A Edgar Allan Poe y Anton Chejov, los une un principio de necesidad, ambos, por motivos económicos, dirigieron sus esfuerzos a la prosa, escribiendo relatos, y en el caso de Poe, además crítica literaria para algunos periódicos de la época; en tanto Edgar Allan Poe llegó a adquirir cierta notoriedad por su estilo cáustico y elegante reconocido más bien por una irrealidad, mientras Chejov le debe su fama a lo contrario, el reconocimiento de la realidad.
Sobrevuela sobre ambos escritores una idea vaga respecto a lo que cada uno representa en literatura, el hecho de que sean clásicos los hace transcurrir el tiempo deslizándose en el inconciente colectivo, ya que son reconocidos tanto por sus lectores como por los que no los leyeron.
Edgar Allan Poe, no sólo ha despertado curiosidad literaria, sino que por el extraño fenómeno que ha establecido con su escritura, su propia vida ha sido comparada con sus textos como si representaran su biografía, es decir al revés, se tiende a pensar en la vida de este autor como si las claves de su existencia estuvieran representadas en su literatura, esto ha hecho que las dificultades de su vida estuvieran casi justificando su estilo, su imaginación y disfrazando el hecho voluntario de elección artística que todo escritor se plantea de su propia escritura.
¿Es real que las dificultades que parecieron signar su vida le abrió camino hacia un lugar entre los escritores clásicos? La clave está en desentrañar su producción desde un punto de vista diferente, partiendo de la palabra y no del hombre, barajando los elementos de esa escritura en términos descontextualizados y proponiendo un recorrido diferente sobre la configuración de los efectos respecto a un proyecto lúcido, intención que puede encontrarse en la clave de sus propias declaraciones, cuando dijo que la poesía era un mero artificio previsto y realizado con técnica de relojero.
A su vez, en contradicción, admitía también, componentes en la poesía que proviene de lo irracional, del inconsciente: la melancolía, la nocturnidad, la necrofilia, el angelismo, la pasión.
Luego, Anton Chejov y Edgar Allan Poe, comparten que han sido asimilados por la cultura popular, y es por ello que ambos vuelven desde el pasado a encontrarse en un espacio del futuro en el taller de escritura del profesor Roberto Ferro, como una convocatoria para escritores o en proceso de serlo, la reunión es a partir de abril, los viernes, podés ampliar información sobre este proyecto en la web www.robertoferro.com.ar
Ana Abregú