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Ignacio | 20/08/2008 | 17:16 hs

La imbecilidad olímpica

Para los representantes de varios micropuntos internacionales que ocupan un lugar en el desfile de naciones lo importante no es ganar, sino no quedar como un completo imbécil.

Tags: ignacio escribano, matthew engel, michael phelps, juegos olímpicos, olimpíadas, pekin 2008
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       10 comentarios

¿Es realmente cierto aquello de que lo importante no es ganar sino participar?

Por Ignacio Escribano

Entre tanta información que circuló estos días con relación a los Juegos, quería destacar una columna publicada en el diario La Nación, el martes 19 de este mes, titulada: “El espíritu olímpico” y que, a mi entender, es no menos que imperdible, básicamente por dos motivos.

Primero, por la gracia y la calidad de la prosa con que está escrito; segundo, porque además de desplegar un vasto arco iris de datos de color, sumamente interesantes pero superficiales o triviales si se quiere, aporta además una mirada “políticamente incorrecta” que bien da lugar a la reflexión.

El autor, Matthew Engel, cierra el primer párrafo de su texto con una mezcla exquisita -si es que no son casi la misma cosa- de ironía, humor y sagacidad: “El viernes, en el momento en que Michael Phelps ganaba su medalla de oro olímpica número doce, un corredor tongano llamado Aisea Tohi se disponía, al otro lado de la calle, en el estadio principal de Pekín, a correr la prueba eliminatoria para los 100 metros. En la partida, le tocó situarse junto al jamaiquino Asafa Powell a la altura de los bíceps. Y, a diferencia de sus rivales, llevaba puestos unos shorts fuera de moda, de los que no acentúan los genitales.

Más adelante, Engel repara en el antiguo mantra atribuido al barón Pierre de Coubertin (responsable del lema olímpico oficial: citius, altius, fortius -más rápido, más alto, más fuerte-), que reza: “Lo importante no es ganar sino participar”.

“Para los representantes de las islas del Pacífico y otros micropuntos internacionales que ocupan un lugar en el desfile de naciones lo importante no es ganar, sino no quedar como un completo imbécil, él y su país. Tohi lo consiguió”, escribe Engel, con total libertad y sin ningún prurito. E inmediatamente, pregunta: “Entonces, ¿quiénes son los verdaderos olímpicos, los que son como Tohi o los corredores estrellas de los últimos años, que cargan con tests positivos de drogas y persistentes rumores?

Lamentablemente, el artículo no está disponible en la edición online de La Nación. Pero sí, aunque en su idioma original (inglés), puede leerse en el Finantial Times: Living up to the Olympic spirit in out-of-date shorts.

No obstante, y para que no emparejar a los grandes campeones con aquellos que recurren al poder de los químicos, Engel no se olvida de mencionar que “la única mancha relacionada con las drogas en el caso de Michael Phelps es el Ritalin, que le prescribieron de niño para aplacar su hiperactividad”. Y, a continuación, vuelve a rematar con otro latigazo de humor genial: “Su inigualable excelencia en la pileta parece derivar de un físico fenomenal, un temperamento inquebrantable y una dieta diaria de 12.000 calorías. (El punto tres no funciona por sí mismo)”.

En los últimos días, y en especial después de haber leído la nota de Engel, cada vez que sentí volcar la expectativa febril de todo un pueblo sobre los hombros mortales de Messi, Las Leonas, algún Nalbandian y los Ginóbilis (el desfile de atletas con oportunidades es escaso en el país de los cereales donde la mitad de la gente sufre de hambre y desnutrición), también me he preguntado si a fin de cuentas, más importante que ganar, es al menos no quedar -frente a los ojos propios y ajenos-, como un país rebalsado naturalmente de bronces, platas y oros, pero poblado por una manada de imbéciles que ha terminado aislada, pobre, embrutecida y enferma.

Octavio Paz escribió que la mucha luz es como la mucha sombra: no deja ver.

Que el brillo de las medallitas enchapadas -por qué no, dignas de celebración-, que pueda ganar o no ganar la Argentina, mi país, o cualquier país de la Tierra, no sea lo suficientemente incandescente como para enceguecer a su gente con la manipulación nacionalista del medallero olímpico.



La imbecilidad olímpica fue publicada por Ignacio el 20/08/2008 a las 17.16 en Sociedad. Ha sido marcada con los tags ignacio escribano, matthew engel, michael phelps, juegos olímpicos, olimpíadas, pekin 2008 y recibido 10 comentarios.

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1 - SRG el 20/08/2008

Vaya, vaya... que sutil. La verdad que muchas personas aún creeb que un juego olímpico es un evento de cada cuatro años donde los atletas de casi todo el mundo va a buscar medallas o títulos, etc. Y uno se termina preguntando, que significado tiene eso. Al menos a mí, cuando recibí mi título me sentí con porvecho y cierta felicidad, pero no el "rey del mundo". Sinceramente todo pasa por el marketing comercial que usa al atleta como la cara de un grupete de empresas patrocinantes que lo único que les importa es obtener mayores beneficios... No obstante, en este país en el que me tocó por suerte de Dios vivir, me siento con un profundo orgullo, con lagrinas en los ojos (¡que obviedad!), cuando veo la celeste y blanca correr, saltar, patear, resistir y hasta golpear... no se como más describirlo. Pero, a pesar de saber todo lo que se termina moviendo por detrás de un juego, lo que "corre" por todo el mundo (otra obviedad) no me quita esa sensación tan intensa, profunda y hasta te diría alegre de aquellos momentos, momentintos de gloria de aquella gente, sean quiénes sean.

2 - SRG el 20/08/2008

Es tan personal ese momento que ni el marketing, ni siquiera el ego del atleta te importa... sólo el sentir eso que pasa por tu cuerpo.

3 - tabloneros el 21/08/2008

en mi ciudad, los músicos hacen mucha fuerza para llegar a un escenario que se llama " el anfi " , cantas ahí y descansas; en una oportunidad, hace muchos años - en un pueblo que se llama San Miguel , corrientes- escuche cantar a una persona - que para mí fue una novedad - por su voz, alto , con una gran barba, la gente hizo una ronda , silenciosos lo escucharon, tenia una hermosa guitarra, una arboleda nos protegia - , no se quien era... hoy , me dí cuenta ahí- era joven -, que los escenarios para cantar son todos iguales , chicos, grandes , lejanos ; estuve ahí , puedo contar.
Esta bueno Pekin 08, comienzan a caer los granitos de arena - del relog de 4 años-, ojala que vayan lejos , nos llegan de a pocos , mejor.

4 - sama3000 el 21/08/2008

ESTE TIPO DE ACTITUDES DE NUESTROS ATLETAS Y POR
ENDE DE LA GENTE, SI SE GANA O SE PIERDE, ES UNO DE
LOS PUNTOS DONDE PASAN LA LINEA ANTICULTURAL DE
NUESTROS HNOS. HECHOS COMO ESTE, QUE NO APORTAN NADA AL MEOLLO DE NUESTROS PADECERES, HAY MONTO
NES DE EJEMPLOS, UNO RECIENTE, EL CORRIMIENTO DEL
ANIVERSARIO DE LA MUERTE EN VEZ DEL NACIMIENTO
DE UNOS DE LOS PROCERES, QUE MODIFICAMOS CON SA-
LIR TRES DIAS DE "DESCANSO", MUERTES, PROBLEMAS,
ETC. ETC. ENTONCES CREEO QUE SI NO HACEMOS LAS CO
SAS EN SERIO YA TE IMAGINARAS EL FINAL. HORACIO DE
LA PAMPA

5 - Thalia el 22/08/2008

Para comenzar nadie obliga a ningún atleta a practicar un deporte (con excepción de ciertos países donde los deportistas tienen más presión de ganar y ciertos privilegios para poder salir de la pobreza, un ejemplo: el país anfitrión).
El deportista es un ser especial a quien practicar un deporte le encanta, muchos corren sin recursos económicos, sin zapatos adecuados, sin calzones con suspensorios, sin calzonetas de fibra que adelgazan, jalan, aprietan y marcan los puntos claves, sin lentes de diseñador.

Admiro a los atletas porqué yo no muevo un dedo y no juego ni siquiera canicas.

No es cuestión de dinero es cuestión de querer,prepararse y poder.

Saludos

6 - rita el 22/08/2008

tu articulo, me hizo acordar, creo porque, a un libro de raj patel,, ESCRITOR angloindio" obe
sos y famelicos!, adonde dice, :"hay algo desquiciado en unmundo que por un lado revienta de grasa innecesaria y, por otro, permite el tormento de la muerte por inanicion"".......

7 - pago el 23/08/2008

es el primer año de los juegos olimpicos, que me engancho tanto, en cada competencia.
me fascina, ver a los deportistas, jugarselas todo, el esfuerzo de 4 años lo tienen que demostrar en solo minutos.eso es lo apasionante.
trato de disfrutar, aunque se, que detrás, siempre hay algo turbio

8 - laluci el 23/08/2008

Hay una legítima alegría por el trabajo bien hecho, con o sin medallas. Por otro lado, desde el imperio romano, tal vez antes , se han usado las competencias para distraer la atención de temas más graves: así pasó en el mundial 78. y todavía recuerdo el dolor y el desconcierto que sentí ante los festejos generalizados en medio del espanto que estábamos viviendo.

9 - djuna el 23/08/2008

Y que siga el pan y el circo...sigue dando resultados...

10 - oscarcesar el 25/08/2008

Creo importantìsimo que paises "de las islas del Pacífico y otros micropuntos internacionales"(como dice la nota), "envien" a sus representantes a participar de los juegos, aunque salga ultimos.
Primero porque incentivan a que otros de sus conciudadanos traten de mejorar la marca de ellos y asi ir creciendo en cantidad de deportistas y mejorando las clasificaciones.
Segundo, porque incentiva la practica de muchos deportes no tradicionales y otros de escasimo costo (como correr), ya que no todos los paises pueden tener una NBA.
Tercero, porque obliga a los gobiernos de esos paises a dar mas apoyo a sus deportistas para "no quedar como un completo imbécil".
Cuarto, seguro que muchos de esos deportistas se bancan solos la mayor parte del costo de su participaciòn en los juegos olimpicos, lo que hace mucho mas meritoria su clasificaciòn, aunque salgan "ultimos".
Finalmente creo que Engel trataba de rescatar la labor de estos deportistas, de otros que cuentan con toda una parafernalia de auspiciantes, que ganan muchisimo dinero, que tienen decenas de profesionales y de la mas avanzada tecnologia a su disposicion.




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