Las ganas de escribir estas palabras me invadieron hoy a la mañana cuando iba caminando por la calle. Una señora muy aseñorada le decía con cara de pasa de uva a su hija de no más de 5 años que iba tarareando alegremente una canción de Shakira, que se cayara la boca porque no tenía talento para cantar.
En ese momento tuve un flashback de esos de película, mi mente voló y en blanco y negro aparecí yo en el coro de la escuela primaria, la maestra de música me mandaba al final del salón, donde mi voz casi no se escuchaba. Desde ese lejano día no pude cantar adelante de otras personas, en cambio sola en mi cuarto o en la ducha cuando nadie puede escucharme, disfruto entonandoa todo volumen mis canciones preferidas.
Cuando salí de mi ensoñación la señora amargada y su hija ya habían desaparecido y yo me quedé pensando en como unas simples palabras pueden marcarnos para siempre e impedirnos desarrollar aspectos que nos hacen bien, sobre todo si viene de alguien en quién confiamos y es importante para nosotros. Creo que el talento es un concepto erróneo, puede ser que haya gente más dada para algunas actividades, pero no más que eso. No es posible que una nena de 5 años no tenga talento, a lo sumo tendrá que desarrollarlo y puede costarle más o menos.
Está el típico ejemplo de los pintores que se hicieron famosos después de muertos, o para mencionar un caso más concreto está el escritor John Kennedy Toole, autor de "La conjura de los necios", una novela que a mi juicio es de lo mejor que se ha escrito nunca, y sin embargo su libro fue rechazado por decenas de editoriales y solo lo publicaron una vez que Keneddy Tool se había suicidado. Y no quiero imaginar la cantidad de obras magníficas que nos debemos haber perdido por una madre, un padre, un hermano o una profesora malintencionada que cuartó las ganas de expresarse de miles de chicos.
Por eso yo digo que el que quiera cantar que cante, el que quiera pintar que pinte y el que quiera bailar que baile. Pero para esto le pido a todos los adultos que cuiden sus palabras porque mal o bien intencionadas pueden marcar para siempre a un posible artista o a un simple mortal que tiene ganas de disfrutar.