Si se ha ganado en información y conocimiento en casi todas las áreas gracias a Internet, hay dos aspectos que van en dirección contraria: la gramática y la ortografía.
Parece que los que no tienen en cuenta la corrección de la palabra escrita, se convencen a sí mismos de que no tiene importancia. Aglutinan a otros que piensan lo mismo y dejan a un lado la importancia del mensaje bien transmitido.
Desde la suposición de que de todos modos se entiende lo que se quiere decir, les da lo mismo escribir una palabra con c o con s, y no se toman el trabajo de corregir el error aun cuando son advertidos.
Lo que ocurre sin que nadie se atreva a explicitarlo es que el texto es automáticamente relegado a una clasificación de lectura menor, sin que el mensaje prospere más allá de un subgrupo de lectores de quienes se puede sospechar que no han entendido el texto. En todo caso, un destino poco feliz.
Mientras, como no todos podemos ser expertos en este arte que es la escritura, hay un tipo de profesional que corrige. El corrector, corrector literario, corrector gramatical, corrector ortográfico o corrector de textos, no sólo debe saber de ortografía y gramática, sino que también se ve en el caso de intervenir cuando el concepto no está claro. También sabe a qué público está dirigido el texto, en qué medio será publicado y actúa en consecuencia.
En algunos casos, como poesías o cuentos, es importante la maquetación, conocimientos gráficos e incluso del programa en el que será editado el material, por ser la especialidad parte importante de la propuesta textual.
La revisión del texto, entonces, contempla aspectos que en muchos casos no son tenidos en cuenta.
De manera que reducir el cuidado de un texto a la corrección ortográfica es una simplificación que no tiene en cuenta el aspecto gramatical específico, la sintaxis, el léxico, como tampoco la ortotipografía.
Si bien el manejo adecuado de la lengua en su aspecto normativo es lo más habitual en la corrección, el cuidado de la carga de sentido de un escrito es también importante.
La discusión respecto de la corrección de estilo es antigua en el oficio, pues es poco probable que el corrector se dedique a corregir el estilo, ya que éste es una cualidad personal del escritor, y casi su única e inherente intervención en la producción del texto.
Lo que sí es competencia del corrector es la semántica, las posibles ambigüedades. El desconocimiento del español provoca en muchos casos malentendidos por el sentido equivocado que el autor le da a una frase, e incluso un equívoco de proporciones importantes.
La ortotipografía es el conjunto de reglas de estética y escritura tipográfica que se aplican a la presentación de los elementos gráficos, como las referencias, bibliografías, notas de pie de página, citas bibliográficas o autorales, guiones de obras teatrales, televisivas o cinematográficas. A efectos prácticos, es una suerte de ortografía tipográfica que indica cuándo usar una letra cursiva, una negra o una versalita.
Este trabajo no es fácil. Quien corrige un texto debe saber y tener en cuenta, como se indica, muchos aspectos que requieren experiencia y eficiencia.