quedamos once meditando. Además estuvo gente famosa como Rodrigo de la Serna, y el fundador de Sirios -una comunidad espiritual en EEUU que tiene como veinticinco años de vida- que también fue uno de los primeros que formaron Findhorn en Escocia. Vino con su mujer y su hija, dejó su energía. Todos pasan y dejan su energía. De hecho en los ochos meses de construcción han participado personas de todo el mundo.
Mucha diversidad de manos en la obra
Sí, yo tengo que hacer un listado con los nombres de las personas y sus países de origen, porque hay países insólitos. Esas energías fueron aportando algo propio. También se quedó un mes a dormir acá David Holmgren, con la señora. Todo un honor prestarle mi casa. Él trajo unas fotos de su casa en Australia y está todo hecho en función de la Permacultura, pero con todo como lo hace un país que tiene los medios.
Con más recursos que el arquitecto en pelotas de tu manual
[Risas] ¡Exacto! Esa casa no la hizo un arquitecto en pelotas. Nos mostraba cosas que acá no podemos hacer. Pero su bañito era igual al mío: sencillo con un tachito. Y eso que está en la cumbre y su bañito es simple. Porque él es simple y ese fue el mensaje que nos dejó. La visión que él tiene es aguda pero no catastrófica: que todos los cambios que se vienen (a raíz de la crisis energética y el cambio climático) es lo mejor que nos puede pasar para que se termine este modelo y recibir lo nuevo que es lo que necesita el planeta. Es decir, ya se depredó bastante, ya se contaminó bastante, ya se agotaron los recursos bastante, entonces se dé como se dé el cambio, no importa si más rápido o más lento, se va a dar el ajuste adaptativo que sea necesario.
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