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fernigrin | 27/05/2012 | 18:49 hs

LA ESPADA Y LA CRUZ

El escándalo del que nadie se enterará por los medios tradicionales.

Tags: iglesia, cristianismo, argentina, dictadura, política
1 votos
       4 comentarios

A Dios rogando...

La siguiente es una síntesis de la nota de investigación de Horacio Verbitsky, que se puede leer completa en http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-194987-2012-05-27.html

El Episcopado confirmó ante la Justicia que desde 1978 sabía que la dictadura militar asesinaba a las personas detenidas-desaparecidas, cosa que nunca hizo pública. La tardía admisión se produjo con el reconocimiento de la autenticidad del documento publicado el 6 de mayo sobre el diálogo secreto con el dictador Jorge Videla del 10 de abril de 1978. Pese a ello tanto el Episcopado como el Vaticano y la gran prensa guardan silencio.

La judicialización del documento eclesiástico se produjo en la causa abierta para determinar lo sucedido con los restos de Roberto Santucho, a pedido de su familia, representada por el abogado Pablo Llonto.

Santucho fue abatido por una partida del Ejército y su cuerpo exhibido a la prensa en Campo de Mayo, pero luego desapareció sin explicaciones. A raíz de la confesión de Videla a un periodista español y otro argentino sobre el asesinato de los detenidos-desaparecidos, la jueza federal de San Martín, Martina Forns, a cargo de esa causa, citó a declarar al ex dictador. Videla dijo que él había decidido ocultar el destino de los restos de Santucho para evitar homenajes. Ante el cuidadoso interrogatorio preparado por Forns, Videla respondió sus preguntas durante más de tres horas. Sin eufemismos dijo que los detenidos-desaparecidos eran “condenados” y “ejecutados” y que ese método se había adoptado por comodidad porque creían que “no provocaba el impacto de un fusilamiento público”, que “la sociedad no lo iba a tolerar”. Agregó que “era difícil pensar que tantas personas podían ser juzgadas y la Justicia estaba asustada por la persecución que habían sufrido los jueces” del Camarón, el tribunal especial que actuó entre 1971 y 1973 durante la penúltima dictadura.

Durante un almuerzo con el cardenal Raúl Primatesta, arzobispo de Córdoba, el arzobispo de Santa Fe, Vicente Zazpe, y el de Buenos Aires, cardenal Juan Aramburu, quienes eran presidente y vicepresidentes del Episcopado, Videla explicó sobre lo sucedido a las personas detenidas-desaparecidas. Ello consta en una minuta para el Vaticano, que los tres eclesiásticos redactaron luego de ese almuerzo y que fue reproducida unas semanas atrás en Página 12.

En un clima que Aramburu describió como cordial, Videla dijo que no era fácil admitir que los desaparecidos estaban muertos, porque eso daría lugar a preguntas sobre dónde estaban y quién los había matado. Primatesta hizo referencia a las últimas desapariciones producidas durante la Pascua de 1978, “en un procedimiento muy similar al utilizado cuando secuestraron a las dos religiosas francesas”. Videla respondió que “sería lo más obvio decir que éstos ya están muertos, se trataría de pasar una línea divisoria y éstos han desaparecido y no están. Pero aunque eso parezca lo más claro sin embargo da pie a una serie de preguntas sobre dónde están sepultados: ¿en una fosa común? En ese caso, ¿quién los puso en esa fosa? Una serie de preguntas que la autoridad del gobierno no puede responder sinceramente por las consecuencias sobre personas”, es decir los secuestradores y asesinos. Primatesta insistió en la necesidad de encontrar alguna solución, porque preveía que el método de la desaparición de personas produciría a la larga “malos efectos”, dada “la amargura que deja en muchas familias”. Se refería en forma implícita a la carta que esa misma mañana le había enviado el presidente fundador del CELS, Emilio Mignone, padre de la detenida-desaparecida Mónica Candelaria Mignone, y una de las más altas personalidades laicas del catolicismo argentino. Mignone había sido ministro de Educación en la provincia de Buenos Aires en la década de 1940 y viceministro de Educación nacional en la de 1960.

El fundador del CELS le escribió a Primatesta que el sistema del secuestro, el robo, la tortura y el asesinato, “agravado con la negativa a entregar los cadáveres a los deudos, su eliminación por medio de la cremación o arrojándolos al mar o a los ríos o su sepultura anónima en fosas comunes” se realizaba en nombre de “la salvación de la ‘civilización cristiana’, la salvaguardia de la Iglesia Católica”. Agregó que la desesperación y el odio iban ganando muchos corazones.

Pero el desarrollo completo del diálogo sólo consta en la síntesis para el Vaticano. Cuando Primatesta advirtió sobre las amargas consecuencias del método de la desaparición forzada, Videla asintió. También él lo advertía, pero no encontraba la solución, dijo. Zazpe preguntó: “¿Qué le contestamos a la gente, porque en el fondo hay una verdad?”. Según el entonces arzobispo de Santa Fe, Videla “lo admitió”. Aramburu explicó que “el problema es qué contestar para que la gente no siga arguyendo”. Según Aramburu, cuando Videla repitió que “no encontraba solución, una respuesta satisfactoria, le sugerí que, por lo menos, dijeran que no estaban en condiciones de informar, que dijeran que estaban desaparecidos, fuera de los nombres que han dado a publicidad”. Primatesta explicó que “la Iglesia quiere comprender, cooperar, que es consciente del estado caótico en que estaba el país” y que medía cada palabra porque conocía muy bien “el daño que se le puede hacer al gobierno con referencia al bien común si no se guarda la debida altura”.

Luego de la publicación, la jueza Forns solicitó la entrega del documento a la Conferencia Episcopal. Sin dilación, recibió una copia. De este modo, la máxima conducción católica de la Argentina corroboró en forma oficial y en un expediente judicial que tanto la Iglesia argentina como la Santa Sede, para la que se confeccionó esa minuta, estaban al tanto del asesinato de las personas cuya desaparición era denunciada por sus familiares y por los organismos defensores de los derechos humanos.

Como si la enormidad del hecho les cortara el habla, tampoco los diarios Clarín, La Nación y Perfil se dieron por enterados de la publicación de ese documento fundamental para establecer el grado al que llegó la complicidad de la Iglesia Católica con la dictadura militar y su política criminal. Treinta y cuatro años después, el encubrimiento continúa. Cuando el periodista español Ricardo Angoso lo entrevistó en la prisión que el Servicio Penitenciario Federal tiene en Campo de Mayo, Videla dijo que “mi relación con la Iglesia Católica fue excelente, muy cordial, sincera y abierta”, porque “fue prudente”, no creó problemas ni siguió la “tendencia izquierdista y tercermundista” de otros Episcopados. Condenaba “algunos excesos”, pero “sin romper relaciones”. Con Primatesta, hasta “llegamos a ser amigos”.



LA ESPADA Y LA CRUZ fue publicada por fernigrin el 27/05/2012 a las 18.49 en Sociedad. Ha sido marcada con los tags iglesia, cristianismo, argentina, dictadura, política y recibido 4 comentarios.

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1 - kargus el 29/05/2012

Sin duda, es escandaloso, tan escandaloso como hacer la vista gorda sobre los crimenes equivalentes de las guerrillas en la misma epoca.

2 - fernigrin el 29/05/2012

Kargus: la publicación de mi post se debe a que en el diario Página 12 se destaca que ninguno de los diarios tradicionales menciona este hecho. Es decir: simplemente no pusieron la noticia, la escondieron o la borraron. Como lector en busca de información, uno compra un diario para enterarse de las noticias. De todas. Y si al medio o a quienes lo sustentan no le conviene, hacer el comentario o aclaración correspondiente, pero no omitir la noticia. Esto nos llevaría a preguntarnos cuántas otras noticias nos estarán escondiendo. Y creo que es un interrogante legítimo, ¿no?
Con respecto a "hacer la vista gorda sobre los crímenes equivalentes de las guerrillas" estoy de acuerdo. Pero han sido precisamente los medios que ocultan esto, los que se han encargado de mostrarlos de sobra en su momento (con los comentarios correspondientes), ya que durante la dictadura militar no han publicado otra cosa.
Aunque creo que con la reproducción que hago en mi post estoy hablando de otro tema: el de cómo se nos dan las noticias. El día en que el juzgado dio a luz esta noticia, no la publicó ninguno de los diarios que leemos, ni como desmentida, ni siquiera disimulada en los suplementos de espectáculos o economía. No las publicaron. Y tampoco explican por qué. Así, de prepo. Seguro que en los diarios de ese día uno pudo enterarse al dedillo qué hicieron Tinelli y sus muñecos de carne.

3 - kargus el 29/05/2012

Le doy la razon entonces.

Lo que sucede hoy en el manejo de la informacion a veces me resulta inaudito, estamos en medio de una guerra despiadada de medios donde cada uno publica, tendencia, retoca, edita o no publica segun su conveniencia ideologica, lo veo en los dos bandos, el oficialismo y la oposicion pero lo peor es que ademas lo veo en diarios extranjeros tambien.

En esto, yo por ejemplo me jacto de ser independiente frente al actual gobierno, hay cosas que me parecen mal y cosas que me parecen bien, resulta que soy lector de La Nacion y a veces m doy una vuelta por Pagina 12 y en ambos veo la tendenciosidad para direccionar a un lado u otro.

Yo no se si siempre fue asi y antes no lo notaba pero lo de ahora repito, es inaudito.

Por ejemplo, hace unos dias surgio una proclama de un supuesto congreso de una organizacion llamada M19, dice tener relacion con el PRT y ser continuador de la lucha santuchista del ERP y prometen retomar esas banderas, esto es, volver a las armas hasta la victoria de la clase proletria tomando el poder etc etc. Esto ha sido sistematicamente ignorado por la prensa.

Del mismo modo lo que usted publica, que es cierto y aunque la sola mencion del nefasto Verbitzky ya condiciona pero no por eso deja de ser aberrante que hombres de Dios confabulen para asesinar gente aunque en este caso bien vale decir que la iglesia no es una institucion monolitica de un solo discurso y posicionamiento politico y al mismo tiempo que esto sucedia con estos arzobispos tambien habian muchos que sostenian y trabajaban por lo contrario.

4 - fernigrin el 29/05/2012

El tema de la religión es complicado de tratar, en la medida de que la única forma real que tiene de manifestarse es bajo aspectos "terrenales", y por lo tanto está destinada a caer en todos los lugares comunes de la política, incluyendo delicados costados económicos.
Es cierto que la Iglesia, tal como afirma usted, no es una institución monolítica y que hubo gente que estuvo en "el otro lado", pero fueron los que perdieron y por eso hubo muchos asesinados, desaparecidos, torturados, combatidos y demás dentro de la confesión católica. Pero creo que el ejemplo más significativo está dado por la nota que reproduce mi post: el de Emilio Mignone que no era un opositor guerrillero más, sino que era uno de los laicos con más significación dentro de la organización religiosa oficial.
Los que "ganaron" fueron los representantes de las jerarquías más representativas, quienes se conjuraron en apoyar a un poder que ahora se revela que no ignoraban de qué manera y en qué dimensión se animaban a ejercerlo.
Pero queda un aspecto todavía más inquietante: ¿conocían Paulo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II este importante documento cuya copia está hoy en manos del Juzgado argentino? Porque entonces también cabe interrogarse por qué no actuaron en consecuencia. Y si no lo llegaron a conocer, ¿quién o a través de qué proceso se llegó a escamotearlo? La historia, muchas veces, tiene intrigas tan desconcertantes como la más embrollada novela policial.

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