Había escuchado a Juan Quintero hace un tiempo ya, junto a su trío, "Aca Seca". Me lo había nombrado por primera vez Colacho Brizuela hace unos 4 o 5 años: "Ese tucumano es muy bueno". Cuando escuché el primer disco del trío de Juan quedé impresionado. Me encantó. Era un sonido con fuertes raíces en nuestra música folklórica pero con una propuesta totalmente novedosa y vanguardista. Con su corazón en lo antiguo Quintero está marcando un nuevo rumbo en el folklore.
El viernes pasado, 13 de octubre, la gente del Espacio Ecléctico, en Humberto I 730, me invitó a escucharlo junto a su pareja, la cantante Luna Monti. No hay excusas para perderse a este dúo de virtuosos cantores, enamorados de la música y comprometidos con la vida. Juan Quintero deslumbra como guitarrista, pero también por sus arreglos musicales, la expresividad de voz y hasta por su gracia y soltura frente al público. Su tucumanidad lo delata al pronunciar cada una de esas eses patinadas, casi siempre acompañando un sentido del humor endiablado pero siempre bienintencionado. Luna Monti tampoco queda atrás: seduce y hechiza con su voz y su silencio. Hay un gran trabajo de técnica vocal. Las voces de los enamorados se confunden con las armonías de la guitarra de Juan y llenan de duende la noche. A veces sólo se valen del acompañamiento austero de una cajita chayera, o de un par de accesorios percusivos básicos, para desplegar toda la expresividad encerradas en las canciones. Como en El Cosechero, ese bellísimo himno de Ramón Ayala, en el cual se le brinda un homenaje al trabajador del algodón. Juan y Luna rescatan hasta la mayor de las sutilezas de cada género folklórico y lo reviven a su manera joven, fresca, renovada, genial. Improvisan constantemente; pero ese juego de espontaneidad y soltura sólo puede ser posible gracias a las perseverantes horas de estudio y a los infatigables ensayos. Ya sea un chamamé, un rasguido doble, una chaya, chacarera, un gato, una cueca, una vidala o baguala...
Garzas viajeras, del compositor uruguayo Aníbal Sampayo, Confesiones del viento, de R. Yacomuzzi y Juan Falú, Al cimbrar de la vida del cuyano Félix D. Palorma y el divertidísimo Chipá, de L. Vallaco, son algunos de los temas que componen su último disco doble, Lila, que están llevando por los escenarios de todo el país.
Mientras los escuchaba aquella noche, me acordé de ese personaje, Juancito Caminador, que todo, todo se toma en broma, todo menos la canción. De hecho, Lila, en sánscrito significa "vida". Pero también significa "juego". Así se entendía la vida en los tiempos védicos. La vida como un juego. Y eso es lo que transmiten estos dos músicos privilegiados cuando se expresan, cuando se miran, cuando se callan.
Link de unas fotos que les saqué esa noche: http://www.flickr.com/photos/ignacio108/sets/72157594333633051/show/
A continuación copio una entrevista publicada el viernes 6 de octubre en el diario Clarín
Jóvenes y talentosos, comparten hogar y pasiones folclóricas. Acaban de sacar un disco juntos, "Lila".
Por Sandra de la Fuente ¿Va a visitar a Luna y a Juan? ¿Usted también canta tan lindo como ellos?", pregunta una sonriente vecina mientras abre la puerta del edificio en el que conviven Juan Quintero y Luna Monti, en el barrio de Flores. Su sonrisa no se desvanece cuando se entera de que esta cronista no canta, apenas pregunta. "¿Así que van a salir en el diario? Se lo merecen. Es una suerte tenerlos de vecinos".
Aunque hace ya algunos años que armaron un dúo con el que recorrieron el país, hace pocos meses que Monti y Quintero viven juntos. "Nos conocimos cuando estaba haciendo mi primer disco, en el 2000", cuenta Monti mientras une con unas puntadas una tela de verde vivo a lunares junto con una cinta de color fucsia.
La prenda será usada en la presentación de Lila , el nuevo disco del dúo, hoy, el 13 y el 20 a las 22 en Espacio Ecléctico, Humberto Primo 730. "Fue a través de Raúl Carnota, que en ese tiempo era mi productor. Yo andaba buscando temas para mi disco y llegué un día a su casa tarareando algo del Chivo Valladares. Me escuchó y me dijo que tenía canciones de otro tucumano que me iban a gustar. Y el otro tucumano era Juan. Por supuesto que me gustó. Me aprendí todo lo que Raúl tenía en ese casete que me hizo escuchar y un tiempo después le pedí el teléfono de Juan para proponerle que los tocara en mi disco".
Carlos Aguirre, Jorge Fandermole, Coqui Ortiz y Julio Ramírez son algunos de los invitados que forman parte del disco y vendrán a Buenos Aires para participar del concierto. "Como no nos daba para los gastos de hotelería y ellos vienen de Paraná, de Rosario y del Chaco —apunta Quintero—, pasarán la noche en casa junto con el diseñador del arte de tapa, que es mi hermano Santiago y el sonidista cordobés Marcelo Brizuela".
¿Era necesario "importar" sonidista?
Quintero : No me gusta el sonido de las guitarras enchufadas y este vago ha sacado muy buen sonido cada vez que hemos ido a tocar a Córdoba, así que lo traemos especialmente para el show.
El arte del disco —un disco doble o, mejor, un disco y medio— sintetiza una bicicleta antigua; el disco más pequeño trae una selección pensada para niños. "Nos divierte hacer música para chicos", cuenta Monti. "Tomamos lo infantil como algo que nos permite jugar, soltarnos más en la actuación, cambiar las voces".
Quintero : La verdad es que yo no creo en esa separación entre música para grandes y para chicos, pero sí me parece que hay músicos que tienen un manejo especial de lo escénico y eso les permite sostener mejor la relación con el público infantil.
Hace un tiempo que hay una suerte de reivindicación de la música del Litoral que está también presente en "Lila".
Quintero : En nuestro caso, no sé si llamarlo reivindicación o contagio. Nos hemos estado juntando mucho con músicos del Litoral. Hemos descubierto esa veta y a la hora de grabar quisimos compartir con ellos.
"La convivencia sólo suma", afirman. "Aunque a veces es un poco difícil encontrar el rato para componer", confiesa Juan. "Es que se le ha dado por la privacidad", sostiene risueña Luna Monti. "Cuando empezó a escribir el tema Maricón no quería mostrarme nada; yo le insistía, le insistía y se negaba. Impaciente, al final se me dio por decirle pero dale, mostrame eso, ¡no seas maricón!. Ahí levantó la cabeza y me contestó enojadísimo ¡Así que ya estuviste hurgando en mis cosas! ."