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Ignacio | 27/05/2007 | 16:28 hs

Luis Landriscina: contador público nacional

A más de 40 años de aquel Cosquín que lo lanzó a la popularidad, una charla mano a mano con este hombre capaz de atrapar en sus redes de narrador a quien lo escuche.

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Don Luis, mate en mano; 1978.

Por Ignacio Escribano

En persona, y mano a mano, habla igualito que cuando está en los escenarios, en la radio, en los discos o en la televisión: despacito y por la orilla como sulky sin patente. Y hasta cuando reflexiona sobre sus adorados nietos, la vida misma o su esmerada huerta, da la sensación de que estuviera contando un cuento. Da lo mismo. Cada minucia cotidiana la transforma en un relato. Esa es su alquimia; su gran encanto.

A 40 años de haber llegado con la delegación del Chaco al Festival de Cosquín, allá en el ´64 -año en que fue “revelación” como cuentista y recitador-, Luis Landriscina conserva intactas sus herramientas fundamentales, esas que lo llevaron a ser el contador público nacional indiscutido: un agudo poder de observación, una gran capacidad de retentiva y una gracia definitivamente natural.

Según él, la sonrisa es la resultancia de la complicidad entre el humor y la inteligencia.

Las presentaciones de su ciclo Dentrando a salir, una suerte de gira despedida, lo alejaron definitivamente de los escenarios. “Aunque no del humor -confiesa-; pienso seguir hasta que Dios me diga no tenés más capacidad porque te viene a visitar un alemán, un tal Alzheimer”. Además, se opuso rotundamente a hacer su despedida en modalidad chalchalera: “En julio de 2005 terminó el ciclo nomás”, dispara este experto en usos y costumbres de las más diversas regiones del país, sentado ahora en el living de su casa, en Olivos.

Frente a él, entre silencios decidores y palabras reflexivas, cuelga un retrato en blanco y negro reconstruido por Raota. Los que posan son dos contratistas de los obrajes chaqueños: Santiago Rodríguez y Margarita Martínez, sus padres adoptivos.

Hacia su izquierda, en un rincón, descansan una pila de recuerdos en un viejo aparador. Entre ellos, tras las puertitas de vidrio, dos servilleteros de plata con las iniciales “M.S.”, del programa de Mirta Legrand, un Lancia en miniatura, un mate más, una armónica de Hugo Díaz… Y, por encima de todos ellos, el último autógrafo que firmó Sandrini: “Para mi tocayo, amigo y compañero Landriscina, 1980”.

En la sala contigua, en el palenque de esa suerte de garage-taller que don Luis armó cuando sus hijos comenzaron a correr en autos, retoza un Alfa Romeo 1750 GTV, modelo ´68, que le prestaron para correr las Mil Millas Sport de la República Argentina. Por momentos, hay olor a nafta en la conversación.

El sosiego decidor con acento campechano, marca registrada de Landriscina, es diametralmente opuesto a una velocidad mental extraordinaria.

Todo lo que dice este indiscutido referente del humor argentino es una síntesis perfecta de su cuna chaqueña, de su sangre re tana y de sus hábitos que parecerían haberse vuelto cada vez más rioplatenses. La combinación es explosiva.

-¿Quién lo hace matar de risa?

-Mirá, no es que yo sea de risa fácil… pero me río mucho con Gasalla, Pinti, Dady Brieva, Miguel del Sel. Y entre mis colegas contadores de cuentos, me gustan el negro Alvarez, Cacho Buenaventura, Norman Erlich…

-¿Y cuál es el súmmum de todos ellos?

-(Sin pensarlo) ¡Les Luthiers! Pero hay mucha gente buena… Hugo Varela... Y los del humor absurdo que me parecen geniales son el gordo Casero y estos de Todo por dos pesos.

-De todos ellos tal vez Les Luthier son los únicos que no incluyen malas palabras en el repertorio…

-Mirá, ¿sabés qué pasa?, a mí me molesta la grosería por la grosería misma. Pero un tipo que usa una mala palabra con talento, es simplemente alguien que hace humor desde otro lugar. Pero eso no quiere decir que sea mediocre.

-Pinti, por ejemplo, es una locomotora de decir malas palabras…

-Mi mujer (comenta riendo), me dice: “A mi me gusta verlo a Pinti porque dice todo lo que yo hubiera querido decir de chica”; un poco exagerando claro, pero se refiere a esa libertad pa´…

-Para expresarse…

-Eso. Es que los caminos hacia la risa, la sonrisa o la carcajada tienen distintas vertientes. Y hay gente para cada una de ellas. Lo mío no es mejor, es distinto.

-¿Le llama la atención el sentido del humor de alguna región en particular?

-El andaluz… y el de las Islas Canarias. Ellos dicen: “Somos andaluces pasados por agua”. El cubano es muy gracioso también.

-A usted que es tuerca: ¿Cuál es el Schumacher del humor de todos los tiempos?

-Mirá, es muy difícil responder eso. Yo era muy admirador de Sandrini, de Nini Marshall. Nini tenía esta cosa de hacer reír sin hacer poner colorada a la abuela…

-¿Hay algún lugar en donde su humor no sea bien recibido? Por ejemplo, uno podría pensar en la Capital Federal, donde se vive demasiado apurado como para “perder media hora en un cuento”.

-Al contrario. Llegó a pasarme lo siguiente, cuando hacía un micro de humor en canal 13, antes del noticiero, te hablo del año ´73, ´74: un señor en un Mercedes Benz me hace señas para que estacione. Y pensé: “¿Lo habré tocado o algo?” Iba con chofer el tipo. Se baja y me dice: “Mire, no soy cholulo, pero, ¿sabe qué?, le quiero agradecer la pausa que le pone a mis horas; después no quiero ni ver el noticiero para no amargarme”. Bueno, como esta historia he tenido varias. Ahora, es cierto que el porteño tiene que acudir al chiste porque ni siquiera tiene tiempo pa´ reírse. Pero le gusta contar. Más de una vez me han dicho: “¡Ah!, quise contar a ese que contó usted el otro día, y no se rió nadie”.

-¿Y dónde le erraron, ahí, en el rol de Landriscina?

-Tal vez se olvidan de detalles esenciales. Por eso cuando me llaman para eso que le dicen “cena show”, les suelo decir a los que me contratan, vulgarmente, que no entretengo digestiones. Lo mío, o se escucha, o no se escucha. Y si no tenés capacidad pa´ que te hagan silencio, es o porque no estás en el ámbito adecuado o porque la gente no tiene interés en lo que hacés.

-¿Recuerda alguna metida de pata por algún término o frase que haya sido malinterpretado o no comprendido?

-Me pasó en Uruguay. En lo que ellos llaman una fonoplatea. Y cuento uno como pa´… y no pasó nada. Y puse una cara de desgraciado que ni te digo. Los miré a todos y les dije: “Ya terminó el cuento”. Y se rieron de eso.

-¿Y en dónde le había pifiado?

-Yo había dicho guampa, y en Uruguay eso se conoce como cuerno. Era un cuento breve y muy gracioso, pero no la entendieron. Hay tantas cosas. Mirá, al portaequipaje allá le llaman la vaca; al baúl del auto, la valija; al machete, pa´ rendir, ellos le dicen ferrocarril; y le dicen machete al amarrete… Una vez me dijeron: “¡Eh, cuéntese otro, no sea machete!”

-¿Cuál es la gran diferencia del uruguayo con el porteño?

-El uruguayo es un tipo que parece más provinciano y es un anfitrión por naturaleza; no se hace el simpático, ni el cordial ni el atento. Es así. Siguen manteniendo lo que tuvo Buenos Aires en el año ´40, esa cosa de conocerse, de lo que se dice “perder tiempo en el café con un amigo”. Y yo creo que se gana tiempo.

-¿Heredaron sus hijos su veta humorística?

-Mis hijos son muy graciosos, pero con sus amigos. Jamás se subirían a un escenario. Sin embargo, mi nieto, que se llama Luis Landriscina (yo me llamo Luigi, aclara), tiene unas ganas de subirseLa vez pasada, cuando había cumplido cinco años, le dijo al padre: “Yo quiero ir a Cosquín a recitar el verso del abuelo, el Casi Gringo, pa´ ganarme el Oscar”. Tiene entreverado los escenarios…

-¿Cree que los argentinos somos intolerantes, o, si prefiere, ignorantes?

-Creo que somos un poco intolerantes, y mucho por ignorancia. Yo tengo primaria nomás, porque donde vivía no había secundaria. Pero con el alfabeto sólo me pusieron el mundo a los pies. Y otra cosa: los viajes me abrieron mucho la cabeza. De ahí que me haya gustado acuñar la frase: “Toda intolerancia viene por ignorancia”. Al viajar, entendés más al otro. Y lo admito: yo era un intolerante. Como dijo aquella periodista italiana, Oriana Fallaci, que en todo argentino hay un enano fachista.

-¿No tenía algo de razón?

-Totalmente. Hay una generación que aún en democracia creció bajo la vara del autoritarismo. E incorporamos esos mandatos como si fueran la regla.

-O la manera de referirse al vecino con desprecio: paragua, bolita…  

-Sí, todo ese tipo de cosas. Algo muy despectivo: porque es morocho, porque es petisito… lo mismo que con nuestros indios. Yo me crié con una gallega que decía: “Zurcido pero limpio”. ¿Ta´ claro? O te pongo como ejemplo un boliviano. ¿Alguna vez viste un boliviano pidiendo? En la mano tiene cuatro cabezas de ajo, o cuatro limones o un atado de arvejas recién cosechadas… ¿Y sabe por qué? Porque le da vergüenza pedir. Y nosotros mandamos a los chicos a pedir al lado del obelisco para dar lástima. Esas son las dos grandes diferencias entre la pobreza con dignidad y la otra.

-Un título como Dentrando a salir se asocia con el fin de otro ciclo: la vida. ¿Ha reflexionado sobre su propia muerte?

-Sí. Es más, ya estuve muerto tres minutos. En Puígari, en el ´90, ahí en el Sanatorio del Plata de los adventistas. Y la verdad es que no quería volver pa´ este otro lado; ´taba muy bien del otro. Pero la muerte, en sí, no me asusta. Mirá, si sustentás la fe que decís tener, y hablás de la vida eterna, no podés correr la parca a bolsazos, porque no es una enemiga, es parte del ciclo de la vida.

-Entonces, si el cielo existe: ¿Cómo le gustaría que lo reciba Dios?

-(Silencio). Yo se que me va a llamar al costado pa´ tirarme las orejas por algunas cosas. Y seguramente me va a perdonar otras.

-¿Pero con qué palabras le gustaría que lo reciba?

-(Sin titubear). Te estaba esperando.

-A vos…

-Sí, a vos te estaba esperando.

-¿Notó que en nuestra sociedad no se habla de la muerte?

-Es cierto, el tema de la muerte no está tan hablado como el de la vida. Y si bien es cierto que uno tiene la obligación de defender la vida, tampoco hay que pelearle a Dios la decisión de llevarte, ¿´tá? A este tema ya lo hemos conversado con mi mujer. Ninguno lo va a dejar en estado vegetativo al otro.

-¿No le llama la atención que además de ser la única especie animal dotada con la capacidad de reír, a medida que crecemos y supuestamente, más evolucionamos, menos reímos?

-Tal vez porque nos dejamos agobiar por las pequeñas cosas de la vida. Nos enojamos porque es sábado e igual llueve. ¿Y qué quiere que haga? ¿Me voy a pelear con el gobierno? No, y bueno, es cuestión de buscarle el costado lindo a la lluvia…

-La aceptación total de las cosas como son, ¿qué difícil a veces, no?

-Sí. Y yo he aprendido un montón sobre ese tema, pero hay cosas que en la vida alguien te las tiene que decir; ayudarte a comprender.

-¿Cuál es la contracara del humor?

- El pesimismo, más que el mal humor, que puede ser generado por contratiempos.

­-Entonces, ¿podríamos definir a la persona exitosa como aquella a la que nadie ni nada le saca la sonrisa de la cara?

-Por supuesto. Además, el éxito: ¿qué es? Los mensajes pasan por tener el auto, y que eso es el placer. El placer se construye con los años y con angustia. El placer hasta lo podés comprar. Y es un ratito. La felicidad, si sos un muchacho, consiste en tener una novia; pero va acompañado de la angustia de que la puedas perder. O tener un amigo; pero va de la mano con la angustia de que se pueda enfermar, morir o hacerte una mala pasada, que para mí es peor que una desilusión amorosa. Yo privilegio siempre la lealtad, la discreción y la gratitud.

-A veces es difícil sentir gratitud con lo que tenemos. ¿Le ha ocurrido?

-Te digo que esto también llega con los años. Yo soy de rezar. Primero agradezco haber amanecido y después, a la noche, haber vivido el día. Y cada día disfruto más de las pequeñas cosas. Y ahí está la cosa.

 

Los antiguos dueños de la Tierra

Recuerdo hace dos o tres años cuando fuimos a Cosquín, que llevé a los tobas, los mocovíes y los huichí, y me dijo uno de ellos: “Don Luis, yo se que usted es muy bien intencionado con nosotros, pero hay una cosa que dice para halagarnos. Usted dice que nosotros somos los antiguos dueños de la Tierra; le voy a pedir que no lo diga más, porque las comunidades indígenas no aceptamos que la Tierra tenga dueño”. ¿Entendés? Yo había convivido con los indios 40, 50 años, sí, pero hasta que no hablé con alguien que abrió su corazón, y yo tuve tiempo para escucharlo, no entendí bien su filosofía. Y empecé a mirarlos más porque tienen una cosmovisión totalmente distinta a la nuestra. Los Aymará viven agradeciéndole a la Pacha Mama hace 4.000 años y nosotros empezamos a celebrar el día de la Tierra sólo cuando lo dijo uno de Norteamérica.

 

La fama es una vieja tramposa

Este es un oficio que te hace más conocido pero no te hace mejor; y ésta es una trampa que le suelo explicar a los que comienzan en este asunto. La fama es mucho más peligrosa como vieja tramposa que como amiga. Es una vieja que te mete tentaciones a cada paso y de pronto te quiere convencer que estás por encima del común denominador. Por eso yo no creo en los mártires de la popularidad: porque este oficio no se hereda; no es la ladrillería de papá de la cual tengo que hacerme cargo. Esto lo salís a buscar vos. Por eso, si luchás por ser popular y después te escondés detrás de unos lentes ahumados porque te molesta la gente, entonces es que hay algo que no está bien sincronizado en tu estructura.

 



Luis Landriscina: contador público nacional fue publicada por Ignacio el 27/05/2007 a las 16.28 en Cultura. Y ha recibido 6 comentarios.

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1 - kuma el 27/05/2007

Estmado Ignacio ;Leí todo el reportaje ,pensando que el hombre al fin,
estudió,y se recibió ,una carrera ....pero...no.
Recién ahora caigo ,despues de mucho pensar ,claro ...Contador
de chistes y relatos ..con ese Don ,que el tiene Landricina..la verdad, no necesita nada mas.

2 - juanjografia el 29/05/2007

Exelente, muy buena nota y sobre todo ...un titulo que me llevó, ávido de conocimiento,a encontrar el momento en que descubririamos que DON LUIGUI era doctor en Económicas.-

3 - Marigel el 29/05/2007

No hay una sóla frase que este hombre diga, que no sea digna de resaltarla. Pero me fascinó una, por "todo" lo que significa :"Yo había convivido con los indios 40, 50 años, sí, pero hasta que no hablé con alguien que abrió su corazón, y yo tuve tiempo para escucharlo, no entendí bien su filosofía". Landrisina es un "grande" ,sin lugar a dudas. Si estuviéramos dispuestos a escuchar... Gracias por permitirnos disfrutar de un reportaje que deja tantas cosas positivas.

4 - Gilez el 31/05/2007

Ayer vi un programa de televisión en el que Luis Majul le hacía un reportaje a Landriscina. Que fenómeno! Tal como lo pinta Ignacio en el suyo. Pienso que en estas épocas de bailes de caño y grandes hermanos famosos, un tipo que cuenta cuentos, hacer reir y nos enseña parecería ser un desubicado. Pero cuaántos Landriscinas nos están haciendo falta para equilibrar!

5 - Marina el 01/06/2007

Excelente la entrevista!!!!!!!!!!

6 - Cesaria el 05/06/2007

me quedo con esta frase Usted dice que nosotros somos los antiguos dueños de la Tierra; le voy a pedir que no lo diga más, porque las comunidades indígenas no aceptamos que la Tierra tenga dueño
una belleza de articulo

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