Por Raskolnikov para Igooh.com
Este domingo tuve la gran desdicha de toparme, en una quietud hipnótica, con el programa "El último pasajero", emisión dominical que conduce el joven Guido Kaczka en la pantalla de Telefé. El día era gris, un día televisivo. Haciendo zapping me detuve en el canal de las pelotas y me dije: "Para criticar algo primero deberás interiorizarte". Y un poco utilizando aquella máxima como excusa, me dispuse a ver a un cúmulo de adolescentes enfundados en colores, coléricos, aullando, chillones, en busca de un viaje de egresados de arriba.
Por si ustedes no tuvieron esa misma dicha, vean un poco de qué se trata el asunto:
La juventud de mi generación, pensé, era otra cosa. Pibes con un poco más de contenido, me dije. Pero luego recordé aquello que cuenta que "demasiado cerca desaparece", osea: que estar inmerso en la cosa hace que uno no puede ver exactamente la cosa. Me propuse buscar un poco más y encontré esto:
No hay caso. La circularidad universal no conoce límites. Y la fatalidad, un poco que me aterra.