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Ecología
(Santiago Caruso).
Nubes grises y negras iban ganando el cielo de la Capital. No eran necesarios los pronósticos de la TV para suponer la tormenta aproximándose. Los periódicos informaban acerca de una próxima manifestación en las puertas de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo: activistas de Greenpeace preparan una enorme pecera, en motivo de una protestas ante el freno de la Ley de Protección de los Bosques Nativos.
Se sabe que desde comienzos del siglo XX la Argentina perdió dos tercios de la superficie de su bosque nativo. En los últimos años, la deforestación superó las 200.000 hectáreas anuales, siendo la región chaqueña la de mayor reducción de cobertura forestal.
Hoy el desmonte constituye el más grave problema ambiental, social y económico del país. Para peor, la pérdida de bosques nativos ha demostrado ser irrecuperable, cuando se ha tratado de revertir situaciones parecidas.
Estos bosques son también el territorio de miles de pequeñas comunidades campesinas, pueblos originarios y criollos, que dependen de ellos cotidianamente. La tasa actual de desmonte significa su expulsión hacia la pobreza suburbana.
Los efectos también se hacen sentir en el clima: desde mitad del año pasado, las provincias más afectadas por esta práctica -las norteñas Salta, Jujuy, Chaco y Formosa- han tenido lluvias que al no poder ser absorbidas, han causado las peores y más largas inundaciones de que se tenga registro.
Ante la extrema gravedad que tomó esta situación, algunos diputados han impulsado una Ley de Protección de los Bosques Nativos. La norma establece “una moratoria a los desmontes por cinco años o hasta tanto cada provincia desarrolle un ordenamiento territorial en sus bosques nativos, para que el territorio sea utilizado de manera racional, compatibilizando las necesidades sociales, económicas y ambientales”. Esta ley fue impulsada por organizaciones ambientalistas y cuenta con el apoyo de numerosas organizaciones campesinas e indígenas.
Paradójicamente, la ley que parecía casi unánimemente aprobada, fue frenada por diputados que provienen de las provincias donde la situación es más crítica.
Pasó el temporal. En La Nación online leo la noticia: "Un grupo de integrantes de la asociación ambientalista Greenpeace realizó una manifestación frente a la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable para reclamar la sanción de dicha ley. Siguiendo la línea de sus manifestaciones de extremo poder visual, dos activistas se sumergieron en un cubo de acrílico con agua al tiempo que sostenían un cartel con la inscripción: Más desmontes = más inundaciones".
Ahora -plena luz en la ciudad- recuerdo un temor bajo el diluvio. Fui conciente del enorme poder de la naturaleza que nos habla, que nos pide a gritos, que nos brinda las últimas treguas cuando el sol asoma tras los árboles que van quedando.
Fuentes:
-"Deforestación", por Javier Amorin, Rel-UITA, marzo de 2007.
-"Protesta contra el desmonte", diario La Nación, 18 de abril de 2007.
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