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(nadienuncanada.blogspot.com)
Cuarenta minutos a pie por la ciudad de Buenos Aires permiten al caminante hacer una lectura de caras y expresiones – son las dos de la tarde de un día frío y con viento – que es casi una exposición de la ausencia de cualquier forma de felicidad. Rostros concentrados, mandíbulas duras, cejas en arco, miradas hacia abajo, queda claro, cuadra tras cuadra, que por estos lados la gente está apartada de la alegría – la de vivir, sencillamente- de manera amarga. Claro: es la ciudad del tango, la del hombre que está solo y espera, capital de la angustia y de la queja, insatisfecha y atragantada de sueños de grandeza que se alejan cada día un poco más. El derecho a buscar la felicidad – está, explícito, en la constitución norteamericana, por ejemplo- resulta impensable. La felicidad, parece, es un lujo. Con sobrevivir, alcanza.
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