¿Cómo hace una activista comprometida con el medioambiente cuando debe ser madrina del casamiento de su mejor amiga que vive del otro lado del planeta y no quiere que su impacto medioambiental durante el viaje sea negativo?
Bárbara Haddrill tiene 28 años y desde hace seis vive en forma responsable consumiendo solo lo que necesita, prefiriendo productos producidos en su pueblo y ahorrando energía.
Bárbara trabaja como operadora de tren y experta en biología en el Centro de Energía Alternativa (CAT) en Gales y los viajes en avión no son compatibles con su forma de vida.
"Las emisiones de dióxido de carbono provenientes del transporte aéreo tienen mucho que ver con el cambio climático. Fue un verdadero desafío organizar este viaje pero definitivamente me siento recompensada al saber que mi traslado no tuvo un impacto nocivo sobre el planeta", afirma.
Bárbara viajó en el Tren Trans Siberiano que atraviesa casi seis mil kilómetros de paisajes increíbles. "Claro que podría haber tomado un jumbo que me dejaba en destino en solo veintidós horas, pero me hubiese perdido toda esta aventura!, dijo Bárbara.
Trenes, colectivos y barcos tienen menor impacto medioambiental que las aeronaves. Un viaje entre el Reino Unido y Australia en avión requiere la misma cantidad de energía que la que se necesitaría para calentar cinco casas modernas durante un año entero o la que se podría utilizar para producir y transportar alimentos para cinco personas durante un año (5.2 toneladas).
De la misma manera, el viaje de regreso puede emitir más cantidad de dióxido de carbono que lo que emitiría manejando un auto a lo largo de un año. Cuando los gases que contribuyen al efecto invernadero son emitidos a grandes alturas resultan dos veces y media más nocivos que si hubiesen sido emitidos al nivel del mar.
Recientemente se solicitó en el Reino Unido que se aumenten los impuestos para las líneas aéreas debido a que las emisiones de dióxido de carbono han aumentado se han duplicado desde 1990.
Publicado en Noticias Positivas