Por Uriel Bederman
Basta con contar una anécdota personal para que aparezca de inmediato la de quien, aparentemente, nos prestaba el oído. Y admitámoslo: basta con estar escuchando la historia de otro para que creamos que aquel es el momento ideal para contar la nuestra.
Es sabido que la Argentina, junto a España, es uno de los países con mayor actividad psicoanalítica del mundo. Acaso ser bichos psicoanalizados nos haya mal acostumbrado a dilatar la confesión y creer que toda interacción no es más que un pie para nuestros cuentos.
Sospecho que para descifrar la denuncia no hay nada mejor que la introspección; ya que somos “psi”, ¡venga!, aprovechemos la cuota. Escena: Un amigo nos cuenta una linda anécdota de su viaje a Madrid. Dice que cerca de la Plaza de las Cibeles se comen unas paellas de puta madre. En un momento dado nuestra atención se volverá hacia la experiencia personal: no hemos viajado a Europa, pero un verano en Bolivia habíamos comido unos tamales que eran infernales. La primigenia atención entonces no será tan absoluta como lo era y estaremos atentos al más pequeño resquicio del habla de nuestro compañero para decir: “Claro, aquel verano en el que yo viajé a Bolivia…”
En “Memoria adentro”, una hermosa composición del músico argentino Raúl Carnota, un tipo que confiesa “haber andado un camino largo con el corazón al hombro”, se plantan en la biografía cantada las bases de un vivir. Y cuenta además el arte de una paz receptiva. Carnota canta haber “aprendido del camino hasta el mismísimo murmullo”, y respecto al diálogo agrega que “por fuerza es más advertido quien sabe cerrar la boca, hablando cuando le toca, uno escucha y es oído”.
“Memoria adentro” pertenece al trabajo discográfico “Solo los martes”. Escuchalo.
Será cuestión de esperar el venidero puntito negro, uno que anuncia el final, para que empiece tu voz, quienquiera que me escuche allí cerquita de estas letras que se abren camino en uno de esos cuadrados luminosos de los que se aprovecha mi habla para llegar a algún sitio.