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carlygom
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Posteado:
15/08/2008
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22.57
Indec: ¿quién podrá rescatarte?
"La realidad que vivís no es la que percibís, sino la que te contamos"
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Como para no estar enojados
Esta semana la opinión pública fue reiteradamente conmovida por un interesante capítulo de la realidad mágica que implica pagar más caro cosas que, según los índices oficiales bajaron de precio. O uno es un boludo al que le ven la cara y le cobran de más, o los otrora expertos de gran confianza que miden la realidad ya enloquecieron.
El guión de una película italiana de los sesenta rezaba “si uno acerca el oído a la corteza de un árbol escucha una vibración: puede que en realidad venga de uno mismo, pero yo prefiero pensar que viene del árbol”.
Desde que con mi amigo Coli fundamos “El Parroquial”, nos hemos preocupado por dotar al semanario de un ritmo de periodismo serio y bien informado. Así que, en forma reiterada hemos mandado cartas a todos los funcionarios estatales para que nos reciban y hagan declaraciones para esta prestigiosa barriada que hoy roza la desinformación.
Por supuesto, nunca nadie nos contestó. Pero el lunes recibí uno de los ansiados llamados.
- Buenos días, ¿habla el señor Gómez?
- Sí, a sus órdenes.
- Soy la asistente privada de la Directora del Indec. Por favor: tome nota. De acuerdo con su petición la Licenciada lo recibirá hoy a las 12,30. Le recomiendo puntualidad.
Claro: no lo podía creer. Corrí a emprolijarme a la peluquería, a buscar el blazer a la tintorería. Mamá siempre decía “ese saco que te queda tan lindo con el escudo”.
Ni les cuento que ya a las doce estaba como un solo hombre sentado frente a esa rubia apenas vestida con ropa tan ajustada que con cada movimiento que ensayaba podía servir para una clase completa de Anatomía Descriptiva II.
Con cada sonrisa cómplice (o tal vez compasiva) que me lanzaba, parecía querer confirmar que ella estaba allí menos por sus dotes de experticia que por el lucimiento logrado por el selector de personal que la había hecho aterrizar por esos pasillos.
- Va a tener que ser un poco paciente. La Licenciada está en una tarea crucial, y la verdad que tarda más de lo previsto. Así que va a tener que quedarse solito porque yo me voy a almorzar ¿sí? –oí en medio de la inevitable borrachera en la que me sumergía la catarata de perfume francés que parecía emanar de su escote amplio y profundo.
Y quedé solo, en esa sala de espera ni parecida a la de mi dentista, que por lo menos tiene revistas viejas.
Me preguntaba cuál de esas oficinas sería la de la funcionaria que iba a entrevistar. En la que quedaba justo enfrente mío había una ventanita desde la que cada tanto se colaba un murmullo, y opté por espiar.
Reconocí a la Licenciada. Era la que había aparecido con su rostro en una nota del Infobae, en mi búsqueda por el Google. Tenía un dardo en la mano y apuntaba a un blanco que decía “bananas”. Lo lanzó, para luego gritar con júbilo:
- ¡Yo sabía que teníamos razón: las bananas volvieron a bajar un 24%!
- ¡Y el pescado bajó un 7%! –gritó otro Licenciado mientras abandonaba una ruleta como la de Sofovich y corría a abrazarla saltando de júbilo!
Temí que me vieran y volví a mi asiento. Justo para descubrir que entraba un señor al que recibía otra secretaria, que nerviosa le preguntó:
- ¿Trajo las cartas del tarot?
- ¡Por supuesto! Nunca me desprendo de ellas…
- El doctor está ansioso por recibirlo.
En realidad esta pausa en la espera me sirvió para pergeñar el titular del próximo número de “El Parroquial”: “Hay mejoras tecnológicas notables en el nuevo INDEC”.
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