Hace unos días, la Fundación El Viaje de Odiseo lanzó la campaña "No uso bolsas Plásticas". No hace falta explicar demasiado el contenido, me parece que se explica sola.
Todos sabemos el poder contaminante de una bolsa plástica, no sólo por su larga vida y lenta descomposición sino también porque se hacen de polietileno que es un derivado del petróleo. El petróleo es un combustible fósil y como tal su combustión aporta al calentamiento global. Las bolsas también tapan los desagües (junto con tanta otra basura que a algunos ciudadanos se les cae de la manos) y luego cuando se inunda la ciudad todos nos agarramos la cabeza. La bolsa plástica contamina y mucho, no hay duda de ello.
Por lo tanto una campaña que nos lleve a tomar conciencia al respecto, que rescate el valor de la bolsa de los mandados, que reivindique el changuito y lo ponga de moda, es más que bienvenida. Es menester reducir drásticamente el circulante de bolsas plásticas, es necesario tomar conciencia respecto a su efecto nocivo con el medio ambiente y es urgente entender que debemos cuidar y amar al medio ambiente ya que de ello depende la supervivencia de la especie humana y la belleza del planeta.
Ahora bien, hasta aquí todo bárbaro. Pero me permito jugar el papel de abogado del diablo y proyectar la campaña un poco más lejos. Supongamos que todos dejamos de usar bolsas plásticas, que reducimos el consumo al mínimo, que vamos a hacer la compra diaria con el changuito, que aprendemos a decir: "no gracias, no necesito bolsa" o "no gracias, traje la mia" y le sonreimos a la cajera y agregamos "hay que cuidar el medio ambiente". Supongamos que esto pasa, en un derroche de ciudadanía y participación pública.
Aquí yo me pregunto, qué pasará con las fábricas de bolsas de plástico? Qué pasará con la cadena de proveedores que alimentan esas fábricas? Qué pasará con los trabajadores que ocupan todos estos puestos de trabajo? Qué pasará con las familias cuyo ingreso depende de la producción de bolsas plásticas? El desempleo no puede ser de ningún modo una consecuencia no deseada de una campaña medio ambiental, jamás. Porque si así fuera no se sabe qué es peor, el remedio o la enfermedad.
No se trata de dar una visión apocalíptica de la camapaña que contiene las mejores intenciones y mucho menos boicotearla. Sólo intento inviatarnos a reflexionar al respecto, a proyectar este tipo de campañas más allá y pensar de qué modo pueden ser sostenibles.
El concepto de desarrollo sostenible aparece en 1987 en el Informe Brundtland y asumió su definición en 1992 en el Principio 3.º de la Declaración de Río. Allí quedó definido como "Satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades".
No voy a negar que el concepto sostenible está de moda y que a veces, como otros términos "de moda", se lo repite sin llegar a comprender cabalmente su implicancia. Pero justamente la sostenibilidad nos invita a pensar más allá, a ampliar nuestro mapa de actores, a diseñar nuevos caminos de pensamiento y a formularnos nuevas preguntas, siempre a favor de la humanidad y del planeta.
Por supuesto, usemos la menor cantidad de bolsas plásticas posibles, pero al mimso tiempo no dejemos de preguntarnos cómo hacer sostenible esta y otras campañas.