Un porteño es un ser loco y estraño
a caballo entre la luz y la agonía.
Reinventando el mundo cada día
Unas veces cordial, otras huraño.
Devoto de su equipo y de sus cosas,
adorador de su propia valía.
Triste, empero, viviendo el día a día
como un tango de voz aguardentosa.
Para entender a un porteño, hay que admirarlo
como a una forma extraña de belleza.
Y estar un poco loco, "algo piantáo"
para entender su ácida tristeza.
Por las calles del viejo Buenos Aires,
llenas de gloria y argentino brillo
vagan las almas de los que han llegado
sin billete de vuelta en el bolsillo.