Tal vez en otros lugares pueda pasar desapercibido, pero en Argentina es imposible que no haga el ruido de mil bombas. El libro negro del psicoanálisis llegó a las librerías del país más psicoanalizado del mundo y la resistencia psicoanalítica no se hizo esperar. Ahí están, con sus críticas ad hominem, respuestas irrelevantes y acusaciones espejo; ahí están, sublevados contra la razón blandiendo interpretaciones cual espadas yoicas dispuestas a partir el cráneo de los osados críticos; ahí quedan, sin contestar jamás ninguna de innúmeras acusaciones.
El libro negro del psicoanálisis: vivir, pensar y estar mejor sin Freud,
Catherine Meyer (dir.)
1ª ed. - Buenos Aires: Sudamericana, 2007.
656p.; 24x17 cm (Ensayo)
Trad.: Sergio Javier Di Nucci
ISBN 950-07-2796-9
El libro negro del psicoanálisis, vivir, pensar y estar mejor sin Freud es un libro de 656 páginas que recopila artículos, ensayos, entrevistas y opiniones sobre el desarrollo histórico de esta disciplina. Concurren cuarenta autores de diez nacionalidades entre los que reconozco a Jacques Van Rillaer, psicoanalista "desconvertido" famoso por haber apaleado ya a esta pseudociencia en Las ilusiones del psicoanálisis.
Debo confesar que cuando escuché la propaganda en la radio, mi primera Fantasía fue conseguir el libro para divertirme a costa de los psicoanalistas. Pensé que sería uno de esos libros en los que uno puede encontrar argumentos fulminantes para echárselo en la cara al Otro por puro Narcisismo. No me sentí defraudado, algo de eso tiene. Pero la recopilación es bastante más que una lista de mofas, se trata de un libro de historia del psicoanálisis en las antípodas de los panegíricos al uso.
El psicoanálisis nació en 1889 y desde el principio estuvo dominado por el embuste; Sigmund Freud no fue un héroe ni un revolucionario, sino un mentiroso neurótico. Tal es la sensación que me va quedando a medida que pasan las páginas. Siempre había tenido a Freud por un avispado burgués que supo obtener buenos dividendos de sus delirios, pero desde las primeras hojas me entero que la popularidad no llegó de forma tan sutil ni romántica: junto con Josef Breuer mintieron en la efectividad de la base del tratamiento psicoanalítico y desde entonces la mentira y el engaño, de una forma u otra, siempre estuvieron presentes.
Primero
Breuer mal diagnosticó histeria a Berta Pappenheim (
la señorita Anna O.) quien en realidad sufría una meningitis tuberculosa; luego ambos, Breuer y Freud, aseguraron en público que el método catártico o
talking cure empleado por Breuer para tratarla producía "éxitos terapéuticos imposibles de obtener por otros medios". Lo afirmaron habiendo aplicado la técnica una sola vez y sabiendo que la paciente había tenido recaídas y que habían tenido que hospitalizarla a causa de la misma "histeria" por la que Breuer la había dado de alta. Así nació el psicoanálisis: hijo de un error de diagnóstico y de un embuste.
Otro detalle que me llamó la atención fue el sistema piramidal que se inventó Freud para usufructuar su renombre. Cuando el psicoanálisis empezó a propagarse, cada vez más gente se dedicó a realizar interpretaciones por doquier. Quien quiera que haya leído algún texto de psicoanálisis sabe que la disciplina es fácil de entender y que no hace falta tener conocimientos previos de biología ni nada. Por lo tanto, es lógico que cualquier gandul haya querido sacar provecho del negocio en ciernes. Freud se dio cuenta del lucro cesante y de inmediato desautorizó a los interpretadores no homologados. Pero el negocio no estuvo en la desautorización sino en la estrategia del "análisis didáctico". En el análisis didáctico un psicoanalista se somete a la terapia guiada por otro psicoanalista. Freud sólo autorizaba las interpretaciones de quienes realizaban análisis didáctico con él o con alguno de sus fieles discípulos. Un genio de las finanzas el tipo.
Un capítulo notable es el de los mecanismos de defensa de los freudianos. En él, Van Rillaer analiza un manojo de argumentos que utilizan los freudianos tanto contra las críticas como contra los críticos del psicoanálisis. En una discusión racional ninguna idea es respetable. Las ideas están para ser puestas en duda, para ser discutidas y comparadas con otras ideas y con datos empíricos. Pero como el psicoanálisis no es una disciplina racional es entendible que los psicoanalistas no actúen de esa forma en los debates y pretendan que "los que critican al psicoanálisis tienen la necesidad de ser curados" o "no leyeron o comprendieron mal los textos fundacionales", o bien critican "por no haber (o haber sido mal) psicoanalizados", o porque "el crítico resiste el inconsciente" o porque "rechaza la idea del determinismo". Al parecer no fui el único que se cruzó con estos argumentos. No es mucho, pero es un consuelo.
El libro negro del psicoanálisis tiene 20 capítulos que Catherine Meyer, directora de edición, agrupó en cinco partes:
- La cara oculta de la historia freudiana
- ¿Por qué el psicoanálisis tuvo tanto éxito?
- El psicoanálisis frente a sus impasses
- Las víctimas del psicoanálisis
- Hay vida después de Freud
¿El final?
Suele presentarse al psicoanálisis, sobre todo en Argentina, a veces como una ciencia, otras como una terapia y otras como un instrumento de conocimiento en sí mismo. Pero cualquiera sea la exposición siempre lo promocionan como un método de indagación profunda de la psiquis humana: el psicoanálisis cura de verdad, mientras que otras terapias sólo atacan los síntomas es el discurso oficial. Pocas veces se publican resultados desfavorables y cuando lo hacen generalmente culpan al paciente por abandonar la terapia o de no ser capaz de disolver las resistencias. El libro muestra que es más bien al contrario, señala gran cantidad de casos históricos en que el psicoanálisis no sólo no curó sino que llana y lisamente dañó. Se acerca así a la opinión que el propio Lacan tenía de la disciplina. Él afirmó, sin pelos en la lengua, que no se trata más que de una estafa:
Nuestra práctica es una estafa, fanfarronear, hacer pestañear a la gente, deslumbrarla con palabras rebuscadas, es lo que habitualmente llamamos 'rebuscado'. [...] Desde el punto de vista ético, es insostenible nuestra profesión; es por eso que me enferma, porque tengo un superyó como todo el mundo. [...]De lo que se trata es de saber si Freud es, sí o no, un acontecimiento histórico. Yo creo que fracasó en lo que quería hacer. Le pasó como a mí, en poco tiempo a todo el mundo el psicoanálisis le importará un carajo.
Lacan, Le Nouvel Observateur, nº 880, p. 88
Al castillo construido por Freud y sus allegados comenzaron a vérsele fisuras y otras técnicas psicológicas están ayudando a que termine de derrumbarse; hoy la literatura psicoanalítica no supera el 4% de la producción mundial sobre psicología circulante en revistas y artículos; el poder hegemónico del freudismo está menguando en todo el mundo salvo en Francia y Argentina; y las terapias cognitivas y las neurociencias están demostrando mayor efectividad a pesar de las réplicas de psicoanalistas.
Es posible que
El libro negro del psicoanálisis sirva de algo, pero la cuesta de la soberbia es empinada. En esta noche medieval llena de semidioses y epopeyas, la confusión es tan grande y la oscuridad tan profunda que la luz, aunque sea de una vela, enceguece y hace doler. Sin embargo, basta insistir y esperar un poco para que la vista se acostumbre al brillo. Entonces, ya con los ojos abiertos y atentos, tal vez sea posible que Argentina vuelva a construir horizontes amplios y evolutivos en los que sea posible exhibir con orgullo saber real, no el de héroes fantásticos. El libro negro tiene un subtítulo: “Vivir, pensar y estar mejor sin Freud”. Que así sea.