El correcto hacer invade campos en donde no debe siquiera asomarse. Eso nos ocurre más a menudo de lo que creemos, nosotros, que nos llamamos cuerdos, y andamos sueltitos por la ciudad, que nos recibe sin chalecos ni comida por debajo de una puerta. Nos llamamos a nosotros mismos "cuerdos", y de algún modo nos sentimos orgullosos por ello.
Pero estamos atados. Hay una lógica que nos aprisiona.
El arte debe ser libre. De qué modo liberarnos de la cordura, cuando pretendemos crear. En cierto modo creo que una tarea imposible. Y que los llamados locos ganarán por siempre la batalla creativa. Aunque batallas no se liberen, y tantas ventajas tengan los sueltos, que visitan museos, heladerías, universidades, y casas de familia.
La obra que se muestra, es del artista Louis Marcussen, también conocido como Ovartaci, un apasionado de las mujeres. En su opinión eran "las criaturas más sublimes y la imagen de la perfección". Siempre las dibujaba o esculpía con un aspecto muy característico: con ojos almendrados y largos y gráciles miembros.
Para ver más obras, con breves explicaciones, hacer un
click aquí, o
aquí, si es que no te llamas a ti mismo "cuerdo".
(ambos links, en verdad, van a un mismo sitio)