Reconocido de manera únanime como un autor de referencia obligada, James Joyce tiene una obra que presenta grandes desafíos para la lectura, en particular porque se aparta de los lugares más transitados por la narrativa tradicional.
Uno de los rasgos distintivos de su escritura está relacionado con la circunstancia de haber tomado como eje de referencia a su Irlanda natal, y con ello haber logrando un efecto de sentido universal que lo sitúa como un autor cosmopolita.
Es decir, a partir de la atención meticulosa por un escenario acotado que refleja la ciudad en la que vivió su infancia, Dublín, de la que toma los materiales para construir su mundo ficcional, pasa a provocar significados de valor universal, expresados con un brillante despliegue de un lenguaje sin igual y un profundo conocimiento de los recursos literarios.
La época en la que desarrolló su escritura, no fue menos apasionante que él mismo, compartió espacio con otros artistas como Proust, Virginia Wolf, Picasso y Stravinsky, Katherine Mansfield, Valéry Lar Vaud y con Wyndham Lewis, Ernest Hemingway, constelación heterogénea.
Ulises, su novela más famosa es considerada por la crítica como un exponente ideal del vanguardismo modernista, en la que el dispositivo experimental constructivo y el diseño meticuloso del lenguaje lo alejan de las restricciones del relato clásico o de la poética realista. En su elaboración, Joyce imbricó un mosaico de elementos lingüísticos, que representan muchas de las cuestiones de la problemática constructiva del escritor actual.
Joyce rompió con los esquemas referenciales de su época y produjo una escritura compleja que requiere una lectura atenta y medular, con un fuerte compromiso por parte de quien se acerca a su mundo.
Es un autor de conocimiento obligado para aquellos que están en el camino de formarse como escritores, es justamente la dificultad lo que transforma el análisis de los procedimientos constructivos de Joyce en una convocatoria casi obligada.
Resulta atractivo leerlo críticamente en el desarrollo de un programa junto a escritores que han producido grandes poéticas de la narrativa breve como Edgar Allan Poe y Anton Chejov; esa posibilidad se concreta en un proyecto de taller de escritura que se va a desarrollar en el mes de abril, coordinado por el escritor y crítico literario Roberto Ferro, profesor de Literatura de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.
Quizás el destino del espacio que compartirán en esta propuesta nos revele que Joyce es una meta posible, o que Edgar Allan Poe y Anton Chejov, no eran tan triviales como se tiende a pensar.
Se puede solicitar ampliación sobre el taller en el sitio: http://www.robertoferro.com.ar/
Ana Abregu.