La siguiente reflexión, de suyo llamativa, bien trabajada e incitadora, la encontré en el blog de Maximiliano Tomas - Tomashotel -. Aquí traigo algunos apartes de su nota, la nota completa se encuentra en el link que señalé anteriormente.
Un pueblo sin cultura es un pueblo hundido, y como en las sociedades contemporáneas el pueblo es la base de la soberanía, un pueblo educado es la única vía para sostener el sistema político en su conjunto.
No sé en qué exacto y pérfido momento se optó por la desasociación histórica y más que pertinente entre educación y cultura. Un aparato educativo sin contenidos culturales es objeto de manipulaciones tecnocráticas, cuyos resultados desastrosos han quedado en evidencia en los últimos quince años. Por otro lado, una esfera cultural sin objetivos pedagógicos sólo puede pensarse a sí misma como el espectáculo vil e infamante al que pareciera que nos hemos ido acostumbrando.
1. Educación y cultura forman parte del mismo ministerio, comparten los mismos objetivos y son las mismas instituciones las que constituyen sus esferas de actuación: escuelas, museos, bibliotecas, teatros, cinematecas, clubes. Educación y cultura deben marchar juntas de la mano, transitando el camino de la imaginación.
2. Por supuesto, se trata de garantizar la inscripción de la ciudadanía en un proyecto cultural de excelencia y, al mismo tiempo, democrático. Hay que recuperar, para el ámbito de la educación y la cultura, la meritocracia, mediante sistemas de becas y premiaciones para quienes en la materia se destaquen...No se entiende por qué las actividades relacionadas con el arte y la cultura no habrían de tener un esquema de promoción y patrocinio (juegos florales, competencias de declamación, concursos de manchas…).
3. Lo primero es sacar a educación y cultura del penoso sistema de clientelismo político que no hace sino hundir más lo ya hundido. Las instituciones culturales y educativas (escuelas, teatros, museos, bibliotecas, etc…) deberían estar bajo la dirección de especialistas designadas por concursos públicos de antecedentes y oposición (como las leyes lo prevén) durante períodos que, necesariamente, sean distintos de los ciclos del calendario político (cinco años alcanza para medir la eficacia de un proyecto). Entiendo por “oposición” la presentación de un proyecto de gestión, evaluable periódicamente por jurados competentes.
4. Al mismo tiempo que integren a la ciudadanía mediante estrategias de distribución democrática de la modernización, las acciones educativas y culturales de un país como la Argentina deben tender a reforzar los vínculos (también previstos por las leyes) con países que comparten su misma precarización. El Mercosur suponía una integración bilingüe en las escuelas, que sólo en Brasil llegó a desarrollarse. Hay que enseñar portugués en las escuelas secundarias argentinas y premiar a los mejores estudiantes con viajes de estudio y programas de intercambio a ese país.
5. La cultura lleva y trae: es un vehículo, un arca de Noé que no sólo preserva sino que transforma. En momentos críticos, muchas naciones usaron herramientas culturales como estrategia de reconstrucción de un lazo herido. Pienso en el teatro en los Estados Unidos después de la crisis de 1929 o en la España republicana, que confió a Federico García Lorca uno de sus más hermosos proyectos culturales, La barraca... Hay que devolverle el teatro al pueblo.
6. Lo que ya ha desaparecido es irrecuparable salvo como memoria. Pero a partir de lo que ya no existe también se puede construir. En Francia, el IMEC instaló los fondos de manuscritos que atesora en una abadía totalmente destruida durante la segunda guerra mundial, en las afueras de un pueblo en la costa normanda. Poco a poco, lo que era un páramo desolado y un mero monumento a la barbarie fue poblándose de casas, habitantes, escuelas.