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El_Concigliere | 04/05/2010 | 21:42 hs

El Linye

Estafa, persecución, clandestinidad y muerte.

Tags: concigliere, cuento, linyera, asesinato, identidad
-3 votos
       2 comentarios

El mejor lugar para esconderse no es el mas lejano u obscuro, es el ultimo lugar donde te buscarían.

He pasado años viajando de lugar en lugar, saltando de sombra en sombra desconfiando de todos y cada uno de los que caminaban a mi lado, perfeccionándome en el arte de escapar. Si bien es cierto que uno convive con la imagen de la victima en la cabeza la inventiva popular y moralista afirma que uno no puede vivir mucho tiempo con eso. Y sucede algo muy particular cuando se trata de quitarle la vida a un ser viviente, cualquiera sea su especia. Hablo del peso de la muerte en nuestra conciencia, y de la importancia subliminal que le da nuestro cerebro a los diferentes tipos de asesinatos. Quien sabe porque es mucho más fácil matar un insecto que un elefante, al fin y al cabo filosóficamente es lo mismo. De igual manera podemos decir que nos sentimos más conmovidos con la noticia de un niño asesinado que la de un accidente aéreo donde mueren cientos o de un terremoto en algún paisito asiático donde mueren miles. Estas mismas cuestiones que funcionan en las alcantarillas del ser humano son excelentes herramientas para entender mejor la muerte sus victimas y perpetradores.

Luego de perderle el gusto a la adrenalina de las primeras huidas, decidí perfeccionarme y elegir mejor los sitios donde esconderme. Seguramente la causa habría prescrito, pero jamás la sed de venganza y tenia bien claro que si era capturado lo mejor que podría pasarme seria la muerte. Luego de mi paso fugaz por un pequeño pueblo de Santiago del estero llamado El Mojón, donde me desarrolle en tareas rurales en una finca de algunas miles de hectáreas, decidí que debía regresar a la ciudad y terminar con este asunto. Una noche bastante fría por cierto, en la plaza de este pintoresco pueblo dedicado al carbón y la leña, me senté junto a un curda que se empinaba una petaca de ginebra y entre cuentos y tragos me dijo algo que cambio mi vida para siempre. El escondite apropiado no es el lugar más lejano ni mas escondido es el último lugar donde te buscarían. Digamos que eso es lo que pude interpretar y pasar en limpio del balbuceo del curda, mientras confesaba haber matado al hijo del comisario de un pueblo de Córdoba.  A pesar de tener pedido de captura todos los días pasaba por la comisaría del Mojón, a buscar bizcochos viejos y yerba usada. Quien se iba a imaginar que uno de los tipos mas buscados en Cordoba, se ocultaría bajo una vasta barba y unas ropas harapientas. Los linyeras  gozan de una suerte de inmunidad, caminan en una línea entre la locura, la ebriedad y la cordura, y descansan en un vacío legal que les permite deambular tranquilamente por cualquier lugar. La gente se compadece o los desprecia, la policía los ignora y ellos siguen haciendo quien sabe que. Jamás veremos un linyera en colectivo o hablando en una telefónica, esto no quiere decir que no se trasladen o estén perfectamente comunicados, todo lo contrario simplemente utilizan canales alternativos. Viajan en los vagones vacíos de trenes de carga y hablan por teléfonos públicos de esos que hay en las plazas, no tienen una rutina como la mayoría de la gente, comen y duermen en forma aleatoria, esto los hace mucho más difícil de ubicar.

No es fácil vestirse de Linyera y no quedar disfrazado, la mejor forma es convertirse lentamente en uno de ellos hasta asumir progresivamente sus costumbres y códigos, hasta sentirse preparado para integrarse en su comunidad. Una vez llegado a Buenos Aires en un tren de carga, me dirigí hacia una plaza que no recuerdo el nombre pero si era señalada como asentamiento Linye. Lentamente me fui uniendo al grupo, las noches eran muy frías por lo que las botellas de licor eran una muy buena excusa para aceptar un forastero entre el grupo. Al principio todo era desconfianza, y como en todos grupos humanos, había un capanga al que le decían “El verga”, había estado en la cárcel por matar en ocasión de robo a una farmacia y había caído nuevamente luego de pocos días de salir por matar a su mujer al encontrarla con su nueva pareja. Mientras duro el proceso lo metieron en una comisaría, y luego e un alboroto en que tomaron al guardia de rehén el logro escapar. La mayoría de los que escaparon lo hicieron por haber sido sometidos a amenazas y se presentaron a las pocas horas a la comisaría nuevamente, en general eran detenidos por causas menores que no querían cargar con una fuga en su prontuario. Solo una victima sufrió este pequeño motín, fue la de un joven de unos 24 años que se negó a fugarse y “El verga” le atravesó la garganta con un cuchillo que todavía conservaba con una inscripción nazi en su inconfundible mango y le prendió fuego con el uniforme del guardia para presionar a los efectivos a que abran las puertas. Este personaje a pesar de faltarle una pierna, se las arreglaba para amedrentar a todos y tejer una red de pungas que trabajaban en la zona de retiro, constitución y once. En su mayoría pibes adictos al paco droga que el les proveía diariamente y compartía sus ganancias con “Casimiro” un matón que se encargaba de protegerlo.“ Casimiro” era un buen tipo, a pesar de tener un prontuario bastante complicado se notaba que un hombre de campo con códigos bien marcados y encontraba en el “Verga” la seguridad económica que le permitía juntar unos pesos todas las semanas y mandarle a la familia que vivía en el interior de la provincia de La Pampa.

Las primeras 15 noches fueron bastante complicadas, era imposible acostarme sin pensar que en cualquier momento podría sucederme algo, al parecer por comentarios, mi personalidad callada le resultaba bastante amenazante al “verga” y había comentado que se iba a encargar de sacarme de su plaza. Obviamente no tenia ninguna necesidad de dormir allí habiendo tantas plazas y lugares, además contaba con el dinero suficiente para pagarme un hotel digno y limpio pero eso no correspondía con el plan que tenia en mi mente. El mejor lugar para esconderme era la piel del Linye, la policía pasaba por mi lado sin regalarme una mísera mirada, finalmente había decidido quemar toda la documentación que me relacionaba con mi antigua personalidad. Esta era la última carta que tenia para recomenzar mi vida y terminar con esa persecución que había durado los últimos 37 años.

Durante el día juntaba botellas y hacia algunas changas de jardinería, mi carisma me permitía romper esa barrera que existe entre los prejuicios de la gente y los linyeras. Había hecho algunas amistades, sobre todo mujeres que se compadecían de ver un hombre tan voluntarioso y educado en esas condiciones. Así fue que conocí a Nilda la ama de llaves de Garibaldi 1238 una dirección que no olvidare jamás. Una mujer de unos 47 años, muy reservada pero comprometida con su pasado de pobreza extrema en su ciudad natal Posadas. La conocí mendigando, charlamos pocas veces ella me guardaba las botellas vacías de un champagne que según recuerdo rondaría los 600 dólares la botella, y también algunos retazos de comida que sobraban de las fiestas que organizaba Kamplin en su lujosa mansión. Lentamente me fui haciendo habitúe al lugar, una de las ultimas veces que la vi, apareció con una caja etiquetada que decía vidrios rotos, salio muy rápido y no me saludo como de costumbre, me dijo tome llévese esto rápido, y me sonrío, mostrándome la debilidad de sus labios, la fragilidad de sus dientes, los músculos de su cara no hacían mas que delatar sus sentimientos de atracción hacia este sucio linyera. La caja no sonaba a vidrios, era evidente que había algo mas para mi sorpresa. La caja estaba llena de ropa fuera de moda, algunos artículos de limpieza personal y una hermosa carta plagada de errores ortográficos. La cita fue en un lugar de comida al paso cerca del centro, charlamos largamente tomados de la mano y ella crítico mi negativa a afeitarme completamente la barba, no estaba dispuesto a dar a conocer mi rostro verdadero. Esa noche no por equivocación me quede con su llave, ella vivía en una pequeña casita en el fondo del terreno de Kamplin, luego de hacer una copia la llame desde un teléfono publico para anoticiarla de la aparente confusión y devolverle el original.

El día se desarrollo normalmente, me desperté en la plaza con el ruido de los pungas discutiendo por el precio del paco, “Casimiro” repartiendo golpes y el Verga disparando como podía con sus viejas muletas. Reconozco que estaba un poco nervioso pero la vida de Liye me regalaba la impunidad necesaria para asumir las riendas de las situación, nada tenía que salir mal y si todo se llevaba a cabo con la suficiente meticulosidad podría caminar nuevamente por la calle sin tener que estar evadiendo los matones de Kamplin, que desde mi paso a las clandestinidad no había tenido noticia. Levante algunas botellas y cartones, pero me tome el día para repasar cuidadosamente cada uno de los movimientos sin descuidar el carrito de supermercado donde guardaba mis pertenecías, nada de valor pero era todas herramientas imprescindibles para la gran noche. Nilda salio como todos los jueves entre las 18:45 y las 19:25 hs a hacer las compras, estaciono su pequeño auto en el inmenso estacionamiento del supermercado y silenciosamente me metí en su baúl. Tenia por costumbre, guardar las bolsas en su asiento trasero y utilizar el baúl para guardar herramientas, no había demasiado espacio ya que el tubo de gas ocupaba la mayor parte del diminuto baúl. Una vez dentro de la mansión, salí lenta y sigilosamente, con la copia de la llave ingrese en la casa de Kamplin quien se encontraba profundamente dormido en su cuarto principal. Sin meditarlo le corte el cuello con el cuchillo del Verga, con las mima facilidad que uno aplasta un mosquito e indiferencia del que cambia de canal cuando anuncia la muerte de miles de personas por un terremoto en algún paisito de Asia.

Me saque la ropa de Kamplin que Nilda me había regalado y la deje nuevamente en su placard, me vestí de Linye, ate una soga entre el tobillo y el muslo, esto me permitía sostener mi pierna levantada. Conciente de que las cámaras de seguridad me tomarían, salí cojeando lo más rápido que pude, abrí la puerta con la copia de la llave y una vez en la calle me deshice de las ataduras y corrí rápidamente hacia las esquina donde había dejado oculto entre las ramas de un árbol un bolso. Pase por la plaza, con el viejo sentimiento de miedo que me acompañaba, le devolví el cuchillo al Verga mientras dormía, tome mi bolso y en la ypf de la esquina me afeite y cambie.

A primera hora de la mañana, la policía lo levanto al Verga para una rueda de reconocimiento. Para sorpresa de este no solo le encontraron mas de una decena de dosis de paco sino también lo que parecía el arma del crimen del empresario Fernando Kamplin. Los testigos nos podían afirmar con certeza que se tratara del sospechoso, y las grabaciones no otorgaban mucha fidelidad, el identikit mostraba un típico linyera, de vasta barba vestido de harapos. Sin embargo la particularidad de que el sospechoso había salido cojeando del lugar no dejaba muchas dudas de que se trataba del Verga, además de su jugoso prontuario y de la pereza investigativa.

Algunos dicen que el Linye del mojon, a cambio de unos tragos de ginebra cuenta la historia de Americo Suarez Paz el ex socio y cómplice de la estafa de Fernando Kamplin, mientras que este murió en un manos de un linyera en ocasión de robo, su ex socio, luego de permanecer en la clandestinidad durante mas de 37 años hoy camina nuevamente libre por las calles.



El Linye fue publicada por El_Concigliere el 04/05/2010 a las 21.42 en Letras. Ha sido marcada con los tags concigliere, cuento, linyera, asesinato, identidad y recibido 2 comentarios.

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1 - anhir21 el 05/05/2010

Hola Conci, esto es joda? ayer escribí un comentario, también había otros, y ahora no hay ni votos ni comentarios, ¿qué pasó?
Me alegra leerte y me gustó mucho el cuento, cariños
anhir

2 - marinilla el 08/05/2010

tiene mi voto

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El Linye

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