Aunque siempre hemos tenido la característica, (que forma parte de la idiosincrasia venezolana) de estar completamente aislados del resto mundo culturalmente, resulta sorprendente que mientras más nos adentramos al futuro, resulta más desastroso para nuestra literatura. Tenemos que tener en cuenta que no pasa solo en Venezuela, pero nuestra peculiar situación, que resulta hasta graciosa, nos hace especiales. Recordemos que no es nada bueno ser el peor caso especial, así que no hay nada de que sentirse orgullosos.
Nuestra crítica literaria está en agonía. Poco a poco hemos llegado a esta situación. Pero ¿Qué es un crítico literario? ¿Qué es lo que hace y cual es su deber? Es una buena interrogante: muy sencilla, específica y tiene una respuesta. Las complicaciones comienzan en la práctica. Según Rafael Rattia tenemos la siguiente definición:
“La versión que circula en el ambiente literario alude al crítico venezolano como a un individuo con un cierto aire profesoral o académico refugiado entre revistas especializadas o libros recién salidos del mercado editorial y que por fortuna o desgracia caen en manos de esa extraña y paralela figura denominada por los lectores con el nombre de *crítico literario*”.
En mi opinión un crítico literario actual no es más que un escritor frustrado. Y esto va solo para los venezolanos, de quienes hablamos hoy. Es mucho más fácil destruir que construir y hemos logrado todo lo contrario de lo que nos hemos propuesto. Es decir, despertemos a Rufino Blanco Fombona de su sueño eterno y veamos que piensa.
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El nuevo cojo Ilustrado