Allá por 1995, la Enciclopedia Británica comenzó a vender subscripciones online. 70 mil personas pagaron por el servicio.
Cuatro años más tarde, y abrazando la esperanza de que con el boom de Internet conquistaría más usuarios, el portal abrió sus puertas. Sin la aduana del abono mensual.
Pero, como bien es sabido, todo cambia. Y aquellos días de enciclopedia gratis para todo el mundo se desvanecieron rápidamente.
Dos años después (es decir, en 2001), las aguas retomaron su curso original.
Desde entonces, la Enciclopedia Británica tiene un precio para quien quiera consultarla.
¿Cuánto? Setenta dólares anuales para acceder a la mayor parte del contenido del sitio.
Actualmente, se calcula que tiene unos 200 mil registrados.
Ahora, ¿a qué viene todo esto?
A que vivimos en un mundo donde todo cambia.
Hace apenas unos meses la mayoría de los medios de comunicación creía que el secreto de su éxito en Internet consistía en una fórmula de tres patas: ofrecer el contenido gratis, generar la mayor audiencia posible y recaudar con creces a través de la publicidad.
Sin embargo, bajo ningún pronóstico de nadie, de la noche a la mañana amanecimos en medio de la peor recesión financiera desde los años ´30 y los anuncios, no sólo online, sino también en prensa gráfica, radio y televisión -como era de esperar-, cayeron considerablemente.
¿Qué inventar, entonces, para salvar el negocio?
Esa es una de las preguntas sin respuestas claras del momento.
Para muchos ejecutivos, la solución es simple: hacer que los consumidores paguen.
Sin embargo, no todo es tan sencillo en este juego.
En los Estados Unidos, editores como Hearst Newspapers, The New York Times y Time Inc., están desarrollando una serie de estrategias para cobrar, al menos por algunos de sus servicios online.
Hay quienes opinan, como el magnate australiano Robert Murdoch, que la gente debería comenzar a pagar por leer las noticias en Internet.
El asunto, empero, merece un análisis en profundidad e implica un riesgo no menor.
Por ejemplo, ¿cómo hacer para que cientos de millones de personas paguen por algo que nunca han hecho, como es leer el diario gratis online? O, ¿cómo imponer una nueva modalidad que se mete con el bolsillo de la gente, en una generación acostumbrada (porque así creció) a algo diametralmente opuesto?
Los especialistas en management enseñan que lo primero, en cualquier negocio, es educar a los consumidores a que hay que pagar por algo que les será dado. Algo totalmente lógico y lleno de sentido común. Pero el problema con los medios de comunicación es que han entrenado a su audiencia en la dirección completamente opuesta. Algo así como: “Te lo doy, y gratis. Ese es tu derecho. Esa es mi obligación”.
Ahora, en épocas de recesión: ¿quién paga?
Ese es el debate.
Los principales medios aún no han resuelto qué rumbo tomar.
No obstante, es probable que en el corto plazo haya que pagar para acceder a algún que otro contenido.
¿Qué conviene, que crezca la audiencia y jugárselas con la recaudación de anunciantes?
¿O cobrar un precio, con el riesgo de que caiga el número de visitas, y por ende, de publicidades en el sitio?
Es interesante observar la dinámica que se ha producido en la última década, especialmente, entre editores y audiencia, entre periodistas y lectores.
Todo cambia. Constantemente. Tan rápido.
Algunos, en otros rubros, como diría un amigo, le encontraron el agujero al mate.
Coca Cola, por ejemplo. Que comenzó a envasar agua corriente, previamente filtrada, y meterla en unas botellitas bajo el nombre de Dasani. O las empresas de cable que recaudan con su servicio de televisión (que antes era gratis, al igual que el agua). Y ni mencionar las aerolíneas que ahora se han lanzado a cobrar las bebidas, las comidas, el más mínimo exceso de peso en el equipaje y, como si todo eso fuera poco, puede que hasta te saquen un billete por la almohadita extra.
Antes de la recesión económica y financiera mundial se estimaba que la publicidad online crecería entre un 25 a 35 por ciento anual. Hoy se habla de que ese número es del 10 por ciento para Internet y sólo del 3.5 para la televisión, de acuerdo con un informe de PricewaterhouseCoopers.
El debate entre gratis y pago sigue en pie.
Veremos qué pasa en los próximos meses.