En el artículo El lugar común o el común lugar, un comentario que surgió me sumió en una reflexión. Cito la frase del mensaje número 28: “Lo estereotipado como vulgar, aunque pueda parecer poco estético, revela identidad, cultura, raíces, suma de conocimientos, y sentimientos.”, la frase, supongo, alude a lo que se da en llamar estereotipos culturales.
Supuse, más bien, que si se bucea en ese concepto, en la mayoría de los casos se encontrará asociada la idea de estereotipo cultural a aspectos negativos, más bien prejuiciosos, y que generalmente no constituyen lo que llamamos cultura de los pueblos, ni raíces, ni aquello que le da identidad a un pueblo.
Si el texto en el que el estereotipo es usado, la cultura o raíz es el contexto del uso, se identificaría fácilmente el estereotipo cultural y en ese caso, no era el tipo de uso al que refería ese artículo.
El uso del estereotipo en razón del artículo, se refería al estereotipo en la escritura como medio de establecer un sentido, por ello, no es de ese del que quiero comentar en este artículo, ya que fue tratado en el artículo de referencia.
Para no confundir los términos, voy a utilizar un ejemplo cinematográfico que es una de mis pasiones. En especial, me referiré a un tipo de género: el de la ciencia ficción.
Es el único género en el me permito las perpetraciones de guión, errores, tanto de producción como históricos y los estereotipos, la razón es porque es con el único género que, por alguna razón, mis resistencias ideológicas se relajan.
Sin embargo, por las paradojas del gusto, es en el género en el que los estereotipos abundan, se deforman, se vuelven fuentes de prejuicio, racismo y lo peor en términos de mensaje que prolifera en el pensamiento global.
Voy a dar un ejemplo concreto para sostener mi visión.
Me fascina todo lo que tenga que ver con los dinosaurios, soy una maníaca, de esas que ven todo tipo de documentales al respecto. Las películas Jurassic son un imán al que no logro resistir, debo ser la espectadora que mayor número de veces las ha visto, hasta mi control remoto se presiona a sí mismo, automáticamente, allí donde se está proyectando cualquiera de las versiones con argumentos que tengan que ver con dinosaurios, películas antiguas, documentales, falsos documentales, en donde una puede seguir sus vidas como si fueran actores.
Especialmente voy a comentar la película Jurassic Park I (1993), en principio, más allá de que me parece dinámica y muy bien diseñada, no sólo en la naturalidad de los animatronics, sino que tiene una trama muy ajustada al género, pero debo ser franca: me irritan sobremanera el pésimo guión, escenas mal resueltas y errores en el sentido, además de escenas de increíble inverosimilitud, esto último como menos leve por ser una “licencia” del género o del tema.
Voy a señalar algunas de las escenas mal resueltas, pocas, para no aburrir: Recuerden a los dos niños y Científico y Doctora tratando de que no abra la puerta del recinto un velociraptor. Los adultos empujan la puerta, desesperados, de espaldas a la puerta, mientras la Doctora trata de alcanzar con el pie la metralleta que quizás sirva para salvar la vida de todos. Por más que lo intenta no lo logra, porque o empuja la puerta o alcanza el arma, pero, ¿dónde están los niños?, la niña, en la computadora, tratando de accionar la cerradura eléctrica, ¿y el niño?, no hace nada. Abre los ojos, y mira a unos y otros, una no puede dejar de preguntarse, ¿por qué no alcanza la metralleta a la Doctora en vez de estar ahí parado sin hacer nada? ¿Por qué alguno de los dos adultos no le pide que alcance el arma? el director no notó su presencia (esto último es un supuesto mío); reconozcan que es una escena mal resuelta.
Otra escena que me molesta mucho más, es cuando el programador va en el medio de la lluvia y atropella la señal que indica en qué dirección está el puerto, por el dibujo de la flecha en el cartel, o es a la derecha o es a la izquierda. Ahora que, si escucharon la explicación de que están trabajando desde hace cuatro años en esa isla y el tipo es el genio que pergeño todo el sistema de computación, ¿cómo es que no sabe llegar al puerto sin necesidad de señales?¿ no era genio? Cuatro Años, piensen si eso es posible. Claro, no vamos a caer en la reducción de decir que se necesitaba alguna excusa para que el tipo se perdiera y saliera de la camioneta, que eso es obvio, la pregunta es: por qué el guionista no se esforzó un poco y encontró otro subterfugio en vez de cometer semejante desatino dentro del guión.
Error en el guión: Un científico de profesión matemático, le está explicando a otra científica, paleobotánica, la teoría del caos. Hay cuatro personajes en esa escena: el chofer, y tres científicos, ¿en qué habrá estado pensando el guionista para ubicar ese diálogo entre científicos?, la teoría del caos la conocen hoy hasta los niños de diez años. Es obvio que ese diálogo está preparado para que el público, supongo que el infantil, o el distraído, se entere de qué es la teoría del caos. Podían haber tenido la buena idea de ajustar el guión para que pareciera más real, explicándoselo al chofer, por ejemplo, que en ese grupo era el más viable para escuchar esa explicación, aunque no imagino al Matemático, rozándole la mano al chofer, como sí hizo con la científica, escena totalmente inútil frente a tamaño error argumental.
Dejemos esos aspectos de lado, porque de lo que se trata este artículo es de señalar a qué hace alusión el estereotipo, de manera que voy a relatar la película desde esa visión, veamos: Hay un viejo, científico también, barba blanca, bonachón, que es o visionario o loco (luego nos quedaremos con la conclusión que es loco), los héroes, son dos adultos inteligentes, sensatos, rubios, muy rubios, que siempre toman las decisiones acertadas y heroicas; los niños, rubios, muy rubios, aportan la inocencia que debe ser salvada.
Hay un doctor que aunque especialista en genética, de rasgos orientales él, escucha al matemático, latino éste otro, lo que parece una idiotez: repite de otra manera la teoría del caos, que como ya dije es una incongruencia de diálogo entre científicos, pero esta vez, aludiendo al hecho de que es posible que “algo”, a ninguno (todos científicos oyendo esa conversación) se le ocurre qué, haga posible que de hembras nazcan “bebes” (la pregunta obvia sería: entonces por qué no generan machos, pero en fin, lo dejamos pasar, porque debido a ese hecho es que luego otros aspectos de la película cobran sentido, pero los más importantes es que dieron pie a la versión 2 y 3).
Veamos el rol del científico latino, fuera de las dos escenas ya mencionada sobre la explicación de la teoría del caos, habiendo otros dos hombres, ¿a quién le explica la teoría?, a una mujer, pues el otro personaje, que hubiera hecho más creíble ese diálogo, es ineludiblemente de sexo masculino, en materia de conocimiento o conceptos científicos, es a la mujer a la que hay que explicarle, que aunque sea científica tiene menor categoría en conocimientos que el chofer, por ser éste hombre (por favor, si pueden tómense el trabajo de notar cómo el matemático entabla ese diálogo: mente inferior contra mente superior; e incluso ella misma hace un gesto como indicando que la idea la superó, se pasa la mano por encima de la cabeza indicando con ese gesto que aunque s científica hay conceptos, que aunque simples, no están hechos para mentes femeninas); del matemático, decía, todo su guión contempla un acto, muy absurdo, en donde, a pesar de haber sido advertido minutos antes por el experto en dinosaurios que los T-Rex no ven lo que no se mueve, y aún cuando el experto en dinosaurios ya tenía controlada la situación, el genio-matemático, pero irremediablemente latino, comete la estupidez de hacer que un T-Rex, lo siga, a partir de ese momento asume el rol de latino: inválido e inútil para el resto de la película, mientras los rubios, muy rubios, adultos y niños hacen todo el trabajo,
Mientras, el abogado, chupasangre, comerciante, mezquino, inescrupuloso, que abandona a los niños, para salvar su existencia, porta velados rasgos árabes, una “binladeante” expresión cejijuntas, delatan su inocultable origen, de manera que apenas comienza la película, una mirada no necesariamente sagaz, ya sabe que ese personaje está destinado a ser hamburguesa de dinosaurio, y no será una muerte piadosa. De alguna manera terrible, tendrá que pagar esa cara.
Hay además dos programadores, uno negro, otro blanco. El negro, vicioso, desconsiderado, fumando durante toda su intervención en escena, sin respiro, en la cara de todos, con la máxima indolencia e irrespeto, además, es un ignorante que no puede controlar nada sin recibir órdenes del otro programador, el blanco, recuerden que este personaje también trabaja allí desde hace cuatro años en el proyecto, pero de alguna manera su color, lo mantiene incontaminado de conocimiento, está ahí para recibir órdenes sobre qué hacer, no para saber por sí mismo lo que puede hacer.
El otro programador, el blanco, el genio, es el malo, el corrupto ambicioso, ladrón, delincuente, traidor: es un gordo asqueroso, sucio en su persona y lo que lo rodea al que todo le sale mal, pero no por su genialidad mental, sino porque sus torpezas físicas lo meten en problemas que, como ya comenté antes, son absurdas. Agrego que estando a cargo de la administración de semejante complejo, durante cuatro años, no reconoce al simpático animalito que estando frente a él, está a punto de deglutírselo, aún cuando no tiene anteojos, puesto que la vista le alcanza para ver de repente otro cartel que sí le muestra el camino al puerto, que está a una distancia mucho más lejos que el mentado animalejo.
Supongo que recuerdan cómo comienza la película, un enorme conteiner en donde una debe suponer que se encuentra un dinosaurio por sus movimientos y rugidos; se come a un hombre que no está armado, mientras nadie hace nada. A uno se le ocurre, dejar de lado el arma, en vez de dispararle, y tratar de sacarlo tironeándole del brazo, luego sabemos que ese personaje es un cazador. ¿Se imaginan a Tarzán, tratando de sacar a alguien de la boca de un león, en vez de luchar con el león? Era obvio que el cazador no era Tarzán, pero, ¿y el arma? ¿Para qué estaban todos esos hombres armados alrededor si cuando ocurrió algo así nadie disparó?
El mensaje es: no matar la maravilla científica, almorzarse un mexicano, es un precio menor, total, los familiares de los mexicanos no son parientes de los cazadores rubios.
Y luego de ello, está la mina de donde extraen el famoso mosquito emparedado en ámbar, ¿quienes se ocupan de ese trabajo sucio, en el medio del lodo y del trabajo esclavo del pico?, mexicanos, claro.
Esos son los estereotipos, ante la cuestión entonces de si los estereotipos son cultura, definitivamente no, los estereotipo no son más que una expresión del pensamiento en fórmulas que revelan las tensiones de una sociedad sometida a muchos ingredientes que no tienen que ver necesariamente con la cultura, sino con el conjunto de prejuicios con que los medios nos invaden sin que se perciba cuándo comienza, cómo terminan y si es que terminan, siendo opiniones tan arraigadas que se comienzan a tomar como culturales, muchos estarán tentados de decir: los del Norte piensan así las cosas, y eso es cultura de ellos. Pero esto que les relato, se ve en todo el mundo, y en muchas películas, no necesariamente del país del Norte, por ejemplo en las películas inglesas.
La cultura de los pueblos, como sus raíces, tradiciones y todo lo que hace a una identidad se basa en otros aspectos, que tiene que ver con una organización histórica de los sucesos que originaron esos pueblos y esa cultura, en general se suele usar la palabra folclore, para señalar esa raíz netamente histórica de la identidad de los pueblos, es un corpus complejo de expresión, compuesto y mixturado de leyendas, historias orales o escritas, proverbios, cuentos, chistes, bailes, supersticiones, costumbres, música, artesanía y cualquier expresión que artística o no sea común a una población, incluyendo las posibles subculturas o clasificaciones de grupos sociales.
Los estereotipos, tanto los culturales como los que no, los literarios, o de cualquier noción del pensamiento, son construcciones reduccionistas que en la mayoría de los casos revelan un prejuicio y un perjuicio, en la educación a que nos vemos sometidos, tanto los que provienen del hogar como los que adquirimos en medios cinematográficos, gráficos, como en libros, como en la música o cualquier interpretación artística.
Es una opinión claro.
Ana Abregú.