(Autor: Matt Richtel, New York Times)
¿Un personaje posee un amante lejano? Nada mejor que usar mensajes de texto. Y si otro se perdió en el bosque, el desierto o el Mar Jónico, nada mejor que usar GPS. ¿No termina nunca de encontrar a alguien? ¡Pues que use el Facebook!
La tecnología hace hoy obsoletos algunos dispositivos usuales en la trama narrativa clásica: desencuentros, pérdidas de comunicación, la imposibilidad de localizar a alguien. Tales trucos no pasan la prueba de autenticidad cuando ya hasta los más remotos destinos tienen cobertura inalámbrica. (Hola… Habla Ulises, ¿me pueden ayudar indicándome el camino a Itaca? Preferiría un camino libre de “sirenas”…)
¿Tiene importancia perderse, tanto sea en el Bosque de Sherwood como en las Puertas del infierno si uno está conectado en forma intermitente con el exterior?
Claro que tiene importancia, y mucha, parte de ella es mía personal: acabo de finalizar mi segunda novela de suspenso, bah… es lo que yo pensaba… Es que se lo mandé a varios amigos escritores para que opinaran. Y me contestaron que el protagonista y su pareja no pueden pasarse todo el libro sin ponerse en contacto unos a otros, no al menos en la era actual, la del teléfono celular.
Al extender mis preguntas a colegas escritores, descubrí un gran rechazo a todos los dispositivos actuales de comunicación.
"Anhelamos un mundo en donde haya distancia entre la gente, que es de donde proviene una gran narración", dijo Kamran Pasha, un escritor y productor de "Reyes", el drama de NBC basada en la historia de David. Él dice que incluso el desarrollo de la Biblia habría sido víctima de la conectividad. En el Antiguo Testamento, por ejemplo, los hermanos de José lo arrojan en una fosa. Es recogido por comerciantes de esclavos, y llevado a Egipto, un lugar central en el desarrollo narrativo del Éxodo que es fundamental para el judaísmo. Imagínense si, en cambio, José hubiera podido pedir ayuda telefónica al caer en la fosa. "Es gracioso pensar que si José tenía un iPhone, no hubiera existido el judaísmo", dice el Sr. Pasha.
¿Desaparece la posibilidad de crear tensión latente para cientos de páginas de en las que, por ejemplo, el protagonista se pregunta lo que ha sucedido a su amante? Rick Blaine se libraría de su duda de por qué la doliente Ilsa lo dejó plantado en la estación de tren en el film "Casablanca." (¿Por qué no se presenta? ¡Se suponía que teníamos que escapar juntos! Hmm, dejame comprobar mis mensajes. .. Bien, bien, ahora entiendo todo. Ahora vamos a ver si puedo encontrarla en Google Earth. ...)
¿Habría cambiado la suerte de Portnoy si su tía hubiera utilizado la Internet para pedir por correo electrónico el delivery del hígado? Cientos de malentendidos subyacentes en las comedias de Shakespeare podrían deshacerse con un mensaje de texto: ¿Me podés aclarar si sos un muchacho o una chica?
Las novelas policiales, por supuesto, desde hace mucho tiempo se ven beneficiadas por la tecnología, que ofrece nuevas herramientas para el descubrimiento. Pero la tecnología también ha perjudicado a este género literario. El “best-seller” Douglas Preston recuerda un momento vivido en la década de los noventa, cuando escribía con Lincoln Child. Tenían un personaje femenino al que acechaban en un callejón oscuro en la ciudad de Nueva York, y en el que aparentemente no hubiera podido de ninguna manera encontrar ayuda.
"Le dije, 'Lincoln, acordate que ella tiene un celular”. Él dijo: 'Bueno, quizás los lectores no lo noten ". Finalmente debieron trasladar la escena al subte, donde en aquel momento todavía no había recepción de señal para celulares. En un episodio de esta temporada del drama de televisión "Las Crónicas de Sarah Connor", sus guionistas quisieron impedir que dos personajes principales se comunicaran por su celular (uno de ellos fue uno de mis amigos escritores que me criticara por el tema de la comunicación por celular). Así que inventaron el truco de que les volaron la torre móvil de emisión de los celulares.
Algunos escritores rechazan la modernidad. MJ Rose, cuyos libros sobre la reencarnación son la base para un proyecto piloto en la red Fox, tiene previsto su próximo libro para ser ubicado en 1948, en parte, porque va a poder demorar la trama y el suspenso al no existir una comunicación tan fluida como hoy.
"Si no llegaba un tren a destino en 1888 (o incluso en 1988), quien allí viajara, no hubiera tenido manera de comunicarse con la persona que espera en la estación en el otro extremo", dijo. "Quién esperara, pensaría que tal vez el viajero había cambiado de opinión, o sido capturado, o no pudo escapar. Si pasa en 2009, el personaje sacaría su celular e informaría a quien lo espera que el tren lleva dos horas de retraso ".