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datagestion | 21/04/2009 | 03:10 hs

Este es el origen de la leyenda del borriquito

No todas las leyendas son incomprobables.

Tags: metaliteratura, leyendas, literatura latinoamericana, ana abregú, cuentos, poesía, artículos, notas
-2 votos
       13 comentarios

metaliteratura, leyendas, literatura latinoamericana, Ana Abregú, cuentos, poesía, artículos sobre literatura.

La leyenda, no es meramente un género literario, es un organismo vivo, con carácter propio, no en el sentido que se va difundiendo mediante la oralidad, sino en un sentido literal una especie de forma de vida que elige propagarse voluntariamente, escogiendo para ello al leyendador, el que será el encargado de trasmitirla.

El leyendador, no es una personalidad especialmente espiritual ni nada de eso, aún no he descubierto, ni creo que pueda algún día, saber con qué criterio una leyenda selecciona de entre todos los mortales a su leyendador.

Lo único que puedo aportar al respecto es mi propia experiencia, que como saben los lectores que han venido siguiendo mis andanzas, no está teñida del espejismo místico, o de particular predilección por el sentimentalismo o la religiosidad, sino más bien por lo contrario, expío por exceso de racionalidad.

Pero a las leyendas parece importarles poco las particularidades del leyendador que adoptan, no sé si todos los leyendadores han tenido que ser asediados por las leyendas muchas veces, pero en mi caso, necesariamente tuvo que ocurrir, porque como ya comenté, tengo un temperamento que no se inclina por la observancia de las revelaciones repentinas y me resisto a encontrar en los signos de la vida, atributos que me sean especialmente dedicados para con ellos preservar, trasmitir, hacer conocer una leyenda.

Las leyendas, me permito ahora decirlo, no te dejan en paz hasta que no haya ocurrido lo que tiene que ocurrir: la trasmisión.

Que viene a ser, justamente este momento.

Esto comienza desde muy atrás, de cuando yo era una niña, cuando era susceptible a las historias tradicionales o cuentos de trasmisión oral.

Yo vivía en el Norte de Argentina, y es bastante conocida allí la leyenda de la Mulánima, aquella que dicen que sale en las noches sin luna, que se manifiesta con rebuznos desgarradores y ruido de cadenas. Los que la vieron dicen que tiene los ojos brillantes y rojos como sangre y que de su boca echa fuego.

No voy a ahondar en esa leyenda, porque es de todos conocida, y no creo que me haya elegido como leyendadora, ya que nació antes que yo, y no es de la que tengo que referir, tampoco tendré en cuenta la segunda señal, en la que estuvo involucrada una vaca, que comparte con el equino, el hecho de que se alimentan con pasto, entre otros aspectos, si no del tercer caso; porque así como dicen que para dar por cierto que alguien merece ser santificado, se debe comprobar al menos tres milagros; en el caso de las leyendas son tres los avisos y es con el tercero con el que te encienden definitivamente para que te des por aludida que fuiste elegida como leyendador.

Esto comienza con un largo periplo, que podría detallar en otra ocasión, porque es atinente al caso, pero quiero llegar al punto y quizás sea menester en otro momento.

El periplo comienza en Buenos Aires, con una amiga y mi hermana, y llega hasta el momento en que aparecemos cinco mujeres en Amaicha del Valle, una de ellas dueña de la casa en la que íbamos a pernoctar por la noche.

El destino era las ruinas de Quilmes, pues mi hermana y yo, estábamos realizando con esta aventura, la reproducción de los viajes con nuestros padres cuando éramos niñas, una especie de recuperación de la niñez, así que las ruinas eran el paso obligado.

Qué impresión nos llevamos.

Comentamos con nuestras amigas, asombradas, que en nuestros recuerdos las ruinas eran ruinas de verdad y que el relato de que lo eran, te llegaba por voluntad de uno que otro baquiado que te mostraba una piedritas así y asá y te explicaban que eran las pirquitas, te mostraban otras piedritas iguales, y te explicaban que eran el asentamiento de una casa, te mostraban otras piedritas, análogas a las anteriores y te explicaban que era un mortero donde molían no sé qué cosa, y así, te iban armando un relato de la piedritas en un paisaje gris de piedritas, todas similares, en el que no había más que tu imaginación, pero eso era todo lo que había como guía turístico.

Ahora, hay un hotel de lujo con estrellas de bronce en la puerta, los guías son universitarios; las pirquitas, no son imaginarias, sino que las recrearon, y ahora ya no son piedritas iguales con diferentes escenarios, sino diferente escenarios con diferentes piedritas, en otras palabras: nos  abdujeron el paisaje de la niñez; eso, no tiene nada que ver con las verdaderas ruinas, no es más que la imaginación de alguien, calzada en escenarios reales con falsa piedritas.

Estábamos muy desilusionadas, no nos encontrábamos en ese paisaje.

Viendo nuestra decepción, nuestra amiga, la anfitriona del lugar, nos dice: por qué no vamos a las ruinas de Fuerte Quemado, que como no está tomada por el turismo se mantiene como debió estar cuando ustedes conocieron ésta.

Allá fuimos, las cinco mujeres.

Efectivamente, la primera sorpresa fue que el camino era prácticamente un lecho del río, el pobre auto, daba saltos, pero con cada uno, sentíamos el paso por el túnel del tiempo regresando a la niñez.

Ahí estaba el paisaje real, el mismo que teníamos en el recuerdo: nada por aquí, nada por allá, ese ruido del viento que se arremolina en las orejas y te hace sentir la enorme soledad del  páramo.

Y allí estaban las piedritas, y esta vez, no necesitamos que nos dijeran cuáles eran la base de una casa, o el mortero, o una cocina,  los montoncitos de piedritas, eran, como antes, iguales, pero los recuerdos de la niñez, construían lo necesario para no necesitar esta vez, más explicación.

En eso, nuestra amiga, nos señala allá arriba, en la montaña y nos dice: allá, en la cima, está la Ventanita, hay que subir hasta allí y hacer una introspección, si se logra conjugar con el espíritu de la montaña, los espíritus se comunican con una.

Ella y yo hicimos el intento de llegar hasta la Ventanita; ella para hablar con los espíritus, yo para meterme en el paisaje o que el paisaje se metiera dentro mío, y las otras 3 chicas, se quedaron allá abajo, mirando cómo intentábamos llegar.

El caso es que no creí, y sigo sin creer que los espíritus quieran comunicarse con alguien que no profesa la fe en su existencia, de manera que por más que hice el silencio necesario, y la introspección  correspondiente, ningún espíritu se dignó a aparecer.

Más allá de eso, me dio la oportunidad de tener una espectacular vista de 360 grados del lugar en donde todo era un páramo sin más almas que nosotras.

Bajamos, para seguir viaje, subimos las cinco al auto, y cuando estamos volviendo, apareció el burrito.

Recuerden que estábamos conduciendo en algo que parecía el lecho de un río, en el medio de la nada.

Delante del auto aparece un burrito, un borrico, que es como se le dice a los burritos cría; aaaaahhhhhhh, dijimos todas al unísono por tan bella criatura que son los borriquitos.

Pero el tipo no se movía.

Primero le tocamos bocina y nada, sólo movía la cabecita, hacia un lado y hacia otro como mirándonos a todas y cada una.

La que manejaba, mi hermana, movía el auto hacia la derecha, y el burrito se movía hacia allí, hacia la izquierda y el burrito de nuevo interfería, así, como en un baile, estaba claro que el burrito estaba empacado en no dejarnos pasar.

Mi hermana detuvo el auto y las cinco, nos quedamos perplejas, en silencio, sin saber qué hacer.

En eso, yo, que estaba sentada detrás, miro bien el burrito y le veo colgado en el cuello un aguallito pequeño con cierre, para los distraídos, un aguallo es una especie de pequeño bolsito que los Bolivianos tejen con muchos colores, son alegres y típicos del norte Argentino.

Se me ocurre decir: El burro quiere peaje, hay que pagarle.

Ante lo cual todas se burlaron, nahhh, dijeron; yo, sin hacerles caso, saqué la cartera y comencé a buscar monedas, en eso el burrito, percibió mi acción, y se movió para colocarse exactamente al lado de la puerta en donde yo me encontraba, dejando espacio suficiente para abrir la puerta.

Abrí la puerta, y por supuesto, no pude resistir el tocarlo, decirle cosas lindas, mimarlo; era un burrito precioso; mientras las chicas gritaban: no lo toques, te va a patear, cuidado, te va a morder, cuidado, quien sabe te empuja…y así, y yo sin hacerles el más mínimo caso, lo toqué, acaricié, le saqué una foto con el teléfono, le abrí el aguallito y deslicé las monedas que había sacado para ello.

En cuanto le cerré el aguallito, el burrito se dio la vuelta y siguió su camino; para entonces, una de las chicas, abrió la puerta del otro lado, viendo que el burrito no me había hecho nada, y quiso también ponerle moneditas, y tocarlo y acariciarlo, pero el burrito no se dejó alcanzar y siguió su camino, sin darse vuelta, desapareciendo misteriosamente en el páramo, así como desaparecen las cosas en los páramos, perdiéndose en el paisaje y volviéndose piedritas, que aunque igualitas, algunas son pirquitas, otras mortero, ahora burrito, y así.

El asunto no terminó ahí, nuestro viaje, nos condujo hasta Bolivia, en donde ocurrieron otras aventuras, pero para no hacerlo más largo, lo próximo que supe del burrito, ocurrió en el viaje de vuelta una semana después, recalando en Tucumán, en la casa de nuestra amiga Amaichense, la cual nos contó que se había sabido en Amaicha, armándose un gran revuelo, de nuestro encuentro con el borriquito, y todo lo que les conté, ahora informándonos ella, que ese era el espíritu del que se habla que suele aparecer en Fuerte Quemado.

En fin, yo qué sé, a los leyendadores nos elijen las leyendas, más allá de que yo insista en que no creo que los espíritus sean tan sólidos como para acariciarlos, ni exigir una explicación de para qué pide dinero un espíritu, ni que admitan como plausible mi teoría de que era un burrito amaestrado inteligentemente por los baquianos, que ya no son guias, lo cual me rebatieron diciendo que era un borriquito, que cómo se puede entrenar a un borriquito para hacer todo lo que hizo éste.

Lo único que sé es que estuve ahí, que lo toqué, que tengo la foto que lo comprueba, y que les presento aquí.

Por alguna razón, esta leyenda me ha elegido a mí, para ser trasmitida, más allá de que aún, considero que ha sido inadecuada su elección.

Ah, seguro que quieren saber si me ha ocurrido algún milagro, pero ya he ocupado demasiado espacio, esa historia la dejo para otra ocasión.

 

Ana Abregú.

 

 Observen el aguallito, colgado al cuello, se ve a la izquierda la puerta del auto abierta, miren el piso, como lecho de rio, inadecuado para el tránsito de vehículos.

 

 

 



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1 - ElCordobes el 22/04/2009

Como leyendadora no te veo pasta, si fuera un tema mas terrenal seguramente ya le habrias regalado una pagina, en cuanto a la foto ! lindo el burrito¡ yo solo conozco de toros pero tengo un amigo que es bastante burro que de lindo no tiene nada, sera porque es mezcla con pajaron.
ahi le va el voto, que joder.

2 - datagestion el 22/04/2009

Yo tampoco, me la paso admitiéndolo...:)...
Otra cosa rara fue que me dijeron que los burritos, cuando son de alguien son suaves, y tienen el pelo parejo, los cuidan, los cepllan; este burrito era áspero, y está desgreñado, de manera que era salvaje...
Pero...un burro salvaje, dónde se ha visto, en fin...vos viste alguna vez a alguien cepillando un burrito? Bueno, no sé, no vi muchas cosas, tampoco vi dragones, y hace poco encontraron uno...

Gracias por el comentario.

3 - Escritora el 23/04/2009

..qué lindo esto...es verdad?

4 - datagestion el 24/04/2009

Claro, es verdad.
Gracias por comentar.

5 - Amadeus el 24/04/2009

Todo aqui es como un mercado turco por ahí buscando, alguna chafalonía se encuentra.
Se fué Mitba/Gioconda trucha y ahora ¿vos te echás a la marchanta con lo del burro? esto se va al carajo eh,no hay duda.
Muchoa elocuencia corto y pego y bla-bla, y ahora ya no sabés que hacer.
Hubieras seguido la posta de carlygom y tenías un rato de notoriedad.
El tarjet no te da para andar sola por los caminos de Igooh,necesitás una pata o esbirros como feracorey no puede invadir el sitio,por no tener carisma.
Tenés el mismo makeup de la djuna solo que ella/flipi a veces se maquillan y otras se dicen te amo,cuando se miran al espejo.
Hacelo escribir al animalito a ver si por ahi se te pegan los pibes,pero loqueado como un Emo orejudo.
En una de esas enlazás con Cumbio y zaz! exito seguro.

6 - datagestion el 24/04/2009

¿Por qué "ahora" a la marchanta (qué palabra graciosa)? (chafalonía jejejeje)

La verdad que tu opinión me sorprende; dice la gente que siembra fantasías que este lugar recibe trecientas mil visitas, de manera que 3 o 4 comentarios de los que siguen mis artículos parece un poco de exceso de imaginación, que con ese número de personas se arma alguna conspiración, me parece; la impresión general es que la mayoría consideran tonteras que no merecen atención, de hecho quedó claro que por el contrario merecieron rechazos, de manera que si con este "descendí", quiere decir que en algún momento, algo te pareció "ascendente", me gustarías saber por qué no lo dijiste en ese momento, en vez de "instigarme" ahora.

No tengo ni idea qué hace el señor que nombras, pero seguro que yo no serviría para eso.

La gente, a veces se cansa, todos cansamos en algún momento, y nos cansamos.
Los que se van, regresarán eventualmente, o se cambian el nick y vuelven "renovados", y efectivamente no tengo el tarjet de algunos de los que nombras, que amablemente se devuelven gentilezas de comentarios. El factor "devolver gentileza", me parece un poco desfavorable e injusto con el autor, porque no se puede determinar con eso si el post tiene un valor real y por ende el comentario pierde su dimensión real también. En ese sentido, tu comentario me resulta interesante, si pudieras ayudarme a determinar por qué "descendió".

De todos modos, no sabía que a Igooh había que conquistarlo, pienso que la gente lee, si le interesa el tema, sin importar el carisma del autor; yo detesto a Andrés Rivera, pero compro y leo sus libros porque es un excelente escritor, aunque como persona me vale mi más profundo desprecio, entre otras personalidades muy populares que no nombre para no sembrar discordia.

Leo también muchas cosas aquí, aunque no las comento, cuando creo que no tengo nada que decir. Supongo que a la mayoría le pasa lo mismo. Tal vez a feracorey, no le interesó esta historia, o a los otros, qué sé yo.

En otro orden de cosas, escribo en no menos de 10 espacios diferentes, sobre temas diferentes, a veces, no me da el tiempo para cubrir todo el campo que quisiera o tal vez la calidad que quisiera (y encima trabajo y tengo familia).

¿Vos, tenés alguna sugerencia que hacerme?, por qué hay que "conquistar", por ejemplo. Por qué te parece que "descendí", en qué momento pensaste que estaba mejor, y por qué estaba mejor.

Porque imagino que perseguís algún propósito por la forma que elegiste aparecer, y el momento que elegiste, quizás, a un temperamento inquisitivo como el mío, se le ocurra pensar que sos un "amigoIgooh" aderezando un poco, casi el límite del ego, para "levantar" un poco el alicaído sistema "tributario" de los exhaustos autores que alimentan la maquinaria Igooh, ahora consumista y con un perfil publicitario.

No sé, tampoco es importante, claro, yo respeto el trabajo ajeno y no tengo problemas en ayudar a los que "trabajan", pero quizás, algún método menos obvio, daría mejor resultado.

Gracias por comentar.

(p.d.: no me gustan las patas, suelen hacer sus necesidades a cada paso, y en algún momento caen encima de una)

7 - mogollon el 26/04/2009

En realidad no iba a comentar este cuento, pero voy a ser sincero, me pasa que no me engancha porque no siento el clima, aunque hay detalles, como:
"...uno que otro baquiado que te mostraba una piedritas así y asá y te explicaban que eran las pirquitas, te mostraban otras piedritas iguales, y te explicaban que eran el asentamiento de una casa, te mostraban otras piedritas, análogas a las anteriores y te explicaban que era un mortero donde molían no sé qué cosa, y así, te iban armando un relato de la piedritas en un paisaje gris de piedritas, todas similares, en el que no había más que tu imaginación,..."
que me resulta un bella forma de contar, mayormente es algo plano el relato, más allá de la anécdota, será porque leí tu novela y los cuentos, que esta forma que elegiste me parece inferior a tus posibilidades.
Linda la leyenda, no hay duda que además todo tus planteos sean cuentos, leyendas artículos, son originales, pero en cuanto a manejo del lenguaje, espero más de vos.
De los artículos tecnológicos, aunque no entiendo mucho, me doy cuenta que sos kamikaze, decís cosas que nadie se anima a decir, y eso es lo que me gusta leer de ellos, pero no puedo opinar porque no sé nada del tema.
Igual, te leo, pero no siempre me gusta la forma en el elegís contar algo.

8 - datagestion el 26/04/2009

mogollon: admito la crítica, amito la obseravación, quizás me hubiera servido mejor que la expresaras antes de publicar la segunda. La próxima no te reprimas.
Gracias por comentar.

9 - datagestion el 26/04/2009

por apurada todo puse mal: amito=admito
obseravación: observación.

10 - feracorey el 27/04/2009

A mi me gusta esto también, más allá que mogollon es un exquisito. Ana, no comenté antes por falta de tiempo, como trabajo moviendome, no es facil disponer del momento.
Amadeus tiene una letra times roman 12, parecida a elConciglieri, pero su queja, en otro tono, se parece a la de mogollon. Son estilos.
Ana, para mi, esta historia es linda y ya.

11 - fiestas el 27/04/2009

Esto es hermoso.
Gracias por compartirlo.

12 - suri el 27/04/2009

Tengo que votar!.Como tucumana tengo que decir que me encantò.Los lugareños en nuestros valles son realmente ingeniosos,y lo del burro seguro fue un curro que se le ocurriò a alguno.
Genial,y cdo tenga oportunidad voy a ir a Fuerte Quemado solo para ver al burrito.
Muy bueno Ana!

13 - datagestion el 27/04/2009

Como escritora, admito que mogollon tiene razón, voy a repensar el texto.
Gracias suri! Te invito a leer la primera parte del viaje: http://www.igooh.com/notas/en-victoria-la-leyenda-de-los-pajaros/

feracorey: tomé como crítica saludable lo que dijo Amadeus, lo que pasa es que sus intenciones fueron otras, pero sin importar sus intenciones, tanto él como mogollon señalaron lo mismo, sólo que mogollon me tiró alguna pista de a qué se refería.

Igual, como dije a Amadeus, le agradezco la lectura, y admito el comentario en forma positiva, aunque haya elegido diferente tono y aunque en intenciones, también sea impreciso.

Gracias a todos por los comentarios.

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