(fuente de foto: de Eterna Cadencia: http://blog.eternacadencia.com.ar/?p=9474 )
En el marco del FILBA 2010, Festival Internacional de Literatura en Buenos Aires, se están realizando diferentes conferencias o mesas de discusión sobre literatura.
Me gustaría comentar la del jueves 2 de septiembre, a la cual le voy a redefinir el concepto, en vez de panel le voy a llamar reunión, no sólo porque convocó a escritores muy interesantes, sino porque a medida que se fue desenvolviendo la tarde se convirtió en un conjunto de cuestiones anecdóticas, amenas, y resultó mucho más que dar cátedras sobre el tema en cuestión.
Los escritores Roberto Ferro, escritor, crítico literario, Doctor en letras y profesor de la cátedra de Literatura Latinoamericana II de la Universidad de Buenos Aires, Carlos Liscano, director de la Biblioteca Nacional del Uruguay, Carlos Gamerro, escritor ex docente de la UBA, tres escritores considerados expertos en la obra de Onetti, compartieron con el público sus impresiones e investigaciones sobre este autor.
El moderador, el escritor Martín Kohan, comenzó expresando un sentimiento compartido: históricamente los Argentinos tendemos a querer “quedarnos” con los escritores Uruguayos que admiramos; comentario refrendado por Carlos Liscano, aduciendo que en Uruguay pasa lo mismo, cuando un escritor Argentino se impone en Uruguay.
Con esta idea, que convivió amablemente a lo largo de la tarde, el sello de la visión Argentina y Uruguaya sobre Onetti fue convergiendo en una charla amena y salpicada de anécdotas.
Un momento interesante de la reunión fue la exposición de Roberto Ferro sobre la idea de lugar geográfico de Santa María, la ciudad imaginada por Onetti, teniendo en cuenta que esa creación convive con otros lugares creados por otros escritores, como la Santa María de Saer o el Macondo de García Marquez, Ferro señala que la diferencia está en que las dos últimas tiene su referente en lugares físicos, reales, mientras que la de Onetti es una construcción.
La construcción se realiza en su obra. Brausen, un personaje de “La vida Breve”, obra cumbre de Onetti, imagina un guión, cuyo personaje, Diaz Grey, vive en una ciudad llamada Santa María.
Con esa idea fundamental, los personajes de Santa María viven a través de la literatura de Onetti casi hasta confundirse con la realidad que nos imbrica Onetti con maestría, hasta que es difícil determinar cuál es el guión y cuál la realidad.
La ubicación de la ciudad, comenta Ferro: “una ciudad colocada entre un río y una colonia de labradores suizos” según palabras del autor, es indiscernible, según su apreciación, no existe “entre”, entre la ciudad y el rio no hay nada, está la imaginación de Onetti.
Sin embargo, Carlos Gamerro, opinó que Santa María estaba sin duda en Argentina, desgranando características descriptas sobre el lugar, compartiendo a su modo lo que Martín Kohan había indicado anteriormente: nos apropiamos de los escritores que nos gustan e incluso pensamos que nos describen.
Entre otras cosas, la conversación derivó en el carácter de Onetti, en el que todos estuvieron de acuerdo, no era de lo más amable, pues fundamentalmente sólo le ponía atención a la literatura y no le daba ninguna importancia a ningún aspecto social.
Carlos Liscano, escritor uruguayo, refirió en una anécdota cuando en ocasión de una entrevista, se negaba a colocarse dientes postizos, disculpándose frente al periodista con la frase: “disculpáme que no tenga dientes, se los presté a Vargas Llosa”.
Los diversos aspectos literarios de su obra que fueron recorridos brevemente por cada escritor culminó en una pregunta del público, inesperada; a alguien le interesó saber si alguno de los escritores había conocido personalmente a Onetti, lo que reveló que emanaban una energía especial, creadora, en una tarde de lluvia ideal en la que la admiración por Onetti flotaba.
La sorpresa fue que no, aunque todos conocían a alguien que lo había conocido, con dos excepciones interesantes, una fue la intervención de Noé Jitrik, que estaba entre el público, comentando su experiencia, cuando en dos ocasiones tuvo oportunidad de encontrarse con el escritor, y la del embajador de Uruguay, que se encontraba también entre el público y comentó anécdotas interesantes sobre la vida más común de Onetti, costumbres de bar, o de amigos, lo cual desató una serie de semblanzas sobre el carácter de Onetti que el público festejó con risas.
No es posible resumir los aspectos literarios interesantes que se desplegaron, donde no sólo se revelaron los puntos claves e interesantes de la obra de Onetti, sino la visión de cada escritor; en lo que todos coincidieron es que la obra de Onetti es fundamental en la literatura.
Me quedé con ganas de más.
Lo que se dice una tarde de lluvia ideal.
Ana Abregú.
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