Por Ignacio Escribano
Cuando días atrás lo entrevisté a Shel Israel -co-autor del libro Naked Conversations, How Blogs are changing the way businesses talk with customers- en pleno corazón del Sillicon Valley, exactamente en el University Cafe de Palo Alto, palabras más, palabras menos, sin pelos en la lengua, me dijo: “El 90 por ciento de la gente que participa en las redes sociales online prefiere ver, antes que un contenido de gran calidad, el hipocampo que pintó en crayones de colores la hija de una fulana, inmortalizado ahora en la puerta de la heladera de una casa ubicada vaya a saber uno dónde; en Internet, ese tipo de cosas son mucho más populares que el trabajo serio de un profesional”.
Según él, en el variopinto universo de contenidos que se publica online siempre va a haber lugar para los “Picassos” y la “chatarra”.
De todas formas, Shel -que escribe y es consultor sobre temas relacionados con redes sociales online, y cuyo blog, Global Neighbourhoods, es uno de los 100 más populares en la categoría de negocios-, destaca el tremendo poder colectivo que se genera a partir de las redes sociales, ya que se trata de “gente que tiene los pies en la calle”.
“Algunos de ellos son grandes escritores, con gran experiencia y oficio -señala-; y hay otros que no son tan buenos narradores, pero que siempre andan con una cámara de fotos o de video encima”.
Shel sostiene, además, que las comunidades online son mucho más inteligentes, poderosas e influyentes que el alcance que puedan tener los expertos, de manera individual. Y trae un caso concreto como ejemplo: “Cuando apareció Wikipedia, en ese mismo momento había otra empresa que quería hacer una enciclopedia con expertos de diferentes áreas. Pero vino Wikipedia y dijo: «¡Eh!, vamos, vengan todos a participar»; la idea de su fundador era que las versiones de cada tópico, con el tiempo, se vuelven más y más fidedignas y veraces. Y lo cierto es que hoy nadie puede siquiera recordar cuál era el nombre de aquella empresa que un día quiso crear una enciclopedia con los mejores expertos del mundo”.
Shel Israel, tras haber abandonado su carrera de periodista (“ahí fue cuando dejé mis votos de pobreza”, bromea), trabajó durante más de 20 años relaciones públicas, en el lanzamiento de productos y en empresas como Sun Microsystems o Creative Labs, y junto a los equipos originales de PowerPoint, FileMaker, MapInfo, Virtual Vineyard, Napster, Riya, Scrapblog, entre otros.
Actualmente es consultor de CNET, Wells Fargo Bank e Hitachi Data Systems en temas relacionados a blogging y social media.
-¿Cómo evolucionaron, o involucionaron, las redes sociales en este último año?
-Yo diría que, en líneas generales, las redes sociales dejaron atrás el período de caos y entraron en uno de refinamiento. Hace apenas un año comenzaban a surgir sitios como Twitter y Facebook; otros, en tanto, morían en el intento. Hoy, Twitter y Facebook no sólo perduraron sino que además crecieron de manera casi impensada y marcaron un camino.
-Cuando te entrevisté el año pasado me habías dicho que los diarios, tarde o temprano, indefectiblemente iban a desaparecer…
Bueno, siguen vivos, pero si analizas la situación concreta de diarios históricos como el San Francisco Chronicle o el Boston Globe vas a llegar a la conclusión de que ya tienen muchísima menos influencia en la gente local, la circulación y los avisos cayeron significativamente, el staff se reduce más y más… Fijate que ya casi no tienen noticias locales. Los diarios han perdido relevancia en la comunidad.
Otro ejemplo, el gran tema en California estos últimos meses fueron los incendios. Y si te fijás, la foto de la tapa del San Francisco Chronicle de hace unos días, sobre un incendio que azotó una región a apenas tres horas en auto de la ciudad, era de agencia, de AP.
-¿Por falta de presupuesto?
-Exactamente. No pudieron enviar a un fotógrafo a un lugar que quedaba demasiado lejos o, si se quiere, demasiado caro para el presupuesto del diario. El Boston Globe, por su parte, ha tenido que pedirle un enorme préstamo a Morgan Stanley para permanencer con vida. Algo extremadamente raro para una empresa de 100 años de antigüedad. Se calcula que sólo el año el ese diario perdió unos 7.500 millones de dólares. Ahí tenés el futuro de los diarios. Por eso, volviendo a mi predicción del año pasado, acerca de que los diarios están agonizando, bueno, estaba absolutamente en lo cierto.
-¿No recibís más diarios en tu casa, en papel?
-No, ya no necesito comprar el diario para leer noticias, o para ver dónde ir a comer, o lo que sea…
-¿Y cómo te informás habitualmente?
Online: leo la BBC, el New York Times, el Washington Post… para algunos temas locales el San Francisco Chronicle; leo una gran cantidad blogs, a los que tengo ordenados por temáticas… También uso muchísimo el Google reader.
Cada vez que pasa algo por esta zona, enseguida me encuentro con alguna noticia de alguien que ya lo blogueó. Y no porque vayan al lugar a reportar el hecho, a modo de cronista. No. Lo escriben, lo fotografían o lo filman porque ya estaban ahí cuando ocurrió el hecho. Como te decía antes: hay cientos de ojos y oídos por todas partes listos para publicar online lo que ven y escuchan…
Cuando Shel había mencionado aquello de la “gente con los pies en la calle”, inmediatamente me vino a la mente la frase de un viejo periodista: “No es buena señal que haya mucha gente en la redacción de un diario”. Es decir, ese medio no tiene “los pies en la calle” y, por tanto, se pierde gran parte de la realidad que late más allá de sus paredes.
-Por último, ¿para qué usás Twitter?
-Para todo. Te doy un par de ejemplos. La semana pasada viajé a Detroit para dar una conferencia. A la noche, me dieron unas terribles ganas de comer un buen churrasco. ¿Adónde ir? Allí no conocía absolutamente a nadie. ¿Qué hice? Mandé un mensaje en Twitter pidiendo alguna recomendación (tengo más de 2000 contactos) y, en menos de 5 minutos, ya tenía más de 10 respuestas con lugares de primer nivel para comer carne en Detroit. Es más, la recomendación que me dieron no fue menos que excelente. ¡No sabés el manjar que me sirvieron! Otro ejemplo, en un mes tengo que viajar a China, también para dar una serie de charlas. ¿Qué leer? ¿Por dónde empezar? Una vez más, mis amigos de Twitter me resolvieron el asunto. En menos de 20 minutos tenía los nombres de una serie de libros, autores y blogs que no podía dejar de leer antes de viajar. Todo esto es algo fascinante que no deja de asombrarme. Te repito, creo que todavía no nos hemos dado cuenta del tremendo poder colectivo que se genera a partir de las redes sociales. Es una verdadera revolución en la historia de la humanidad.